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viernes, 6 de marzo de 2026

Los cambios o las dilaciones que elegimos.

                                                                                                                                  Fotografía por Elízabeth Betancur

CAMBIAR O NO CAMBIAR,

ESE ES EL DILEMA.

Hugo Betancur

 

No podemos cambiar el curso del viento sin poner una sólida barrera que lo contenga y lo desvíe hacia donde queremos. No podemos evitar que la lluvia caiga, a su modo, con su ruido y su ritmo -solo podemos guarecernos o permitir que nos empape. No podemos apagar el sol, candente o tibio sobre nuestra piel. No podemos impedir, que la noche vaya sombreando las cosas hasta cubrirlas con su manto oscuro que solo la luz que ilumine puede descorrer. No podemos retornar al tiempo ido ni a los sucesos pasados que ya son solo retazos de historia, para intentar rehacerlos. No podemos deshacer nuestras actuaciones como virtuosos o decadentes personajes recitando nuestros monólogos y personificando nuestros dramas y tragedias -una vez terminada la función los actores se retiran y empieza a correr después un espectáculo distinto donde quizá tengamos un papel protagónico o secundario loable según la trama preparada.

Los cambios que podamos hacer solo son posibles para nosotros en el presente, si tenemos la opción de reparar o corregir nuestros errores en las acciones y relaciones, o si podemos cambiar el enfoque de nuestras mentes hacia la percepción correcta -el discernimiento de que todas las circunstancias tienen sus causas previas inmodificables y sus consecuencias posteriores que algunas veces no nos es posible enmendar para nuestro bienestar o el de otros. El futuro está siempre lejos, siempre inalcanzable, y los vivientes disponemos solo del presente para nuestras acciones y realizaciones.

Vuelan los pájaros sobre la vegetación y se van. A veces vuelven y pincelan el aire con sus plumajes que dan visos a la luz. Se posan en las ramas y cantan, silban, gorjean, trinan. No se quedan porque son aves de paso.

Surgen las flores de los tallos y sobre los cálices se explayan los pétalos con sus tonalidades de colores exuberantes que se marchitarán en unos días. Caen las hojas de los árboles y el viento cruza libremente entre sus ramas desnudas

Calienta el verano que luego será reemplazado por el invierno gris y frío en los países de dos estaciones.

Puede suceder que parejas optimistas y joviales dejen de serlo y se tornen disonantes y conflictivas, como adversarios que confrontan sus fuerzas; o puede suceder que seres humanos distintos emprendan relaciones de cordialidad y servicio mutuo que logren vencer los imperativos de sus egos.

Cambian nuestros cuerpos cuando envejecemos menguando su vigor y quizá nuestras mentes puedan cambiar también mejorando su entendimiento de lo que llamamos realidad y desligándose de las culpas y de las condenas por lo que fue.

El horizonte aparece por días amarillento y rojizo al atardecer, acogedor a nuestra vista, y otros días aparece plomizo y desolador

Lo de nosotros es pasar, cambiando según nuestras experiencias y aprendizajes y celebrando la vida si es nuestra ventura, o rehusando cambiar con nuestras mentes fijas en un fracaso imaginado o en un sufrimiento reverenciado si es nuestro infortunio.

Fluir y resolver son acciones apremiantes cuando las circunstancias nos doblegan; si las hacemos prontamente nos deshacemos de su lastre y nos desenganchamos de los conflictos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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TO BE OR NOT TO BE” -Ser o no ser-, es la primera línea de un monólogo de la obra Hamlet de William Shakespeare, en el acto tercero, escena primera. Esta frase la ejemplificamos como una manifestación momentánea de incertidumbre y confusión mental que alguien puede padecer afectado por acontecimientos imprevistos y trágicos de su existencia.

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domingo, 1 de marzo de 2026

La tristeza que debemos atravesar.

                          Van Gogh. Autorretrato. Museo Van Gogh de Amsterdam.                              

TRISTEZA, DEPRESION, AISLAMIENTO

Hugo Betancur


La tristeza es una emoción que manifestamos ante situaciones complejas de nuestras vidas que nos desconciertan y que alteran lo que consideramos normal.

La tristeza es un estado de ánimo, en ocasiones considerada también como un sentimiento. Es un estado de la mente que aflora incontenible y espontáneamente cuando nuestras expectativas no son satisfechas, cuando nuestras relaciones se agotan, cuando perdemos algo que considerábamos nuestro pero ha sido recuperado por sus dueños, cuando los seres queridos se van a otros lugares o al hogar de sus almas...

La tristeza es una reacción pasajera, temporal, que debemos liberar una vez identificamos qué la causó y cuál fue la interpretación que hicimos para asumirla.

La tristeza debe fluir como una emoción efímera y debe desvanecerse en nuestra perspectiva de observadores y en nuestro tiempo psicológico tal como desaparecen de nuestra vista los coloridos paisajes del mundo  que miramos al viajar.

Si persistimos en mantener la tristeza y le agregamos otros comportamientos como aislamiento, malestar, ideación de inutilidad o de culpa excesivas; pensamientos recurrentes de enojo, hostilidad y frustración, rumiación de pensamientos negativos, adopción de monólogos pesimistas silenciosos y revisión reiterativa de los eventos negativos que afrontamos -esa cascada de acciones nos puede llevar a conformar trastornos de ansiedad y depresión que requieren manejo médico.

La risa es una reacción de aceptación y de alegría, o simplemente de celebración por eventos graciosos o por relatos divertidos.  La felicidad en cambio, no es una percepción fluctuante ni esporádica sino un estado de nuestro ser en que la mente y el corazón perciben al unísono la vida y la asumen con actitudes gratas y plenitud optimista.

