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domingo, 16 de agosto de 2026

Los usos del conocimiento


EL CONOCIMIENTO REDENTOR

 Hugo Betancur

 

El conocimiento humano ha sido fundamental en la identificación e instauración de patrones de comportamiento psicológico: los procesos mentales de atención, percepción y aprendizaje; la expresión de afectos, emociones, sentimientos y conductas; la representación de cada personalidad asumida o establecida como distintiva e individual -acostumbramos a decir “yo soy…”, “él es…”, "ella es…”.

También el conocimiento ha sido fundamental para resolver los conflictos y las crisis cuando los seres humanos que los afrontamos mostramos una disposición conciliadora. El conocimiento ajustado a la realidad favorece las transiciones oportunas y permite la disipación de las tormentas psicológicas.

Gramaticalmente, la palabra conocimiento es sinónimo de saber: asociamos estos dos términos con nuestro entendimiento y comprensión sobre aspectos de la vida y de los seres vivos

Decimos que alguien es sabio cuando logra describir o interpretar la esencia y veracidad de las actuaciones humanas y de los eventos de la naturaleza.

Decimos que alguien es ignorante o malintencionado cuando sus enfoques y conceptos carecen de veracidad o cuando discute con arrogancia sobre asuntos que desconoce.

Debemos manifestar el conocimiento verídico como una idea o elaboración de la mente que aflora cuando examinamos los acontecimientos con ecuanimidad.

Mientras más constante sea la observación sobre lo exterior y sobre las creencias albergadas en la mente, mayor será la expansión del conocimiento y de la consciencia.

Una actitud mental de resistencia a los cambios y de rechazo a los eventos que suceden nos lleva a los conflictos, a las pugnas, al sufrimiento: nos quedamos pasmados procesando muy lentamente los sucesos en nuestras mentes mientras la vida progresa.

Así como los fenómenos físicos evidencian los movimientos de cambio en la naturaleza, las transiciones que hacemos evidencian los procesos psicológicos que logramos resolver -porque experimentamos un estado de tranquilidad- o los que no desenredamos -porque siguen reverberando como ondas mentales inquietantes.

Los conflictos surgen de circunstancias propiciadas por los participantes; para resolverlos, ellos deben hacer cambios en sus acciones.

Los personajes empeñados en imponer sus creencias y autoridad sobre los demás están convencidos de que son más importantes e inteligentes y se tornan tiránicos y agresivos contra ellos. No confrontan sus ideas distintas para convenir  acuerdos sino para medir su poder y talvez su fuerza. Su interés no está orientado hacia un conocimiento que sirva de puente sino hacia presunciones amañadas para doblegar a otros.

Cuando las actitudes psicológicas son antagónicas, los egos se tornan desenfrenados y hostiles -alguien debe vencer y alguien debe ser vencido; no prevalecen las categorías de veracidad y  racionalidad sino las posiciones de poder y avasallamiento.

Las ideas egocéntricas nos impiden alcanzar una visión coherente de la realidad.  Quienes asumen un conjunto de creencias como sus verdades   incuestionables no logran reconocerlas como sus interpretaciones particulares, inestables y ambiguas, que distorsionan y  confunden su interpretación de la realidad.

Donde los egos imperan con sus mandatos y su maquinación, el conocimiento justo y evidente es relegado y  los conflictos no son resueltos -quedan latentes, represados temporalmente como el agua de un rio caudaloso que la montaña derrumbada impide avanzar.

En muchas ocasiones, nuestro tiempo psicológico no coincide con el tiempo de los relojes y los calendarios y nos quedamos rezagados en nuestras protestas y lamentaciones pretendiendo retraer las situaciones para cambiar el libreto representado -lo que no es posible cuando mantenemos vigentes los conflictos, las culpas, las adversidades.

Los gurús de las ilusiones aseguran que todos nuestros sueños son realizables y que debemos confiárselos al universo para que nos sean manifestados tal como los concebimos. Sabemos que las ilusiones y los sueños son fantasías de las mentes, que nos llevan al desengaño, a la desilusión y a la frustración (en contraste, los proyectos y planes que estén en la avenida de nuestro destino sí logramos conformarlos porque resuenan con nuestras opciones de elección).

Hugo Betancur (Colombia).

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Agregado:

El filósofo griego Heráclito de Éfeso (550-480 a.C) proclamaba: “Todo fluye, nada permanece”.  En otro ámbito geográfico, su contemporáneo del norte de la India, Siddhartha Gautama, el Buda (563-483 a.C.) pregonaba que “todo lo existente es impermanente, transitorio”.

