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domingo, 24 de mayo de 2026

Tramas y actuaciones forzantes.

 “Anciano afligido”, (En la puerta de la eternidad), es una pintura al óleo   de Vincent van Gogh,     realizada en 1890 en Saint-Rémy de Provence.


Hugo Betancur

 

Las circunstancias son el escenario donde realizamos los actos de nuestras existencias: es la convergencia de situaciones que ocurren en algún momento del tiempo, en algún lugar o espacio, con la presencia de seres vivos actuando sus roles.

 

Consideramos que lo que sucede está supeditado a las condiciones de los actores y a las condiciones del ambiente, por lo que leemos reiteradamente la frase “todos los seres vivos están atados a sus circunstancias”.

 

Cada personaje se representa a sí mismo según su idiosincrasia: el temperamento y carácter propio sumado a las tendencias o desmesura de su ego y a los contenidos de su mente -podemos decir que ningún ser humano puede ser distinto a si mismo porque genética, biológica y físicamente es un individuo moldeado y estructurado según las posibilidades de la naturaleza y de sus procreadores.

 

Tal vez los seres humanos logremos cambiar los contenidos de nuestras mentes -creencias, comportamientos psicosociales, procesos cognitivos como percepción, atención y comprensión- si establecemos propósitos de hacernos conscientes de nuestras limitaciones y decidimos resolver nuestra insolvencia en las relaciones, el resultado que obtenemos es una comunicación armoniosa y solidaria  con otros y la solución inteligente de nuestros conflictos.

 

Cuando nuestras mentes aprenden también desaprenden al unísono -reemplazamos la ignorancia y las ideas erróneas por conocimientos afines a la realidad y a nuestras intenciones de progreso y tranquilidad.

 

Cuando aprendemos a ejercer la empatía liberamos progresivamente nuestros hábitos de confrontación y de hostilidad.

 

En contraste con lo expuesto arriba, otros personajes distintos que no manifiestan empatía ni amor por los demás arman sus tramas y protagonizan sus actuaciones forzantes con el propósito de vencer o engañar a sus presas y alcanzar sus metas.

  

El equilibrio en las relaciones humana se rompe cuando una de las partes ejerce autoritarismo y opresión contra otros. Quien impera se considera amo y señor y asume que los demás son sus súbditos. Ocurre en los ejércitos, en los gobiernos, en las religiones institucionalizadas, en las empresas. El mando es ejercido desde el vértice o cúspide de la pirámide donde simbólicamente se ubica el autócrata de turno.

 

A lo largo de la historia han existido estos tiranos con sus egos gigantescos y sus mentes de pigmeos, plagando y depredando las sociedades humanas y las naciones, decretando las guerras, la rapiña, los homicidios, sacrificando generaciones enteras que son inmoladas en nombre de sus conquistas y su megalomanía.

 

Hugo Betancur (Colombia).

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domingo, 17 de mayo de 2026

Ahora te quiero mucho, pero después tal vez no te quiera.

 
                                                                        Bansky-Ámsterdam, Holanda Septentrional.

“Te quiero mucho”; “ya no te quiero”.

 

Hugo Betancur

 

El entramado en las relaciones humanas empieza con un acercamiento que hacemos a otro u otros con algún propósito circunstancial, que ellos pueden atender propiciando que la trama vaya ocurriendo en los escenarios y que la urdimbre prospere en el tiempo, o que ellos pueden desatender frustrando nuestros planes.

 

Interpreto la existencia de cada uno como la experimentación progresiva de relaciones, de tareas por hacer, de dificultades, de conflictos y crisis por resolver.

  

Nuestras existencias suceden sometidas a contrastes y altibajos que son imprevisibles y que vamos avizorando y afrontando a medida que avanzamos. Los paisajes que divisamos son cambiantes -aparece un sol abrazador en el cielo y después una lluvia copiosa; al calor y resequedad del verano lo sigue un invierno lluvioso y frio que impregna de humedad los entornos naturales y las cosas.

 

Asumo que el destino de cada uno tiene tres condiciones: obligatorio, inevitable e intransferible; y que la vida tiene dos preceptos perentorios: la impermanencia y la incertidumbre. Considero que ese destino, el particular y el colectivo, tiene requisitos y acciones por cumplir que se van manifestando según corresponda para que nuestras historias pasen.

 

Todos los hechos y relaciones tienen su justo momento y pertinencia; aunque interpretemos los eventos como desventajosos y caóticos para nosotros, nos es imposible deshacerlos y recomponerlos según nuestra conveniencia y esperanzas.

 

Asumimos nuestras vivencias con el cúmulo de acciones cumplidas o incumplidas, con los cambios y aprendizajes realizados o postergados, con los inventarios de bienes y desastres que hacemos desmenuzando en nuestras mentes los episodios del pasado.