La felicidad no proviene de lo exterior –los seres vivos, las cosas, los eventos que ocurren y pasan- sino de la visión afable con que vemos los espectáculos del mundo como dramas desbordados, jocosos a veces y en ocasiones demasiado solemnes y sobreactuados y que los protagonistas representamos obligadamente siguiendo nuestros guiones, nuestros deseos, nuestras obsesiones, nuestras infantiles búsquedas de complementación y de halagos.

No perdemos aquello que no está destinado a permanecer con nosotros, simplemente coincidimos con los seres humanos o las cosas durante un lapso de tiempo, en relaciones cortas o largas que después quedarán desperdigadas en el pasado, y que volverán a nuestra memoria solo como imágenes imprecisas y evanescentes.

La vida siempre está a cargo, siempre estuvo a cargo, siempre estará a cargo, a pesar de nuestros apegos y nuestras infructuosas obsesiones de control.

La vida, intangible y perpetuamente presente, dispone los escenarios y las tramas, que en ocasiones empalman con las nuestras para nuestra complacencia. Sin embargo, las historias reales son esquivas a la felicidad -la tristeza y la incertidumbre aparecen en muchos capítulos, también la soledad y el desasosiego- y los sucesos van pasando, imprevisibles y puntuales, con nuestra aceptación o con nuestra resistencia.

Como transeúntes debemos acoplarnos a nuestros destinos que son nuestras brújulas   y debemos avanzar, prudentes, perseverantes y esperanzados.

De las circunstancias, de las relaciones y de nuestras acciones surgirán nuestras percepciones y las emociones de nuestros personajes.

Solo debemos volver nuestra atención hacia el pasado para rememorar y agradecer nuestros aprendizajes, los momentos de alegría y de celebraciones familiares y amistosas, las vivencias de bienestar físico y mental: todo eso traerá motivaciones optimistas y fortaleza a nuestras vidas y nos servirá como amuleto contra la tristeza y la desesperanza.

Hugo Betancur (Colombia)

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Formas mentales y castillos de arena.


FORMAS MENTALES Y CASTILLOS DE ARENA

 

Hugo Betancur

 

Las cimientos de los castillos de arena son endebles y fácilmente perecederos, tan inestables como las ilusiones que instituimos sobre lo que otros deben hacer para agradarnos y tan breves como las relaciones especiales que forjamos: el más leve oleaje los socava; los derrumba inexorablemente el viento que roza sus contornos y la lluvia ocasional que cae sobre la playa; son disgregados por el mar que salpica la tierra firme.

 

Los castillos de arena no son castillos habitables

 

Los castillos de arena son solo imitaciones, representaciones minúsculas de inmensas construcciones amuralladas levantadas para los poderosos gobernantes y señores feudales de una lejana  época medieval* ya vencida.

 

No fueron construidos con piedra y argamasa por decenas de peones que consumieron sus fuerzas y sus vidas elevándolos.

 

No tienen grandes estancias, ni corredores, ni pasadizos  secretos.

 

No son habitados por vanos monarcas con su corte de sirvientes y funcionarios categorizados según su utilidad y asignaciones.

 

Los castillos de arena son sólo copias de los imponentes castillos antiguos coronados por torres y almenas y resguardados tras enormes y gruesos portones y defensas que se mantienen en pie a pesar de la furia destructora de los elementos -porque fueron concebidos para durar sobre cimas y colinas y aunque los ocupantes de sus aposentos hayan sido arrastrados hacia la brumosa dimensión del pasado, prevalecen y nos recuerdan la fragilidad de los vulnerables soberanos prepotentes que se resguardaron y entronizaron allí.

 

Al paso del tiempo, de esos castillos de arena y de nuestros ideales solo queda una vaga imagen en nuestras mentes -la realidad que nos corresponde acaba por imponerse.

 

[Otras formas mentales mencionadas repetidamente en los escenarios culturales y políticos son imaginarias, solo alegorías y metáforas que aluden los ideales subjetivos de quienes las pregonan: los castillos en el aire y las torres de marfil -son los espacios psicológicos donde estos seres humanos tratan de eludir la realidad que los frustra mientras corre el calendario de sus existencias]. 

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*La Edad Media, Medioevo o Medievo fue el período de la historia de Europa (y especialmente de Europa occidental) que comenzó con la caída del Imperio romano de Occidente en el año 476 y finalizó con la caída del Imperio bizantino en 1453 o con el descubrimiento europeo de América en 1492.

Sus mil años de duración se caracterizaron por cierta fragmentación política y por el predominio de la Iglesia católica, que rigió la cultura, puso límites al desarrollo de la filosofía y de las ciencias y ejerció una estricta vigilancia y persecución religiosa. Por esta razón, esta etapa fue muchas veces caracterizada como una época de oscurantismo religioso o “Edad Oscura”, aunque hoy en día se sabe que produjo importantes innovaciones técnicas y permitió el surgimiento de relevantes estilos artísticos.

 

La Edad Media recibió su nombre por ser considerada una etapa intermedia entre la Edad Antigua y la Edad Moderna. Durante este período, la sociedad se organizó principalmente de acuerdo a un orden feudal, esencialmente rural o campesino. Sin embargo, también experimentó un resurgimiento de las ciudades a partir del siglo XI y el nacimiento de una nueva clase social: la burguesía.

 

La vida medieval estuvo lejos de ser estática y uniforme. Fue escenario de numerosos desplazamientos humanos, epidemias (como la peste negra), guerras y nuevas formas políticas, incluida la formación y expansión de imperios más allá de las fronteras de Europa occidental, como los imperios musulmanes o el Imperio bizantino. Esto originó conflictos y conquistas, como la invasión musulmana de la península ibérica, las Cruzadas y la Reconquista española.

 

Fuente: https://concepto.de/edad-media/

 

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