Thich Nhat Hanh, monje budista de origen vietnamita (1926-2022), afirmaba:

*:

-"Tu concepto o percepción de la realidad no es la realidad. Cuando quedas atrapado en tus percepciones e ideas, pierdes la realidad". 

-"Tenemos que examinar de cerca nuestras relaciones para ver si se basan principalmente en la necesidad mutua o en la mutua felicidad". 

-"Algunas personas están consumidas por los recuerdos y pensamientos del pasado. Su duelo, su pena y sus lamentos los condenan a aprisionar su vida en un pasado doloroso. No pueden vivir en el momento presente como personas libres".

*Adriana Méndez. Las 110 mejores frases de Thich Nhat Hanh. Portal Psicología y Mente. 

 https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-thich-nhat-hanh ].

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Lo que fue




LO QUE FUE

 

Hugo Betancur

 

La vida es una continuidad de momentos -podemos imaginar la sucesión de las acciones de cada día minuto a minuto, o nuestros pasos avanzando, o el alejamiento de quienes se van y el acercamiento de quienes llegan -a veces también la ausencia de nuestros allegados, aunque estén presentes en los espacios físicos cercanos. Experimentamos cada episodio y cada vivencia según las circunstancias posibles y según la idiosincrasia de los participantes en las escenas que van pasando.

 

Cada personaje representa su papel a su manera y acogiéndose al libreto de su mente. Del acoplamiento de la personalidad y de las creencias propias de cada uno surge el ego. Desde la cuna se va conformando con un conjunto de rasgos que van definiendo su prominencia soberbia o su modesta existencia.

 

El ego y la personalidad de cada uno se manifiestan al unísono en las acciones del personaje representado, por lo que es habitual escuchar expresiones de una identidad autoproclamada: "Yo soy así", "Es lo que yo pienso".

 

Hay personajes que son fustigados por un ego descomunal, desbordado, demandante, lo que los lleva a comportarse como "conquistadores", o como "amos", imponiendo su conveniencia o su provecho, o sus intereses, en las relaciones -o al menos tratando de imponerlos. Este ego es disociador: incita conflictos frecuentes y desavenencias con sus ambiciones de saciedad y obediencia.

 

En las relaciones afectivas, o en la relaciones de pareja donde alguien impera sobre otros, se establece una disparidad, un desequilibrio, que propicia conflictos y que impide la integración -la comunicación amable, las atenciones reciprocas, la alegría y la satisfacción de los asociados.

 

Posiblemente la vida no nos provea nuestros requerimientos estrictos: "Esto debe ser así", "Esto debió ser así", "Esto deberá ser así".  Los factores humanos eventuales, las condiciones adversas, los obstáculos, la impermanencia, lo imprevisible, imposibilitan la realización de nuestros planes exclusivos y excluyentes.

 

Es vana e infructuosa nuestra pretensión de deshacer el pasado; es igualmente estéril el hábito morboso de traer al presente el inventario de nuestras desgracias atribuyendo culpas a otros y cargando con el sufrimiento que nos evocan.

 

Los ideales sobre las personas raramente se cumplen porque como personajes estamos limitados todos a nuestra personalidad -temperamento, carácter, comportamientos- y a nuestro ego particular. Cuando comprendemos esto, podemos deshacer las relaciones tortuosas sin cargarnos de culpas y sin cargar de culpas a otros. El entendimiento básico es "aceptar lo que es", "aceptar lo que fue", aceptar que cada ser humano está atado a los caprichos de su ego, a los ímpetus de su personalidad, a la mentalidad de cada momento.

 

Los seres humanos egocéntricos protagonizan sus historias solitarios, aislados, indiferentes, marginados.   La liberación de nuestros yugos posiblemente provenga de que logremos trascender nuestros ego limitantes y limitados, y que podamos instituir como fundamental la relación respetuosa y solidaria con los demás en el presente, el espacio donde podemos comprender, cambiar, construir: solo esas acciones nos aproximan a un estado de paz y de benevolencia, lo más parecido a la esquiva felicidad que podemos descubrir.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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miércoles, 12 de agosto de 2026

Altares, duelos, cambios por hacer.

 

“Justice” by Carole Feuerman. Escultura pintada con tonalidad de bronce. Ubicada en Wrigley Building, between 400 N. Michigan Ave., Chicago.


