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domingo, 18 de octubre de 2026

Chantaje emocional



CHANTAJE EMOCIONAL

Hugo Betancur

 

El chantaje emocional es una forma de manipulación psicológica en la que una persona utiliza las emociones, sentimientos y creencias de otras para someterlas a sus deseos -incita su emoción de miedo y sus percepciones morales de obligación y de culpa para forzarla a satisfacer sus exigencias (en psicología esto corresponde a la triada "FOG": miedo, obligación y culpa descrita por la psicoterapeuta estadounidense Susan Forward*).

Podemos hacer una metáfora de la vida imaginándola como una magnificente película donde cada uno de nosotros como autor desde el Plano creativo del Alma ha conformado su guion y su personaje y lo va integrando a los otros personajes y sus guiones.

De esa multitud de mentes en escena surge la trama de la película humana expandida a través de la línea del tiempo, que no tiene director dominante con sus libretos de obligatorio cumplimiento sino personajes distintos con sus propios libretos que entrecruzan en las múltiples relaciones del conjunto y que cada uno representa según su idiosincrasia, sus creencias y su psique individual.

A medida que actuamos nuestros papeles, la vida va avanzando incontenible y nuestros destinos se van deshaciendo.

Cada alma tiene su libre albedrio para crear y experimentar las historias particulares que suceden en las existencias progresivas. Nos es posible reformar la trama y nuestras acciones cuando decidimos cambios de nuestra mentalidad y nuestros enfoques: para desarticular ese yo conflictivo, frustrado y discordante debemos deshacernos de las tendencias caprichosas y demandantes de nuestro ego y adoptar actitudes de simpatía y empatía con los demás -trascendemos el ego infantil parasitario y aprovechado y logramos expandir nuestra comprensión y nuestra visión hacia la instauración de un ego adulto y beneficioso.

No nos es posible estancar los momentos y las relaciones que nos parecen felices -congelar una escena es quitarle movimiento y acción y convertirla en un cuadro fragmentario de aquello que sucedió y ya no es, y nos muestra como espectadores obsesivos y pasmados.

No podemos atar a otros a nuestros ideales de éxito, ni declararnos fracasados si falta su acompañamiento motivador y permanente. Cuando hacemos esas exigencias, distorsionamos para nuestra conveniencia las funciones que los otros deben acatar y así pretendemos mantener nuestro anclaje a la vida gracias a su presencia que coartamos y a su sumisión condicionada que parece complementarnos o suplir nuestra desvalidez o desvalimiento:  los azuzamos y los hostigamos para que nos obedezcan y se ajusten a nuestras expectativas y demandas; nos apropiamos de otros y los cercamos obligándolos a permanecer en nuestros espacios y nuestras vidas porque "los necesitamos”.

Debemos más bien asociarnos a los otros en la consumación y progreso de su historia, en la apropiación de su libertad y en la ejecución de las acciones de su libre albedrio -son lícitas las que le provean bienestar y tranquilidad y no las que propicien desastres emocionales y malestar, que consecuentemente perturban y desquician la paz y armonía de sus allegados. 

Nuestras existencias suceden sanamente cuando establecemos relaciones solidarias donde manifestamos espontáneamente nuestros atributos contrastantes de bondad y alegría alternados con expresiones de vulnerabilidad y tristeza.

Vencemos nuestros episodios de depresión, de incertidumbre y de minusvalía cuando nos apropiamos de nuestros destinos y emprendemos la ejecución de las tareas, retos y aprendizajes: pasamos de un estado de pasividad y de retraimiento a un estado de actividad y resolución. 

Providencialmente, todos los personajes agotamos la trama de nuestras existencias. 

Solo el servicio y los cuidados que damos a otros nos reconcilian con la vida y sus criaturas vivientes y cambiantes. Y solo el amor que podamos manifestar nos permite mirar hacia el pasado y el presente con una comprensión amable y compasiva.

Podemos recordar que el presente es nuestro espacio dinámico para observar y vivir nuestro destino, liberándonos conscientemente del pasado plagado de sufrimientos y de pérdidas y del futuro como un panorama incierto y medroso.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*En la psicología de las relaciones y la comunicación interpersonal, FOG es un acrónimo en inglés que se traduce como Miedo, Obligación y Culpa (Fear, Obligation, and Guilt). Esta tríada describe las herramientas básicas que utiliza una persona manipuladora para ejercer chantaje emocional:

• Miedo (Fear): Amenazas sutiles o directas sobre las consecuencias de no ceder (ej. romper la relación, represalias).

• Obligación (Obligation): Apelar al sentido del deber, la lealtad o "deudas" morales pasadas.

• Culpa (Guilt): Hacer sentir a la víctima responsable de la infelicidad, el enojo o los problemas del manipulador.

