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domingo, 22 de febrero de 2026

La belleza de los seres vivos

                                                                                       Marilyn Monroe. Por Andy Warhol

LA BELLEZA DE LOS SERES VIVOS

(QUE TAMBIÉN VA PASANDO).

 

Hugo Betancur

 

Lo que calificamos como bello tiene para cada uno de nosotros unos atributos o manifestaciones que juzgamos según nuestros patrones mentales. En los seres vivos, apreciamos las formas, los colores y las estructuras físicas que nuestros sentidos captan como agraciados y armoniosos. Elaboramos razonamientos y conjeturas para expresar porque algo o alguien nos parece o no nos parece bello.

Nuestras consideraciones estéticas son propias del personaje que representamos, de nuestra idiosincrasia -en muchas ocasiones coinciden con las percepciones de otros respecto a la criatura que es objeto de nuestra atención.

Esa belleza que contemplamos afuera es una imagen cambiante de seres vivos expuestos al envejecimiento y a la caducidad que va siendo evidente para sí mismos y para los observadores -todo lo vivo va perdiendo su plenitud, su turgencia natural y sus colores esplendorosos: languidece y se va apagando, tan fugaz como las gotas de rocío mañaneras en las superficies de las hojas.

La vida es un proceso de expansión y contracción, de vigor y decadencia, de ágil y esbelta movilidad que se torna en anquilosamiento y obligada sedentariedad. Sin embargo, la acción de vivir es sinónimo de envejecer -son dos verbos afines que dan sentido a la exuberancia e incertidumbre de nuestras historias.

La existencia de los seres vivos es finita, lo que significa que nuestros organismos tienen una durabilidad limitada y que van declinando en medidas de tiempo correspondientes a sus condiciones y vulnerabilidad a los acontecimientos y enfermedades experimentadas.

En los seres humanos, los aparatos o sistemas de nuestros cuerpos van caducando en sus funciones e integridad:  las células, tejidos y órganos languidecen -la piel tersa se arruga y las superficies prominentes y firmes se ablandan y cuelgan, la erguida columna vertebral se dobla y los sentidos van perdiendo su registro confiable de las evidencias que la vida esparce.

Según  la belleza física va menguando y se va volviendo más recuerdo que realidad, los cirujanos plásticos ofrecen restaurar o modificar el aspecto físico de los pacientes -promocionan un rejuvenecimiento de los rasgos faciales y de la anatomía externa con sus intervenciones, rellenando, seccionando  y estirando los tejidos añosos que han perdido su   turgencia y su lozanía-, y la industria cosmética ofrece sus productos de maquillaje para imitar la apariencia sana y rozagante de la piel -los resultados de estos sucedáneos de las sustancias naturales del cuerpo en ocasiones solo son paliativos de efecto transitorio que deben ser aplicados reiteradamente, lo que incentiva el mercado y las ilusiones de embellecimiento.

No es renovable la belleza que los organismos vivos ostentaron en su juventud y en los inicios de su edad adulta. Lo que fue atractivo y hermoso se va marchitando -los animales y los humanos debutamos transitoriamente en esa pasarela pública donde mostramos nuestras figuras apuestas y nuestros encantos -si es que los hemos tenido-, y el reino vegetal exhibe solo por unos días sus hermosas y coloridas flores que se mustian y palidecen sin remedio.

La aceptación de los fenómeno biológicos inherentes al envejecimiento libera a cada uno de las cargas psicológicas negativas -depresión,  baja autoestima, conflictividad, y nos permite acomodarnos a las situaciones que nuestros destinos nos van deparando.

En contraste con los cuerpos vivos, las mentes si pueden ser renovadas y cultivadas cuando asumimos propósitos y acciones de aprendizaje y de cambio -y pueden reverdecer nuestra creatividad y nuestras motivaciones. Imaginemos una gran bodega donde hemos acumulado cosas que dejamos de usar o que usamos ocasionalmente: tomamos la decisión de vaciar ese espacio sopesando la utilidad y el valor de lo que depositamos allí y al terminar esta selección nos deshacemos de todo lo que consideramos inservible y obsoleto. Así mismo podemos explorar nuestras mentes y clasificar nuestros archivos de creencias como útiles y prácticos o como complicados y disociadores.