   ALTARES, DUELOS, CAMBIOS POR HACER

Hugo Betancur

 

Momento a momento, la imprevisible y compleja vida nos despliega su repertorio de relaciones, tareas, aprendizajes. Nos confronta con los cambios que ocurren afuera y que no podemos evitar y con los cambios imperativos que nos corresponde hacer y que no logramos emprender. El inventario de lo realizado y lo aplazado aumenta desmesuradamente y nos sobrepasa. Nuestros conocimientos y acciones se tornan insuficientes y por momentos aspiramos a que otros nos complementen o asuman nuestros asuntos, lo que no sucede porque ellos tienen sus propias cargas y prioridades.


Muchos seres humanos conocidos o apreciados o amados por nosotros se alejan geográfica o afectivamente, o llegan a la consumación de su personaje que deja de existir, lo que nos compromete con duelos súbitos que extendemos en el tiempo y que nos mostramos reacios a resolver y a liberar -en ocasiones exageramos nuestras reacciones particulares de tristeza y negación, y asumimos un sufrimiento amargo y elocuente porque nos parece apropiado y oportuno.


Talvez no logramos experimentar plenamente muchas de nuestras vivencias en tiempo presente porque las atravesamos distraídos y no somos conscientes de su transitoriedad y de su trascendencia -sólo las memorizamos fragmentariamente para después evocarlas en tiempo pasado revistiéndolas de nostalgia para medio rescatarlas del olvido.


Hacemos altares contrastantes: a nuestros ídolos religiosos y a los personajes o historias o circunstancias que para nosotros son dignos de reverencia y exaltación, o a todo aquello que nos dejó un vestigio de aflicción y frustración. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿qué altares nos llevan a estados de bienestar, de alegría, de optimismo, de cordialidad?; ¿qué altares nos llevan a estados de malestar, de tristeza, de pesimismo, de conflicto?


Esos altares los establecemos en nuestras mentes, aunque también disponemos un sitial exterior representativo donde apilamos cosas de viejos ambientes o fotografías de estancias o retratos de los personajes que veneramos o admiramos.


Simbólicamente nos postramos ante nuestros altares como devotos con la esperanza de que llenen de energía y de luminosidad nuestras vidas.


Todos los altares son inertes y solo tienen la vitalidad que les aportamos quienes los hemos erigido, o quienes adherimos a los propósitos y motivos de otros que los establecieron.


Nuestras acciones son siempre retributivas y desencadenan efectos equivalentes.


Posiblemente el altar mayor para muestras celebraciones y rituales sea la vida con su gama de acontecimientos magníficos y de relaciones llenas de afecto y de bondad -es un altar cambiante y dinámico donde las figuras aparecen y desaparecen y donde nuestras interpretaciones son susceptibles de modificaciones, de arreglos, de conciliaciones.


Somos seres humanos vivos que vamos muriendo y nuestras prioridades mayores son la comprensión de los eventos y las relaciones y la liberación de las culpas que creamos y atesoramos -y que a veces magnificamos como jueces severos de los actos y comportamientos de otros.


En el discurrir de la vida, es probable que la mayoría de ideales y expectativas que trazamos a las personas, o que nos trazan, no sean realizables porque no somos amasijos de plastilina que otros puedan modelar a su antojo sino seres vivos con nuestras virtudes admirables que son nuestros dones y con nuestras limitaciones deplorables y nuestros errores que son nuestros yugos.


La concordia con todo y con todos es el ideal que debe prevalecer. Ninguno de nosotros escapa al destino trazado por nuestras almas y solo la visión amorosa y tolerante nos libera de la depresión y de los conflictos y nos permite modificar nuestros guiones y roles.


Lo que la gente llama felicidad es una construcción mutua y no una función o una provisión que otros nos proporcionen o nos provean como nuestros sirvientes.


Podemos imaginar que somos amos de lo que comprendemos y amigos de aquellos que ponderamos con benevolencia –o al menos nos eximimos de plantarnos como sus contrincantes. Y tal vez seamos esclavos de los reproches que elaboramos contra otros y contra nosotros mismos -que se convierten a la larga en cargas o raíces de amargura y adversidad. La metáfora que nos sirve para examinar los procesos psicológicos de la culpa es la del penitente o monje fanático que se flagelaba y se mortificaba con un cilicio hasta sangrar con la ilusión de obtener la redención de sus pecados con su ofrenda de dolor físico.


Muchos seres humanos mantienen y adornan sus altares de sufrimiento con el relato de sus fracasos, de sus sueños frustrados y de las relaciones en que se rotularon como víctimas porque otros u otras no obedecieron sus planes de felicidad.