Este término fue popularizado por la psicoterapeuta Susan Forward y describe una dinámica relacional dañina. No considera los deseos ni el bienestar de la otra persona, anulando su libre voluntad mediante el control.

En la psicología, el concepto FOG es un acrónimo acuñado por la reconocida terapeuta y escritora estadounidense Susan Forward en su libro "Chantaje Emocional" (1997). [1, 2, 3]

La palabra fog significa "niebla" en inglés, lo cual funciona como una metáfora perfecta: la manipulación psicológica nubla la mente de la víctima, impidiéndole ver con claridad lo que está ocurriendo, pensar con lógica o defender sus propios límites.

 

EXPLICACION MÁS EXTENDIDA DEL ACRÓNIMO FOG:

 

El acrónimo representa las tres herramientas principales que utiliza un chantajista emocional para controlar a otra persona:

 

1. F - FEAR (MIEDO)

 

El manipulador utiliza amenazas explícitas o sutiles para generar temor. La víctima cede a las demandas por miedo a las consecuencias: miedo a que la pareja la abandone, miedo a provocar una explosión de ira, miedo a perder el empleo, o miedo a que se revele un secreto o un comportamiento disociador de algún allegado. El comportamiento de la víctima se vuelve sumiso para "evitar el desastre".

 

2. O - OBLIGATION (OBLIGACIÓN / DEBER)

 

Se apela fuertemente al sentido del deber, la lealtad o los roles familiares y culturales. El chantajista hace sentir a la víctima que "debe" actuar de cierta manera debido a todo lo que él ha hecho por ella ("Con todo lo que me he sacrificado por ti, lo mínimo que podrías hacer es..."). Se distorsiona el concepto de reciprocidad para crear una deuda impagable.

 

3. G - GUILT (CULPA)

 

La culpa es quizás el arma más poderosa de la niebla emocional. El chantajista se posiciona como la víctima y hace responsable a la otra persona de su propia infelicidad, frustración o malestar. Frases como "Si realmente me quisieras, no harías eso" o "Por tu culpa me siento así" logran que la persona ceda solo para aliviar el doloroso sentimiento de culpa.

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viernes, 16 de octubre de 2026

Amor: libertad e integración recíprocas.

                       Adaptacion como dialogantes de Astrónomo y Cronista del Reloj Astronómico de Praga.


EL AMOR NO RECONOCE YUGOS

 

Hugo Betancur



El amor nos retribuye satisfacciones y alegrías duraderas; el egoísmo nos trae amarguras y pesares también duraderos.

 

El amor nos impulsa en su movimiento por el sendero de la unidad; el egoísmo nos estanca en algún punto del camino donde nos separamos de los otros viajeros porque damos más prioridad a nuestra avaricia que al privilegio de compartir.

 

El amor nos permite acoger los valores de la amistad; el egoísmo nos llena de adversarios resentidos o de cómplices exigentes que nos acompañan mientras reciben las dádivas que sus intereses han establecido.

 

El amor hace de nuestro hogar un oasis de paz y de cálida generosidad; el egoísmo nos ofrece solo una vivienda donde guarecernos: allí la competencia y las pugnas agotan las relaciones familiares y las parejas languidecen desesperanzadas.

 

El amor nos permite perdonar y olvidar lo que consideramos como ofensas recibidas; el egoísmo nos lleva a hacer inventarios de errores, culpas y deficiencias que achacamos a otros y nos demanda venganza y castigo contra ellos.

 

El amor nos integra en la comunicación sincera y espontánea; el egoísmo nos condiciona a la comunicación ambiciosa y restringida, haciéndonos esclavos de las utilidades, de las jerarquías y de la influencia de las cosas –el valor de cada uno es tasado según su capacidad adquisitiva o según lo que pueda ofrecer.

 

El amor nos une y nos permite relacionarnos como iguales en nuestros aprendizajes compartidos, nos lleva a sentirnos integrados progresivamente mientras la vida transcurre; el egoísmo nos aísla y nos mantiene confundidos acerca de las funciones y relaciones que podemos realizar para disponer nuestra paz y nuestra consciencia de cambio.

 

El amor es nuestro tesoro de alegría y armonía; el egoísmo nos somete a sus ínfimas contiendas subjetivas o dirigidas contra otros, el temor es su trofeo y su más caro recurso de subyugamiento.

 

El amor nos libera; el egoísmo nos vuelve esclavos auto justificados y truculentos.

 

Uno –el amor- es un don, con la libertad como su joya más emblemática; el otro –el temor- es un estigma, con la soledad como su más escabroso botín.

 

Cuando nuestra visión examina el oscuro sistema de creencias que rige las supuestas leyes del ego, puede mostrarnos las incongruencias y trampas que ha urdido ese tan endeble amo para aprisionar a sus súbditos.