Las mentes que se revitalizan a sí mismas nos permiten trascender la belleza externa y nos permiten fluir optimistas y confiados con las corrientes de la vida.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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Nuestras percepciones y elaboraciones mentales

                                                                               Monstruos mecánicos en Nantes. Foto de Diana Valderrama

LO REAL Y LO IMPOSIBLE

Hugo Betancur

 

Asumimos como real lo que es cierto para nosotros. Muchos fenómenos espaciales o naturales externos nos parecen comunes e indudables (y quienes nos escuchen podrán constatarlo): “hace frío”, “hace calor; “llueve”, “está lejos”, “está cerca”, “se mueve”, “está quieto”… 

Otros eventos o procesos ocurren exclusivamente en nuestras mentes y nosotros los interpretamos como reales: nuestras creencias, nuestras ideas, nuestros juicios. Constituyen el retrato o la definición que hacemos de lo que percibimos, o de lo que vivenciamos, o de lo que nos han contado. ¿Qué tan reales son? ¿Son aplicables y evidentes para otros; y tienen para ellos el mismo significado que les damos?

Como observadores exponemos nuestras versiones o interpretaciones sobre la existencia y sobre los actos y comportamientos de otros seres humanos según el contenido de nuestras mentes: cada uno de nosotros examina lo exterior a su modo.

Imaginamos un yo para nosotros mismos y lo imponemos a otros como fidedigno. Mostramos nuestro retrato diciéndoles: "este soy yo, esta es mi manera de ser". Sin embargo, ese yo en ocasiones aparece camaleónico y ambiguo según las circunstancias -muy distinto al personaje que exaltamos.

Recitamos nuestros axiomas masivos esperanzadores -"hay que saber en quien confiar"-, o nuestras sentencias disociadoras -hay que ser desconfiados"-. 

No nos es posible estandarizar las mentalidades y tendencias de los demás -tal vez podamos equipararlas como un grupo o colectividad con un rotulo que les ponemos a nuestro antojo según sus aseveraciones o acciones –o que alguien más les pone-; sin embargo, no podemos robotizarlos porque todos somos diferentes.

Lo que elijamos como nuestra realidad puede llevarnos a resultados distintos: puede confundir nuestras mentes estancándolas y atrayéndonos dificultades y contraposiciones en nuestras relaciones cuando gigantizamos artificiosamente nuestra inteligencia y nuestra importancia, o puede, como contraste, avivar nuestras mentes y disponerlas a los cambios y a las conciliaciones en nuestras relaciones cuando mantenemos actitudes ecuánimes y consideradas. 

Si es una realidad egocéntrica y personalista, nos lleva a distanciarnos de otros y a desintegrarnos construyendo nuestro reducto amurallado en donde nos aislamos creyendo encontrar protección -solo encontramos soledad e incertidumbre y una confusión creciente que espanta la alegría y el optimismo.

Si es una realidad empática y prudente nos lleva a asociarnos con otros y a integrarnos con nuestras fortalezas y vulnerabilidades en relaciones constructivas y cooperadoras.

Cuando afirmamos que no estamos de acuerdo con los intereses, creencias y actitudes de otros, manifestamos nuestro rechazo y nuestros juicios discriminatorios.

Muchas de las realidades de nuestras mentes son solo suposiciones o ficciones que hemos armado con fragmentos de la aparente realidad en que estamos inmersos. También muchas de las realidades que imaginamos son solo ideales o modelos de una realidad que inventamos y que esperamos que otros o la vida misma nos configure con sus poderes e instrumentos –algo así como los espectáculos de los ilusionistas en sus escenarios improvisando sus actos en que hacen surgir criaturas o cosas del ambiente de luces y sombras en que se mueven y que el público ávido de prodigios las reconoce como reales (aunque vayan desapareciendo a medida que la función avanza).

