
CHANTAJE
EMOCIONAL
Hugo
Betancur
El chantaje emocional es una forma de manipulación
psicológica en la que una persona utiliza las emociones, sentimientos y
creencias de otras para someterlas a sus deseos -incita su emoción de miedo y
sus percepciones morales de obligación y de culpa para forzarla a satisfacer
sus exigencias (en psicología esto corresponde a la triada "FOG": miedo, obligación y
culpa descrita por la psicoterapeuta estadounidense Susan Forward*).
Podemos hacer una metáfora de la
vida imaginándola como una magnificente película donde cada uno de
nosotros como autor desde el Plano creativo del Alma ha conformado su guion y
su personaje y lo va integrando a los otros personajes y sus guiones.
De esa multitud de mentes en escena surge la trama
de la película humana expandida a través de la línea del tiempo, que no tiene
director dominante con sus libretos de obligatorio cumplimiento sino personajes
distintos con sus propios libretos que entrecruzan en las múltiples relaciones
del conjunto y que cada uno representa según su idiosincrasia, sus creencias y
su psique individual.
A medida que actuamos nuestros papeles, la vida va
avanzando incontenible y nuestros destinos se van deshaciendo.
Cada alma tiene su libre albedrio para crear y
experimentar las historias particulares que suceden en las existencias
progresivas. Nos es posible reformar la trama y nuestras acciones cuando
decidimos cambios de nuestra mentalidad y nuestros enfoques: para desarticular
ese yo conflictivo, frustrado y discordante debemos deshacernos de las
tendencias caprichosas y demandantes de nuestro ego y adoptar actitudes de simpatía
y empatía con los demás -trascendemos el ego infantil parasitario y aprovechado
y logramos expandir nuestra comprensión y nuestra visión hacia la instauración
de un ego adulto y beneficioso.
No nos es posible estancar los momentos y las
relaciones que nos parecen felices -congelar una escena es quitarle movimiento
y acción y convertirla en un cuadro fragmentario de aquello que sucedió y ya no
es, y nos muestra como espectadores obsesivos y pasmados.
No podemos atar a otros a nuestros ideales de
éxito, ni declararnos fracasados si falta su acompañamiento motivador y
permanente. Cuando hacemos esas exigencias, distorsionamos para nuestra
conveniencia las funciones que los otros deben acatar y así pretendemos
mantener nuestro anclaje a la vida gracias a su presencia que coartamos y
a su sumisión condicionada que parece complementarnos o suplir nuestra
desvalidez o desvalimiento: los azuzamos y los hostigamos para que nos
obedezcan y se ajusten a nuestras expectativas y demandas; nos apropiamos de
otros y los cercamos obligándolos a permanecer en nuestros espacios y nuestras
vidas porque "los necesitamos”.
Debemos más bien asociarnos a los otros en la consumación y progreso de su historia, en la apropiación de su libertad y en la ejecución de las acciones de su libre albedrio -son lícitas las que le provean bienestar y tranquilidad y no las que propicien desastres emocionales y malestar, que consecuentemente perturban y desquician la paz y armonía de sus allegados.
Nuestras existencias suceden sanamente cuando
establecemos relaciones solidarias donde manifestamos espontáneamente nuestros
atributos contrastantes de bondad y alegría alternados con expresiones de
vulnerabilidad y tristeza.
Vencemos nuestros episodios de depresión, de
incertidumbre y de minusvalía cuando nos apropiamos de nuestros destinos y
emprendemos la ejecución de las tareas, retos y aprendizajes: pasamos de un
estado de pasividad y de retraimiento a un estado de actividad y resolución.
Providencialmente, todos los personajes agotamos la
trama de nuestras existencias.
Solo el servicio y los cuidados que damos a otros
nos reconcilian con la vida y sus criaturas vivientes y cambiantes. Y solo el
amor que podamos manifestar nos permite mirar hacia el pasado y el presente con
una comprensión amable y compasiva.
Podemos recordar que el presente es nuestro espacio
dinámico para observar y vivir nuestro destino, liberándonos
conscientemente del pasado plagado de sufrimientos y de pérdidas y del futuro
como un panorama incierto y medroso.
Hugo Betancur (Colombia)
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*En la
psicología de las relaciones y la comunicación interpersonal, FOG es un
acrónimo en inglés que se traduce como Miedo, Obligación y Culpa (Fear,
Obligation, and Guilt). Esta tríada describe las herramientas básicas que
utiliza una persona manipuladora para ejercer chantaje emocional:
• Miedo
(Fear): Amenazas sutiles o directas sobre las consecuencias de no ceder (ej.
romper la relación, represalias).
•
Obligación (Obligation): Apelar al sentido del deber, la lealtad o
"deudas" morales pasadas.
• Culpa
(Guilt): Hacer sentir a la víctima responsable de la infelicidad, el enojo o
los problemas del manipulador.
Este
término fue popularizado por la psicoterapeuta Susan Forward y describe una
dinámica relacional dañina. No considera los deseos ni el bienestar de la otra
persona, anulando su libre voluntad mediante el control.
En la
psicología, el concepto FOG es un acrónimo acuñado por la reconocida terapeuta
y escritora estadounidense Susan Forward en su libro "Chantaje
Emocional" (1997). [1, 2, 3]
La palabra
fog significa "niebla" en inglés, lo cual funciona como una metáfora
perfecta: la manipulación psicológica nubla la mente de la víctima,
impidiéndole ver con claridad lo que está ocurriendo, pensar con lógica o
defender sus propios límites.
EXPLICACION
MÁS EXTENDIDA DEL ACRÓNIMO FOG:
El acrónimo
representa las tres herramientas principales que utiliza un chantajista
emocional para controlar a otra persona:
1. F - FEAR
(MIEDO)
El
manipulador utiliza amenazas explícitas o sutiles para generar temor. La
víctima cede a las demandas por miedo a las consecuencias: miedo a que la
pareja la abandone, miedo a provocar una explosión de ira, miedo a perder el
empleo, o miedo a que se revele un secreto o un comportamiento disociador de algún
allegado. El comportamiento de la víctima se vuelve sumiso para "evitar el
desastre".
2. O - OBLIGATION
(OBLIGACIÓN / DEBER)
Se apela
fuertemente al sentido del deber, la lealtad o los roles familiares y
culturales. El chantajista hace sentir a la víctima que "debe" actuar
de cierta manera debido a todo lo que él ha hecho por ella ("Con todo lo
que me he sacrificado por ti, lo mínimo que podrías hacer es..."). Se
distorsiona el concepto de reciprocidad para crear una deuda impagable.
3. G - GUILT
(CULPA)
La culpa es
quizás el arma más poderosa de la niebla emocional. El chantajista se posiciona
como la víctima y hace responsable a la otra persona de su propia infelicidad,
frustración o malestar. Frases como "Si realmente me quisieras, no harías
eso" o "Por tu culpa me siento así" logran que la persona ceda
solo para aliviar el doloroso sentimiento de culpa.
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