 

Psicológicamente enfocamos nuestra atención en otros seres humanos que nos parecen atractivos físicamente y nos guiamos por nuestros sentidos para imaginar una relación de pareja promisoria y placentera que podamos establecer con ellos -talvez ansiamos acceder a un acompañamiento que nos falta; quizá pretendamos conformar un nexo afectivo que ahuyente nuestra soledad o nuestra marginación, o fantaseamos asociarnos con alguien que nos reconozca y nos valide (porque nos consideramos incompletos y conjeturamos que otro u otros deberán complementarnos).

 

Proponemos en ese preludio del encuentro alguna de dos alternativas posibles: un vínculo afectivo con premisas de empatía reflexiva y bien intencionadas que los relacionados podamos experimentar sin ataduras; o nos ubicamos en un extremo hostil desde donde desplegamos engañosas tácticas de manipulación adulando a la otra parte o asediándola -con las palabras tratamos de envolverla con nuestra charla intencionada (como los pescadores de rio, lanzamos la atarraya para encerrar a nuestra presa y atraparla, o como  los entomólogos rodeamos a las mariposas con las bolsas livianas de malla fina para cazarlas y hacernos dueños de sus coloridos y leves cuerpos). Sin embargo, si ese otro u otra a quien abordamos logra observarnos con plena atención, podría descubrir la disonancia que hay entre nuestras palabras y nuestros gestos y ademanes no verbales -la incongruencia entre la voz que dice y las acciones       y pantomimas que contradicen.

 

Probablemente hayamos vivido situaciones alargadas en el tiempo en que otros seres humanos hayan sido  sujetos dueños de sí a quienes nos acercamos con expectativas  sanas y libres -tal vez hayamos pretendido instituir algún vínculo amistoso, o una comunicación enlazada con nuestras aficiones o nuestras pesquisas intelectuales, o quizá solo queríamos dialogar sobre nuestros oficios y acciones del momento; o por contraste, tal vez nuestro propósito truculento haya estado enfocado en armar algún nexo de emparejamiento obsesivo y gradual donde los deseos y las ideas de romance definían al otro como un objeto de conquista y apropiación.

  

Nuestra condición humana está determinando continuamente nuestros intereses y perspectivas o nuestros planes -lo que somos, las circunstancias de nuestras mentes, motivan lo que hacemos, por lo que deducimos que nuestros actos no son accidentales ni espontáneos sino guiados por nuestros propósitos y nuestra idiosincrasia.

 

Nuestros planes de relacionarnos con otros sinceramente, honradamente, requieren que seamos francos expresando nuestras intenciones y expectativas hacia ellos y que acatemos como esencial la libertad de elección y de acción de cada uno.

 

Toda relación que iniciamos con tretas o fingimiento está contaminada por nuestros egos y sus ambiciones y esos “te quiero” que empezamos a manifestar reiteradamente solo significan “me siento complacido y retribuido por lo que me das a cambio de mis representaciones amañadas” -esas relaciones cordiales y generosas que fingimos son solo una trampa que tendemos y que va haciéndose una trama tormentosa de conflictos y des-engaños.

 

La disolución de esos dramas en que la frase repetida “te quiero mucho” era desvirtuada por los hechos reales de quien la enunciaba nos lleva a los limites psicológicos en que la liberación propia se hace imperativa. Alguno de los protagonista de esas historias de desamor -o los dos- deberá declarar “ya no te quiero”, para cerrar el ciclo de esa fallida vinculación -como en las telenovelas o en las temporadas seriales de las pantallas planas, la separación y las crisis son la culminación del argumento escenificado por los actores (los emotivos y ruidosos “te quiero mucho” son reemplazados por la frase tristona o resignada o claudicante “ya no te quiero” en que la cantidad afectiva declamada es sustituida por la  precariedad, la carencia y la insuficiencia.

 

Las mentes oprimidas deberán por fin liberarse de su yugo y la ilusión será deshecha cuando los desastres experimentados revelen su entramado.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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domingo, 3 de mayo de 2026

Lo que los cuerpos ofrecen.

 

                                                                    El hombre de Vitruvio. Dibujo por Leonardo da Vinci.                                                          https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_de_Vitruvio#/media/Archivo:Vitruvian_Man_by_Leonardo_da_Vinci.jpg

LO QUE LOS CUERPOS OFRECEN (los usos del cuerpo humano).

 

Hugo Betancur


El cuerpo físico y el personaje que lo anima son la representación individual que cada uno asume como un “yo” -enunciando a los demás “yo soy…”, “yo me llamo…”, agregando su nombre de pila a la frase.

El cuerpo humano es un organismo biológico que sigue evolucionando como los demás seres vivos -animales y plantas- a medida que el tiempo transcurre. Empieza a envejecer desde el nacimiento, atravesando etapas de maduración, plenitud y declinación. Es un organismo perecedero y deletéreo en sus funciones y en su constitución física que languidece y va caducando implacablemente.