 

Solo afirmando nuestra consciencia podemos desarmar los más intrincados montajes de melodrama preparados por el ego para sus esclavizados sirvientes -que parecen divertirse con el sufrimiento y sentirse conformes con el abatimiento creciente que los acosa después de cada función.

 

Para el ego, la psicología funciona al revés y sus recompensas también: la tristeza debe ser tomada como imagen de una mente sensible y las relaciones rotas como sinónimo de triunfo y exaltación que deberán ser mostradas con arrogancia.

 

Sin embargo, la vida con su sol incontenible y sus paisajes magnificentes nos muestra la perspectiva equilibrada y protectora de la paz: bajo sus cálidos colores y sentimientos, lo sombrío desaparece o es relegado como un contraste fatigoso para los sentidos, mientras representamos con nuestras voces y nuestros actos fusionados la coreografía de seres congregados que contribuimos a evolucionar la creación. 

 

Hugo Betancur (Colombia)

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lunes, 12 de octubre de 2026

Morir, morirse, una transición cíclica.

 

                                                                                       
                                                                                                             *Reloj astronómico de Praga.

MORIR, MORIRSE, UNA TRANSICION CÍCLICA.

Hugo Betancur


 “Dicen que la muerte comienza en el cerebro

y termina en los pies:

por eso uno se muere caminando,

con la cabeza gacha

y los ojos abiertos a la vida".

“Dicen que el viejo Nicolás

tiene los pies pesados y las manos,

que son de muerto

sus ojos y sus pasos…”

    [Escribió por 1980 mi alter ego Hugo Cuervo].

 

La muerte de los seres vivos es el término de su existencia como entidad biológica. La muerte física es una transición -el organismo vivo cambia de un estado de manifestación reactivo e interactivo a un estado distinto de inercia e inacción y de disgregación. Cuando ocurre la muerte, la estructura material se desorganiza y pierde su autonomía.


La muerte** física significa la desintegración del hálito vital o alma de su vehículo o instrumento biológico de expresión y relación con el entorno y consigo mismo. El alma anima la forma física sólo hasta el momento de la muerte de los organismos -las células y los tejidos que conformaban un conjunto funcional languidecen y se desintegran-: lo que fue un ser humano o animal, con sus rasgos de personalidad y sus comportamientos, o lo que fue una fértil planta, se descomponen hasta secarse.


La existencia de cada ser humano es temporal, riesgosa y vulnerable ante los eventos y relaciones en que deba participar.


El poeta colombiano Jorge Artel nos decía “no es la muerte, es el morir lo que nos causa angustia y sufrimiento, es el proceso de contemplar como perdemos la vida sin que podamos hacer nada para evitarlo y sin aceptar la forma como sucede”.


A mi parecer, cada uno de nosotros muere según corresponda a su destino: estamos expuestos a las consecuencias de nuestros actos y de los de otros y experimentamos nuestras vivencias y relaciones limitados por la dualidad posible e imposible que se nos presenta en cada circunstancia -como en las partidas de ajedrez, las jugadas sucesivas tienen unas previsiones y pautas establecidas que restringen o habilitan los movimientos que cada participante puede hacer.


Estamos sometidos a los riesgos y beneficios de las elecciones que asumimos. Según mi entendimiento, nuestras existencias lo mismo que las de la vida general están regidas por la incertidumbre y por la impermanencia (los cambios inevitables, la transitoriedad).


La muerte* de nuestros relacionados nos aparta de ellos por lo que consideramos que los hemos perdido o que nos han sido arrebatados.


La psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross (1926 –2004) identificó cinco etapas psicológicas que podemos atravesar para hacer un duelo sano por la muerte de los seres queridos:


1) Negación y aislamiento: es más o menos una resistencia forzante a aceptar los sucesos –“no acepto esto”, “es injusto que me pase esto” (En los días próximos al acontecimiento, todas las explicaciones que otros puedan dar son insuficientes y poco convincentes).


2) Ira: a la negación le sigue el enojo y el resentimiento, afloran en la mente los “¿por qué?”: - “¿Por qué la vida me arrebató a esta persona tan especial para mí?, ¿por qué tiene que pasarme a mí? (La percepción de victimización surge y no es posible soltarla).


3) Negociación o conciliación. La dificultad de afrontar la realidad está fundamentada en la carga de crisis que trae la situación. El conflicto debe ser resuelto liberando todas las culpas y los juicios de valor que cada uno hace según sus creencias.


4) Depresión. Los sobrevivientes entienden que son infructuosas la negación, las culpas, los lamentos, las protestas, las evasiones -no traen bienestar y paz. Aparece la tristeza como un sentimiento abrumador y penoso que debe ser vivenciado y que debe arder -es algo parecido a esperar y observar como la leña de una fogata se consume cumpliendo la función de calentar o preparar algo sobre las brasas en un recipiente.