Como aparecen los personajes en los relatos, las novelas y las películas con la caracterización y las acciones que los escritores y guionistas les confieren, así mismo cada uno de nosotros puede ser visto e interpretado por los demás según nuestras representaciones en los escenarios -nuestros actos (lo que hacemos), nuestros parlamentos (lo que decimos), nuestras omisiones (lo que dejamos de hacer). Cada biografía podemos armarla según lo que fue y lo que no fue -el historial que otros revisarán para hacer nuestro retrato a su manera y según los elementos aplicables a nosotros que logren recopilar.

Logramos acallar nuestros juicios cuando alcanzamos la comprensión que los desestima como innecesarios y caprichosos. Cada mente que entra en un estado de comprensión se transforma en una mente apacible y autosuficiente.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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jueves, 19 de febrero de 2026

Lo que fue y lo que no pudo ser

Ángel sosteniendo una mitra episcopal, escultura de Antonio Gaudí,  jardines del Palacio Episcopal, Astorga.

LO QUE NO PUDO SER; 

LO QUE FUE.

 Hugo Betancur

 

Nuestros pensamientos son expresiones del movimiento de nuestras mentes y provienen de un archivo de datos e impresiones que hemos asumido. Interpretamos los procesos de la existencia según nuestras experiencias y según las de otros limitados al estado de nuestra personalidad.

Cuando meditamos seriamente sobre nuestras acciones y relaciones con la visión del corazón –la disposición a comprender-, podemos conocernos y conocer a otros, si ese es nuestro propósito. Los enfoques racionales son solo una fragmentación de lo que llamamos realidad porque provienen de nuestras creencias particulares. Si logramos mirar el mundo desde la posición de los demás, tendremos su perspectiva y sus percepciones, distintas a las nuestras.

Podemos ser atentos observadores mientras debutamos en los escenarios de la vida donde interactuamos según las condiciones del presente o podemos ser actores distraídos empeñados en representar los papeles aprendidos en el pasado y en recitar una y otra vez los guiones memorizados o asignados –nuestro programa y nuestros fijos proyectos de vida. 

Si nos desempeñamos como actores que repetimos nuestros libretos, nuestros procesos de reacción serán monótonos y previsibles: el engranaje mecánico puesto en marcha y controlado por nuestras mentes estancadas con nuestra energía y una precaria información para desempeñarnos en nuestras relaciones de todos los días.

Nuestras mentes fluyen construyendo ideas e imágenes adecuadas a lo que somos. Otros pueden tomarse una impresión de cada uno de nosotros cuando observan nuestros comportamientos por las emociones y sentimientos que expresamos en nuestras relaciones.

Muchas veces nos quedamos pasmados cavilando sobre lo que no pudo ser. Revisamos nuestros viejos planes y expectativas y repasamos los dramas en que fuimos protagonistas infortunados, llevados a la deriva por un cruel destino que nos dejó su huella de amargura y sufrimiento.

Cargamos esos recuerdos como una valiosa posesión durante largas jornadas a través del tiempo de nuestras vidas y hacemos recuentos minuciosos que terminan por aburrir o abrumar a nuestros amigos y parientes; sin embargo, no obtenemos alegría ni satisfacción con esa representación psicológica de mártires: las historias tristes solo nos atraen evocaciones autocompasivas y grises; los cementerios solo guardan despojos y los museos solo conservan retazos de situaciones ya transcurridas y evanescentes.

Todo lo que fue dejó alguna evidencia que podemos relacionar con eventos y personajes. Lo que no pudo ser lo podemos explicar como no sucedido: faltan las evidencias porque no lo experimentamos y no fue posible: un gran amor, la adquisición de algo material, la ejecución de alguna acción o la conquista de algún objetivo perseguido.