Cada mente dispone los objetivos de vida que pretende alcanzar o cumplir y las tareas que el cuerpo deberá realizar utilizando sus sentidos y su capacidad de operatividad. Los cuerpos son instrumentos de acción y de relación con los demás y con los entornos.

Los deseos y las ambiciones que el cuerpo expresa provienen de la mente -también los temores de cada uno, su incertidumbre, su confusión.

¿Qué pueden ofrecer los cuerpos? Tal vez el placer que puedan brindar o propiciar, el servicio o la obediencia a otros -el sacrificio de ofrecerse a sus exigencias y a ser utilizados con propósitos determinados por quienes se los apropian privándoles de su libertad.

Los cuerpos pueden hacer asociaciones que les representen bienestar y satisfacción, o pueden convertirse en presas de los caprichos y planes de otros.

Pueden tener su gracia y su exuberancia natural o pueden ser sometidos a procedimientos estéticos artificiales que cambien sus formas y sus contornos para hacerlos deseables y exhibibles ostentando una belleza improvisada por los cirujanos plásticos y los materiales cosméticos.

A cambio de compromisos y prebendas, los cuerpos pueden ser ofrendados en los aposentos de sensualidad y complacencias, lo que constituye una transacción riesgosa para las partes, tal vez condicionada a la ganancia mutua y a la preservación del trato establecido.

Como personajes actuando los roles escogidos podemos canjear algunos usos de nuestros cuerpos vivos por la presencia y acciones de otros a quienes asignamos la tarea de menguar o suplir nuestra soledad, o nuestra baja autoestima, o nuestra insuficiencia, o nuestros sentimientos de infelicidad -esto seria mas o menos un trueque desigual de  la libre utilización que cada uno deberá hacer de su cuerpo por el aprovechamiento que esos otros decidan para su usufructo, lo que nos convertiría en sus sirvientes y subordinados.

Los cambios físicos que modifiquen la forma y la apariencia de los cuerpos no logran vencer su obsolescencia ni su transitoriedad.

Podemos hacer nuestros rituales de culto a la belleza de los cuerpos -a la simetría y turgencia de las formas y al erotismo que imaginamos contemplándolos-; sin embargo, ese encanto perturbador que percibimos es tan evanescente como el tiempo que lo añeja y lo va desvirtuando. Los reflectores iluminan a los ejemplares que desfilan por las pasarelas contoneándose, exhibiendo hechizadoramente sus figuras erguidas mientras representan su espectáculo en el tiempo previsto; cuando termina la función ellos se van y los espectadores del auditorio dejan vacías sus sillas.

Mientras cuidamos el bienestar de los cuerpos con actividades, dietas y hábitos provechosos, es probable que la más sabia aplicación e integración de conocimientos debamos hacerlos en las mentes, en procesos continuos de cambio, aprendizajes y empatía, que cada ser humano asuma consigo mismo y con las criaturas vivas con las que comparte su destino, en los escenarios comunes del ancho y prodigioso mundo.


Hugo Betancur (Colombia)

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viernes, 1 de mayo de 2026

Según nuestra mentalidad elaboramos nuestros pensamientos.

                                                                                                                 Zytglogge,en_BERNA-Zyt,tiempo,_y_Glogge,reloj

EL PENSAMIENTO:

elaboración subjetiva de nuestras mentes.

Hugo Betancur

 

El pensamiento es sólo una elaboración subjetiva de nuestras mentes con ideas e imágenes, propias o ajenas. Es una conformación que realizamos en el presente utilizando como recursos los contenidos de nuestra mente.

Esos contenidos son datos recogidos y procesados por cada personalidad a lo largo de su particular existencia y guardados según sus condiciones peculiares y según la trascendencia que han tenido para cada uno; provienen de eventos y relaciones en que participamos –vivencias de cada instante convertidas luego en experiencias y recuerdos- y que hemos incorporado a nuestra memoria e identidad.

A través de esas relaciones asumimos, adoptamos o establecemos unos sistemas de creencias que determinan nuestra perspectiva o panorama de la vida.

Estos sistemas pueden ser abiertos -reciben y aportan, por lo que pueden adaptarse al movimiento constante de la vida e integrarse a su ritmo progresivo-; o pueden ser cerrados –reciclan y repiten sus monótonos procedimientos sin mostrar disposición al cambio y al aprendizaje. Quienes adhieren a sistemas de creencias cerrados se comportan de manera excluyente y marginal y tienden a discriminar a otros que no parecen compatibles con ellos. Y pueden ser discriminados como contrapartida.

Cada ser humano tiene los sistemas de creencias que puede tener, algunos muy limitados y exiguos, ajenos y muy anticuados; otros muy amplios y ricos en opciones, apropiados y actuales.