En la práctica médica identificamos muchos pacientes que han elaborado guiones escabrosos de sus vidas que estructuran como patologías orgánicas que tratamos formulándoles antidepresivos, sedantes y antipsicóticos -tenemos dos diagnósticos aplicables en la “Clasificación Internacional de las Enfermedades” para sus padecimientos, “Elaboración de síntomas físicos por  causas psicológicas” y “Trastornos de somatización”. Cotejando las historias que cuentan y las que cuentan sus relacionados, descubrimos que estos pacientes han distorsionado episodios significativos de su pasado para inculpar a otros de haberles causado las heridas psicológicas que ellos mismos han elaborado y que los muestran infelices y resentidos. Es posible que este guion de víctimas y sufrientes lo hayan imitado de los comportamientos de allegados y parientes que influyeron sobre ellos y que quizá experimentaron relaciones tortuosas reales o que desvirtuaron la veracidad de los hechos para representar papeles de autocompasión convenientes o lastimeros.


Considero que cada uno puede acogerse a su libre albedrío y que ejecutará o cumplirá las acciones que considera pertinentes o coherentes según su idiosincrasia -salvo que decida sacrificarse sirviendo los intereses y mandatos de otros menoscabando su autonomía. En este mundo, solo los robots pueden ser programados a cumplir mecánica y previsiblemente las funciones y acciones cibernéticas determinadas por los ingenieros humanos.


Los conflictos y las guerras duran lo que determinen quienes se declaran adversarios confrontando el ímpetu de sus egos, sus ambiciones, sus creencias disociadoras o sus dogmas que presumen religiosos; también duran hasta la derrota del oponente que pretende aniquilarlos para obtener su botín. Sólo quien abandona el campo de batalla sin vencer y sin ser vencido puede descubrir y manifestar el prodigio de su propia paz. 

 

Hugo Betancur (Colombia)

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viernes, 7 de agosto de 2026

Mentes sanas

Escultura de Santa Josefina Bakhita liberando a personas de la esclavitud y la trata de personas. Está ubicada dentro de la Catedral de San Patricio, junto al altar de la Virgen de Guadalupe, en Nueva York.

 

MENTES SANAS

Hugo Betancur

 

Un ser humano con una mente sana se basta a sí mismo para afrontar los acontecimientos desdichados, los retos y las paradojas de su destino; una mente sana no es vencida ni perturbada por las crisis y los conflictos que llegan y van pasando, lentos e inexorables -tan furtivos como el viento que presagia la lluvia o como las promesas de amor eterno que se vuelven palabras muertas cuando las emociones son apagadas por la rutina.

  Expresamos nuestro carácter en las relaciones y acciones cotidianas que decidimos según el contenido y condiciones de nuestras mentes.

Decimos que cada uno obra según su mente y según sus circunstancias.

Vemos a muchos de nuestros pacientes que llegan a la consulta medica con rostros afligidos, temerosos, confundidos, mostrando un estado de animo pesimista y sombrío, relatando episodios de llanto fortuitos y recurrentes, lo que nos lleva a un diagnóstico clínico de depresión* -un trastorno mental.

Con un propósito imaginario, podemos definir la mente como un halo de energía sutil que emana del alma de cada uno hacia el personaje o ser vivo que representamos, y que contiene el conocimiento acopiado a través de las existencias experimentadas.

 Cuando enfocamos nuestra atención y nuestra intención en la comprensión de lo que percibimos como externo o en el conocimiento de nuestro ser -que transitoriamente utiliza el cuerpo físico como su instrumento de expresión y de acción- podemos acceder a la información coherente y veraz de esa mente que sabe y que trasciende a la mente racional y al ego de cada uno.

Como complemento biológico sustentador, la mente neuronal de los seres humanos es una base de datos alojada en el cerebro; la eficiencia de su funcionamiento está supeditada a los aprendizajes y entrenamientos cumplidos y a las capacitaciones logradas -como un deportista alcanza su condición de campeón después  de atravesar un entrenamiento disciplinado y constante, así la mente neuronal adquiere su desempeño óptimo con la adquisición de competencias académicas, técnicas, de artes y oficios, de interacción social y cultural.

Oímos decir que cada quien construye su historia a su manera, logrando asimilar o desechar las opciones o tareas que tiene a su alcance, o realizando metas propuestas que requieren la aplicación progresiva al estudio y formación profesional o laboral -incorporamos lo que hacemos al ejercicio de nuestras vivencias, relaciones, ocupaciones.

Las mentes sanas sobrepasan la incertidumbre, las rupturas afectivas, los lutos -atraviesan la soledad y la aridez del desierto conservando su fe, remontan el camino de la montaña afianzando su fortaleza y soportando sin quejas su fatiga.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*DEPRESION. Condición patológica enlistada en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría.

(Psiquiatría: especialidad médica que identifica y trata los trastornos de la mente).

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