Ante nuestras vivencias decidimos nuestras actitudes y sentimientos para asimilar los acontecimientos en que participamos: elegimos la aceptación inteligente y fluida o elegimos el rechazo y la resistencia.

La aceptación nos lleva a la paz y al entendimiento de que todo lo que pasa tiene una causa y un propósito.

El rechazo nos lleva al conflicto y al sufrimiento, lo que no modifica los sucesos atravesados y nos convierte en viajeros tormentosos y quejumbrosos.

La vida es un conjunto de circunstancias que nos permiten experimentar todas las opciones de la dualidad bajo identidades diferentes. Con el transcurso del tiempo, los cuerpos van menguando su vigor y su plenitud. Al arribo de la muerte, el altivo monarca abandona su trono, a su pesar e inevitablemente, para regresar en otro ciclo de existencia vestido de mendigo a confundirse con la gente menuda que hizo posible su reinado; en otro escenario, quien vagó como mendigo con su atuendo andrajoso, trasciende su papel, para regresar como soberano, ponerse los trajes suntuosos que antes le fueron vedados,  y recorrer a su antojo las dependencias de algún palacio enorme –todo esto ha de ocurrir para que cada uno conozca  los papeles cumplidos por los otros y la manera como se sintió sacudido por los procesos de su efímera existencia.

El sufrimiento es un yugo que asumimos. Cuando nos damos cuenta que no es grato ni útil y que llena de confusión nuestras vidas, podemos dejarlo atrás junto con nuestras interpretaciones particulares, nuestras recriminaciones, nuestras culpas, nuestras condenas, nuestros odios y nuestros sentimientos de separación. Dejamos entonces de sentirnos víctimas de otros y asumimos nuestra autonomía; nos liberamos de nuestros juicios extremos y de sus consecuencias.

Desde nuestras creencias, cada uno de nosotros decide qué sucesos van a afectarnos y cómo nos van a afectar. En cualquier momento podemos cambiar de elección cuando alcanzamos una visión consciente sobre la inevitabilidad de los hechos vivenciados.

Nuestro mayor obstáculo para cambiar el enfoque sobre los eventos proviene de nuestro ego caprichoso con sus presunciones de orgullo, de “dignidad herida” y de dominio o control sobre las acciones y decisiones de los demás.

La comprensión nos permite modificar nuestra mentalidad y nuestras creencias: al unísono, nuestro corazón busca las razones de nuestra mente y nuestra mente busca las razones del corazón, lo que nos permite ver “lo que es” y lo que fue y dejar a un lado “lo que no pudo ser”, para que las tramas de la crónica vivida nos muestren su coherencia y sus intrincados nexos de aprendizaje y de libre albedrío.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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domingo, 15 de febrero de 2026

LA MENTE, ¿ESTÁ EN EL CEREBRO?

                                                                             Cúpula de Basílica de San Pedro, interior. Fotografía por Diana Valderrama.  


LA MENTE, ¿ESTÁ EN EL CEREBRO?

 

HUGO BETANCUR

 

La mente humana ha sido tomada como sinónimo del cerebro humano. Todas las afirmaciones concluyentes corresponden a las ciencias organicistas o materialistas que describen el cerebro neuronal o cerebro físico como un inmenso depósito de psiquis, memoria, sentimientos, emociones y tendencias.

Bajo esa concepción netamente corpórea, el objetivo primordial de la llamada farmacoterapia en la psiquiatría moderna ha consistido en suprimir las manifestaciones de sus pacientes utilizando drogas que bloquean o inactivan áreas del cerebro. Los mecanismos de acción bioquímicos producidos por esas sustancias en el cuerpo tienen un efecto transitorio controlador útil; sin embargo, es algo así como amarrar o encerrar a una persona hostil para que no salga a desafiar a otros, armar broncas contra ellos y agredirlos (al aislarlo de los demás con medidas forzosas se le impide ejercer su violencia; -un efecto parecido producen los fármacos administrados, que pueden producir sopor en los pacientes o un embotamiento que los obliga a permanecer aplacados y quietos).