Si nuestros sistemas de creencias no son armoniosos con los escenarios donde representamos nuestros dramas, y con los demás actores, nos sentiremos insatisfechos y confundidos.

Los sistemas de creencias que son compartidos por masas de seres humanos probablemente son derivados de grupos sociales o de manifestaciones culturales de influencia u origen común.

Nuestros pensamientos son ideas que elaboramos, relacionadas con atributos que aplicamos a algo o a alguien. Los movimientos de la vida y los movimientos de nuestros pensamientos son relaciones.

Habitualmente interpretamos pensamientos, ideas e imágenes como conceptos afines. Podemos definir los pensamientos como vagos o como concretos –estos últimos nos permiten conformar las ideas concisamente y comunicarlas sin ambigüedad.

Los procesos de pensamiento son subjetivos. El pensamiento y el pensador son uno. Algunos investigadores de la física cuántica concluyen que “la presencia del observador hace posible que lo observado aparezca en su mente”. Algo así como que, si el disco duro central o cerebro del computador no tiene grabados programas que puedan leer la información que viene de afuera, la maquina no está en capacidad de transcribir los códigos magnéticos a datos visibles, audibles o táctiles.

Objetivamente podemos considerar que el pensador y su pensamiento son divergentes o contradictorios si percibimos que el discurso de aquel no es coherente con sus acciones.

Escuchamos a veces mandatos insistentes dirigidos a seres humanos apabullados o deprimidos, o que son calificados por otros o por ellos mismos como ‘fracasados’ para pedirles que modifiquen el curso de sus vidas: “Piensa positivamente”, “Cambia tu manera de pensar”, “Deja tus pensamientos negativos”.

Algunos autores de libros de circulación millonaria enfocaron sus argumentos y narraciones en lo que denominaron “técnicas de pensamiento positivo”. Considero que la aplicabilidad de los resultados o prodigios de sus métodos está supeditada a la disposición de sus adeptos a desprenderse de los lastres de sus mentes y a emprender otras pesquisas que les lleven a opciones constructivas que no habían elegido antes. Los cambios que ellos logren en su entendimiento y en los sistemas de creencias subordinados o estancados e insuficientes que habían mantenido, son su liberación y los ponen en el umbral de unas relaciones cooperativas y mutualistas con los demás que impulsan su evolución.

Podremos darnos cuenta que no es posible cambiar nuestros pensamientos de negativos y gregarios a positivos y autónomos si no logramos cambiar nuestra mentalidad -la base de datos o información con que nos relacionamos con la vida.

 Agregando otros conocimientos a nuestras mentes podremos interactuar con el entorno y con los seres vivos más eficientemente, lo que no logramos con lo conocido –nuestro intelecto o racionalidad o nuestro archivo de memoria, rumiando los viejos saberes -lo que nos deja estancados, apagados, sin iniciativa.

 Mientras rendimos culto a la tradición y al pasado, podemos ver largos y sombríos períodos de retraso en nuestra historia humana porque grandes colectividades fueron mantenidas en la ignorancia y en la pobreza, conformes, lentas y controladas por élites que si accedieron a un entrenamiento de sus mentes en disciplinas y profesiones u oficios que les permitieron progresar y superar competitivamente a aquellos que rendían sus vidas bajo sus yugos.

Pensar positivamente, o con sabiduría, o con inteligencia –adaptación más aprendizaje más creatividad- requiere que hagamos cambios constantes en nuestras mentes y que fluyamos dinámicamente con los ritmos de la vida.

Si el pensador no cambia, los procesos de su mente siguen siendo monótonos, reiterados, alimentados por la misma base de datos que los hace imperativos y mecánicos. Tal como adaptarse a una sociedad que fluye en torno a las enfermedades nos hace vulnerables a enfermarnos, así mismo, conservar intactos los sistemas de creencias destructivos, disociadores y precarios nos predispone a mantener nuestras mentes en la confusión y en la distorsión y a fluir bajo una creatividad restringida y pobre aunque la vida ponga a nuestra disposición sus manifestaciones exuberantes  y de progreso natural, que desdeñamos por seguir nuestros guiones y procesos de acción habituales y lánguidos.

La indagación sobre lo externo y sobre nosotros mismos puede llevarnos a identificar actitudes, comportamientos y nexos inconvenientes que tenemos con lo que nos rodea y con los seres vivos. Podemos alcanzar una visión o consciencia propia que nos permita decidir propósitos de cambio y ejercer la voluntad en acciones de transformación.

Sin ese propósito constructivo y sin un estado de consciencia que libere nuestra energía, seguiremos siendo espectadores de lo que va pasando; ningún pensamiento positivo constante y renovador puede surgir de esas ruinas donde envejecemos y nos consumimos irremisiblemente.


Hugo Betancur (Colombia)

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