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domingo, 25 de enero de 2026

Qué hacer: ¿Nos quedamos pasmados o fluimos con la vida?

 

               Mujer con espejito. Escultura de Fernando Botero en Plaza Botero, en Medellín, Colombia.

PASMADOS

Hugo Betancur


No actuamos con sensatez cuando nos quedamos pasmados mientras la vida sucede ante nosotros. Debemos avanzar y progresar asimilando las situaciones imprevisibles en que participamos.

El transeúnte que camina afuera y ve que la lluvia se desata tempestuosa sobre él debe correr a buscar refugio.

El espectador que observa un paisaje tras un largo invierno y de pronto se da cuenta que la montaña enfrente de él se derrumba debe alejarse para no ser sepultado por la tierra.

Quien ve que en el lugar donde se halla se prende un incendio creciente que lo amenaza debe también alejarse. (Lo mismo debe hacer quien observa de cerca a un loco furioso en la calle agrediendo con un garrote a los presentes).

Quien se queda pasmado sin reaccionar resolutivamente ante las circunstancias, va a sufrir por lo que está experimentando, y debe liberarse para recuperar su equilibrio y su centro. 

Un buen observador que analice detalladamente nuestros comportamientos claudicantes ante los incidentes que afrontamos (y ante eventos psicológicos de mayor gravedad que nos conmocionan) nos aconsejará de inmediato: "¡Quítate de ahí! ¡Abandona ese escenario y ese rol que estás representando! ¡Recupera tu libre albedrío y tu calma!".

Somos certeros y lógicos cuando contemplamos nuestras relaciones y vivencias con mentes indulgentes que acatan las manifestaciones de la vida y las atraviesan con fortaleza y optimismo -todo lo que ocurre es incontenible y actuamos según nuestras opciones (lo que somos en cada secuencia realizable y lo que podemos o decidimos hacer).

La vida requiere nuestras acciones de restauración y de ajustamiento al presente. Cuando escapamos hacia la pasividad y la autocompasión somos atrapados por el pasado y la maraña de acontecimientos que reciclamos con su lastre de culpas, resentimiento, tristeza, arrepentimientos, nostalgia y sufrimiento –cuando nos sometemos a ese martirio desvaloramos los episodios alegres y gratamente memorables de nuestras biografías que son nuestros reales tesoros.

El sufrimiento es nuestro maestro provisional y no una flagelación* vitalicia que debamos auto infligirnos día a día imitando a los penitentes que durante varios siglos han practicado el azote con los flagrum** esperando que el Cielo les conceda el perdón de  sus pecados mundanos y la redención como premio.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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[*La autoflagelación psicológica podemos definirla como el sufrimiento que nos causamos nosotros mismos al interpretar como penosos e insuperables los sucesos de nuestras existencias y negarnos a transigir con su ocurrencia].

Invocando una condición conveniente de representación de sus exclusivos dioses, algunas corporaciones religiosas han otorgado a sus funcionarios la potestad de juzgar comportamientos y acciones de otros seres humanos para que puedan concederles un perdón si muestran contrición o asignarles unas penitencias que podrán redimirlos de las culpas y los castigos. Cuando estos funcionarios decretan la condenación de sus reos, estos son desterrados o inmolados para mostrar que tan poderosas son las doctrinas y jerarquías terrenales de sus ejecutores.

JIDDU KRISHNAMURTI CONTANDO CHISTES.

“Encontraron a un mendigo harapiento orando en la Capilla Sixtina, la capilla del Papa, decorada con frescos de Miguel Ángel y otros pintores. El Papa notó enseguida la presencia del mendigo y de inmediato manifestó su fastidio. «¿Quién es ese hombre que está ahí arrodillado? No lleva la ropa adecuada». El Papa ordenó al mendigo que abandonara de inmediato la Capilla Sixtina. El hombre tuvo que obedecer.

“El mendigo se sintió decepcionado por el rechazo del Papa, pues para él, que era muy devoto, aquello casi equivalía a haber sido excomulgado de la Iglesia Católica.

“Regresó a la sórdida habitación que ocupaba en un barrio bajo de Roma. Y en la soledad y el silencio de su cuarto se arrodilló para rezar. De repente, Dios se le apareció en persona. El pobre hombre no daba crédito a sus ojos al ver al Todopoderoso en todo Su esplendor. Dios se dirigió a él amorosamente y le preguntó:

«¿Cuál es tu problema?»

«Mi problema» le contestó, «es que me echaron del Vaticano».

«No te preocupes» le dijo Dios, «porque a mí tampoco me dejan entrar».

La palabra "religioso" proviene del latín religiōsus, derivada de religio (religión). Ha sido compuesta con el prefijo re (intensidad/reiteración), ligare (ligar, atar) y el sufijo -oso (abundancia), significando originalmente alguien escrupuloso, ligado a la divinidad o que mantiene un vínculo firme con alguna iglesia y con los dogmas que esta pregona.  

etimologias.dechile.net

[**Un flagelo o flagrum es un accesorio utilizado para azotar, compuesto de varias cuerdas anudadas y atadas a un mango de madera].

Un  flagrum (plural: flagra o flagella) es un instrumento de tortura romano, similar a un látigo o azote con múltiples tiras de cuero anudadas o atadas a un mango, usado para infligir castigo corporal severo y doloroso, a menudo con fines de disciplina o penitencia, y es el origen de palabras como “flagelación”. 

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