Queda faltando por resolver su situación perturbada y perturbadora accediendo a las causas y removiéndolas o resolviéndolas, lo que no hace la psiquiatría. La educación que reciben estos profesionales psiquiatras es que lo que diagnostican como enfermedad de la mente está en el cuerpo, y más concisamente en el cerebro neuronal. La existencia del alma en cada uno y de unos procesos psíquicos mentales no neuronales es considerada como una fantasía o una utopía por numerosos especialistas médicos. ¿Cómo explicar o compartir algo tan sutil y no ubicable en el cuerpo a las personas entrenadas académicamente que lo rechazan o que no tienen interés en aprender sobre ello?

Cuando los pacientes con perturbaciones mentales logran acceder a un estado hipnótico -si están en capacidad de seguir las instrucciones pertinentes de sus terapeutas y se acogen al propósito de la sesión-, entran en un trance o estado alterado de conciencia donde la racionalidad habitual queda relegada (esa racionalidad es un proceso de pensamiento que se nutre de lo que hay en la memoria física, en el cerebro neuronal). 

Bajo hipnosis, los pacientes pueden alcanzar una dimensión o escenario mental donde no parecen tener límites de tiempo ni de espacio para incursionar en sus pesquisas y donde "presencian" eventos vividos antes que relacionan con su padecimiento actual. (Esto no podemos explicarlo físicamente ni atribuirlo a procesos del cerebro: esa mente es un campo de expansión y conocimiento del alma -y esto no hace parte de las explicaciones orgánicas de la medicina, ni de las explicaciones psicológicas que se remontan al pasado de los pacientes desde su nacimiento en la identidad o personalidad que representan, es algo más profundo y complejo, es la misma dimensión que alcanzan los meditadores y que les permite disponer de una visión diferente a la visión y la percepción del cuerpo y que trasciende los sentidos.) 

Esa visión no es una fantasía porque hablamos de seres humanos vivos que acceden a la dimensión creativa de la mente -los terapeutas presenciamos con asombro sus reacciones emocionales mientras describen lo que visualizan en sus trances hipnóticos. Sus relatos durante la terapia son muy vívidos. Les pedimos que descubran "todo" lo que tenga relación con su padecimiento actual y los ponemos a dialogar con los personajes que aparecen en su visión. Dirigimos su sesión de hipnosis y le proponemos: “pregunta esto…, observa cómo los afectaste o cómo te afectaron, qué relación tiene lo que llega a tu mente con tu enfermedad o con la condición que padeces...” 

Hemos presenciado que nuestros pacientes “reviven” unas situaciones y eventos que posiblemente sucedieron durante un tiempo cronológico ya transcurrido, tal como lo  narra Brian Weiss* en sus libros (aunque era psiquiatra graduado, él supo aprender sobre esos fenómenos).

Todo lo que la humanidad ha vivido parece que siguiera presente en algún plano paralelo al que muchos pacientes en hipnosis acceden, lo que nos lleva a muchos a reflexionar sobre los nexos que tenemos con otras vidas y personalidades, aunque ya sus procesos de existencia hayan pasado, y aunque hubieran pertenecido a otras épocas.

La violencia ejercida y nuestras acciones o las acciones ajenas que afectaron las vidas de otros parece que hubieran quedado estancadas y grabadas en alguna dimensión como episodios que podrán absolver las generaciones que llegan después. Lo de sanar y perdonar o pedir perdón, y lo de reparar y resolver, aparecen como acciones pendientes que debemos hacer -removiendo, visualizando y presenciando esos episodios y relaciones cumplidas en un tiempo pasado, podemos emprender cambios de la información mental y disponernos a comprender lo sucedido si ese es nuestro propósito. Las heridas y daños que causamos o que nos causaron están vigentes en ese espacio de creación que la ciencia tradicional desconoce o niega y que ha vedado a la mente racional.