El sufrimiento experimentado y la impotencia son el umbral de la última fase o etapa de transición:


5) Aceptación: Nos damos cuenta que no es posible deshacer los eventos y nos disponemos a hacer las paces con la vida tal como se manifiesta. Nuestros apoyos fundamentales son la esperanza, la comprensión, la disipación de las culpas y los juicios.


El viajero cansado reconoce los obstáculos y las penurias del sendero recorrido y se acoge a las tareas del presente.


Quizá sea útil vislumbrar la muerte de los otros con la misma visión de celebración y satisfacción con que contemplamos a los niños que nacen: unos cumplieron ya la compleja construcción de sus historias y deben cerrar sus ciclos de existencia y los otros apenas empiezan a explorar y tantear el mundo tropezando, cayendo, flaqueando, acoplándose a los obstáculos y entrenamientos que les permitan crecer y ubicarse en el nicho disponible para ellos.


Las certezas y los imprevistos nos acosan a medida que avanzamos en nuestros senderos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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             *RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA

El Reloj Astronómico de Praga es el reloj medieval más famoso del mundo. Fue construido en 1410 por el maestro relojero Hanus y perfeccionado por Jan Taborsky en el siglo XVI.

Las figuras de la imagen corresponden a la Muerte (representada como un esqueleto) y a la Vanidad o los Placeres Terrenales (representado como un hombre con un turbante tocando un laúd), ubicadas en los costados del famoso Reloj Astronómico de Praga (Pragský orloj) en la República Checa. [1, 2, 3, 4, 5]

Detalles de las figuras:

·           El Esqueleto (la Muerte): Sosteniendo un reloj de arena y una cuerda o campana, simboliza el paso inexorable del tiempo y recuerda que la muerte llega para todos (memento mori). [1, 2, 3]

·           El Turco / La Vanidad: Vestido con un turbante verde y tocando un instrumento de cuerda (laúd), simboliza la vanidad, la avaricia o los placeres mundanos. En el movimiento mecánico del reloj, esta figura suele mover la cabeza en señal de negación cuando la Muerte tira de la cuerda

En el idioma español abundan las expresiones coloquiales y populares irónicas o burlonas para hacer referencia a la muerte de alguien con frases alegóricas.

Respecto a la enfermedad grave o la agonía que preludia una muerte inevitable y próxima, acostumbramos a decir: “Cuando las patas se hinchan, la sepultura relincha”; “Tiene un pie en la tumba”; “Está dando los últimos pasos”; “La muerte le respira en el cuello”; “Ya viene la pelona”…

Respecto a la muerte que ocurre súbitamente, decimos: “Estiró las patas”; “Colgó los tenis (o los guayos”; “Se quedó tieso”; “Se fue p´al otro lado”; “Le llegó la hora”; “Pasó a mejor vida”; “Se petaquió”;

Dichos populares utilizados para  afrontar los duelos y proseguir las acciones y relaciones del destino de cada uno:

• "A rey muerto, rey puesto": nos enseña que lo pasado ha pasado y que debemos acoplarnos a las situaciones presentes.

También hemos escuchado la expresión “Kaput” (o “kaput”), es un adjetivo coloquial que significa “se terminó”, -aludimos al epílogo de una existencia, y por extensión nos referimos a que algo está roto, estropeado, destruido o que ya no funciona.

La frase latina clásica sobre la muerte dice:

“Mortus est qui non resollat et non patalare potest”. Muerto es quien no respira «resuella» ni se mueve «no puede patalear».

VISION PANORAMICA:

Son muchos los ejecutores de la muerte: las enfermedades crónicas que van menguando la vitalidad y que obligan a quien las padece a revisar lenta y pormenorizadamente su pasado; las enfermedades graves que llegan y cortan el hilo de la vida súbitamente, sin dar tiempo a reflexiones ni a cuidados que preserven la salud; el desgaste progresivo del cuerpo que agota la funcionalidad y la supervivencia; los desastres de la naturaleza que dañan las estructuras físicas; los fenómenos de violencia humana -el suicidio, los homicidios realizados por nuestros semejantes por motivaciones de ira, odio, fanatismo, venganza, discriminación, despojo de pertenencias, celos, defensa, guerras anunciadas como justas por sus promotores e instigadores (los que deben proteger sus vidas, sus propiedades y sus sistemas políticos de los ataques de otros; o los demás, los depredadores en el poder y los militares o los grupos que imponen sus intereses y razones con sus armas y acciones, todos convencidos vanamente de que la violencia que ejercen no se volverá contra ellos como un boomerang lanzado).

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