Escultura en el Museo Campo de concentración de Natzweiler-Struthof, en Alsacia, a 50 kilómetros de Estrasburgo, Francia. Instalada por los nazis e inaugurada en 1941, Struthof es la única estructura de este tipo en suelo francés. 52.000 prisioneros fueron obligados a trabajar en la cantera cerca del campo. 22.000 personas murieron aquí, a menudo de hambre y agotamiento. Pero algunos también murieron en una cámara de gas 'experimental', lo que convierte a este campo en un lugar esencial de memoria.
¿PAZ O VIOLENCIA? ¿ALIADOS O ADVERSARIOS?
Hugo Betancur
La vida es demasiado simple desde un estado de
entendimiento voluntario y sincero que hayamos emprendido. Si logramos
establecer en nuestra mente un propósito de comprensión e integración en la
relación con el conjunto que nos rodea, podemos expandir nuestra consciencia y
ver más allá de las apariencias.
En la intención de la paz, cada mente baja a buscar
las razones del corazón y cada corazón sube a buscar las razones de la mente.
Se encuentran en un punto intermedio donde los dos expresan al unísono su
sabiduría.
En la intención del conflicto y la violencia, las
mentes están tan distanciadas del espacio del corazón que siguen procesos
dementes de ataque y separación que se convierten en su yugo: el adversario que
vence no deja de ser adversario y el adversario vencido aumenta su
resentimiento y su hostilidad, lo que propicia una venganza o una retaliación
-que acometerá después para arrogarse la victoria no alcanzada.
Somos espectadores y actores en ese campo de
observación y de acción en que experimentamos nuestros procesos de existencia.
Todos nuestros actos tienen consecuencias para nosotros y para los demás. En
ese escenario llamado vida realizamos nuestros aprendizajes –que pueden ser
solidarios y constructivos, o que pueden ser egoístas y disociadores, según las
elecciones que hagamos.
Los conflictos son frecuentes, caprichosos y muy
funcionales entre adversarios: sus egos parecen refocilarse morbosamente en la
repetición y mantenimiento de las rutinas de irritabilidad, reproches, culpas,
acusaciones, ataques y defensas.
Quien construye una fortaleza para lo que denomina
su seguridad y su protección, se refugia y se aísla tras sus gruesas murallas,
dispuesto a esgrimir o activar sus armas cuando su identificado o presunto
enemigo se acerca o realiza movimientos perturbadores. La fortaleza que ha
construido lo condena a la inmovilidad y al receloso retiro.
Todas estas estrategias y tácticas del ego son
agotadoras.
Las relaciones emprendidas desde esa dimensión del
ego infantil que debe ser servido o del ego adulto ambicioso que debe ser
satisfecho y obedecido, se convierten en una competencia donde ofrecemos a
otros la posibilidad de aceptación y complacencia sólo si se someten a nuestros
requisitos y demandas.
Alguien se subyuga o se sacrifica para que otro u
otros predominen o establezcan su territorialidad.
Esto ocurre con frecuencia en las relaciones
familiares enfermizas y dictatoriales o autoritarias; ocurre en las
instituciones donde los dirigentes o mandos operativos establecen sus dominios;
ocurre en las relaciones especiales entre dos que se autonombran como pareja
–allí cada uno asigna al otro unos papeles y comportamientos que debe cumplir
perentoriamente, mientras los dos interactúan en intercambios retributivos y
exigentes, donde lo negativo atrae una reacción rabiosa y hostil inmediata o
una deuda por cobrar en el tiempo futuro, y donde lo positivo es recompensado o
valorado calladamente como obligatorio.
(La institución matrimonial y las relaciones de los
políticos han sido destacadas como las asociaciones representativas de la
mentira y de la farsa por las condiciones forzosas exigidas como clausulas
inobjetables de un contrato, que unos deben cumplir ceñidos a la letra y que
los otros transgreden a su antojo, provecho y ventaja.)
Donde las relaciones están impregnadas por estos
egos avasalladores, la supuesta armonía instituida es una mentira que conlleva
a rituales de convivencia y asociación muy rígidos y separadores, aunque los
protagonistas invoquen sus más elaborados argumentos de éxito y quimérico amor:
falta allí la alegría relajada y confiada, falta la risa que se despliega por
sí misma, sin reservas, (fluida y natural como una pequeña mascota que expresa
su emoción en saltos ágiles e incontenibles) faltan las voces cordiales que
hablan amistosamente, sin tensión en las líneas del rostro.
Sólo donde dos o más se hacen uno, la paz del ser se instala
afablemente; una cálida confianza invita a los presentes a valorarse como
aliados regocijados -allí los ataques y las defensas son innecesarios; allí
sobran las estrategias y los pactos de conveniencia.
Todo lo que sea diferente es la paz del mundo: los
adversarios que viven sus vidas guarecidos, astutos, calculadores, lo que a la
larga los lleva a la desesperación, a la frustración y a los conflictos
resentidos que alimentan sus fobias y su infelicidad –estos adversarios son los
conformadores de las guerras sucesivas que provocan la proliferación de héroes
anónimos aniquilados* y de supervivientes traumatizados o lisiados.
EPILOGO:
"Si no hemos logrado un
entendimiento de los conflictos atravesados que nos permita un estado de paz y
comprensión en nuestras mentes, entonces nuestras relaciones presentes son una
expresión constante de las mismas viejas pugnas no resueltas."
Hugo Betancur (Colombia)
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*Nota
ilustrativa para reflexión en:
https://es.wikipedia.org/wiki/Cementerio_Nacional_de_Arlington
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Otras
ideas de vida en:
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