Nuestras mentes sobreviven a la disgregación del cuerpo cuando muere con el cerebro que lo animó -mueren el personaje y su ego y la mente se repliega hacia su alma en el plano sublime.

Lo de que "todos somos uno" no es una fantasía de la llamada "nueva era", sino una realidad que trasciende las apariencias y que sobrepasa lo que intelectual o empíricamente  llamamos racional o lógico.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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OBSERVACION:

El terapeuta con hipnosis  Aurelio Mejía* relata muchas de sus terapias y explicaciones en su libro “Vidas antes de la vida”. Sus conceptos y relatos en:

 

https://www.aureliomejia.com/

 

AURELIO MEJÍA MESA, colombiano, hipnoterapeuta y conferencista desde 1995. Podemos leer sobre su ejercicio en hipnosis clínica). Su página de Internet:

 

http://www.aureliomejia.com/

 

Su canal en youtube:

 

https://www.youtube.com/@AurelioMejia]

 

Haber participado en las experiencias de terapia con hipnosis es un soporte empírico útil para comprobar estas manifestaciones de la mente, que pertenecen a la dimensión del alma (y el alma es un concepto que no está contemplado como una asignatura o realidad a estudiar en las facultades de medicina).

Si leemos los relatos de Brian Weiss, de Aurelio Mejía, de Armando Scharovski, y de muchos otros terapeutas que utilizan la hipnosis como medio, podemos encontrar una unidad temática de experiencias que estos maestros tuvieron con sus pacientes en distintas partes del mundo y en distintas culturas. Todos los libros de esos autores que mencioné podemos descargarlos de Internet sin costo.

 

Curso Practico de Hipnosis y Regresiones a Vidas Pasadas. Armando M. Scharovsky .pdf (217 páginas), descargar sin costo desde:

 

https://docer.com.ar/doc/1evxv0


Lo expuesto  arriba es una explicación abreviada. La mayor dificultad que tenemos para comprender esto y abrirnos a otras terapias es el poco o nulo conocimiento que la medicina occidental tiene de estos fenómenos y  la satanización y estigmatización que hacen contra quienes experimentan o investigan al respecto, todo debido al esquema seguido como una  medicina academicista, apegada a los dogmas y dependiente de las autoridades reconocidas. Sin embargo, uno de los principios de esta medicina es que  si hay curaciones o sanaciones efectivas con evidencia estadística numerosas, deben ser reconocidos como aceptables –esto ha sido llamado “medicina basada en la evidencia”.


A pesar del escepticismo particular de quien escribe esto y de su formación médica, el autor de este texto ha logrado entender también y aceptar estos fenómenos como algo posible y evidenciable.


*El Dr. Brian Weiss, psiquiatra renombrado por la terapia de regresión, sostiene que la humanidad ha atrofiado su intuición, un sentido originalmente predominante, al priorizar excesivamente la lógica racional y el materialismo científico. Weiss sugiere que recuperar esta conexión intuitiva y espiritual es clave para entender la inmortalidad del alma y superar el miedo a la muerte.

El giro de un científico: A pesar de su formación rigurosa en Yale, Weiss transformó su perspectiva al tratar a una paciente, Catherine, cuyas fobias desaparecieron al explorar memorias de supuestas vidas pasadas bajo hipnosis.

Intuición vs. Lógica: Weiss argumenta que la sociedad moderna ha negado el conocimiento intuitivo, a pesar de que el estudio de la parapsicología y las experiencias fuera del cuerpo pueden aportar más comprensión sobre la existencia que la mera lógica lineal.

Mensaje de fondo: Sus investigaciones, plasmadas en "Muchas vidas, muchos maestros", proponen que entender la supervivencia del alma después de la muerte reduce la ansiedad y proporciona paz espiritual.

Weiss subraya que la resistencia a aceptar nuevas ideas (como la reencarnación) es histórica, similar a la negación inicial de los descubrimientos de Galileo.

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