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miércoles, 12 de agosto de 2026

Altares, duelos, cambios por hacer.

 

“Justice” by Carole Feuerman. Escultura pintada con tonalidad de bronce. Ubicada en Wrigley Building, between 400 N. Michigan Ave., Chicago.


   ALTARES, DUELOS, CAMBIOS POR HACER

Hugo Betancur

 

Momento a momento, la imprevisible y compleja vida nos despliega su repertorio de relaciones, tareas, aprendizajes. Nos confronta con los cambios que ocurren afuera y que no podemos evitar y con los cambios imperativos que nos corresponde hacer y que no logramos emprender. El inventario de lo realizado y lo aplazado aumenta desmesuradamente y nos sobrepasa. Nuestros conocimientos y acciones se tornan insuficientes y por momentos aspiramos a que otros nos complementen o asuman nuestros asuntos, lo que no sucede porque ellos tienen sus propias cargas y prioridades.


Muchos seres humanos conocidos o apreciados o amados por nosotros se alejan geográfica o afectivamente, o llegan a la consumación de su personaje que deja de existir, lo que nos compromete con duelos súbitos que extendemos en el tiempo y que nos mostramos reacios a resolver y a liberar -en ocasiones exageramos nuestras reacciones particulares de tristeza y negación, y asumimos un sufrimiento amargo y elocuente porque nos parece apropiado y oportuno.


Talvez no logramos experimentar plenamente muchas de nuestras vivencias en tiempo presente porque las atravesamos distraídos y no somos conscientes de su transitoriedad y de su trascendencia -sólo las memorizamos fragmentariamente para después evocarlas en tiempo pasado revistiéndolas de nostalgia para medio rescatarlas del olvido.


Hacemos altares contrastantes: a nuestros ídolos religiosos y a los personajes o historias o circunstancias que para nosotros son dignos de reverencia y exaltación, o a todo aquello que nos dejó un vestigio de aflicción y frustración. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿qué altares nos llevan a estados de bienestar, de alegría, de optimismo, de cordialidad?; ¿qué altares nos llevan a estados de malestar, de tristeza, de pesimismo, de conflicto?


Esos altares los establecemos en nuestras mentes, aunque también disponemos un sitial exterior representativo donde apilamos cosas de viejos ambientes o fotografías de estancias o retratos de los personajes que veneramos o admiramos.


Simbólicamente nos postramos ante nuestros altares como devotos con la esperanza de que llenen de energía y de luminosidad nuestras vidas.


Todos los altares son inertes y solo tienen la vitalidad que les aportamos quienes los hemos erigido, o quienes adherimos a los propósitos y motivos de otros que los establecieron.


Nuestras acciones son siempre retributivas y desencadenan efectos equivalentes.


Posiblemente el altar mayor para muestras celebraciones y rituales sea la vida con su gama de acontecimientos magníficos y de relaciones llenas de afecto y de bondad -es un altar cambiante y dinámico donde las figuras aparecen y desaparecen y donde nuestras interpretaciones son susceptibles de modificaciones, de arreglos, de conciliaciones.


Somos seres humanos vivos que vamos muriendo y nuestras prioridades mayores son la comprensión de los eventos y las relaciones y la liberación de las culpas que creamos y atesoramos -y que a veces magnificamos como jueces severos de los actos y comportamientos de otros.


En el discurrir de la vida, es probable que la mayoría de ideales y expectativas que trazamos a las personas, o que nos trazan, no sean realizables porque no somos amasijos de plastilina que otros puedan modelar a su antojo sino seres vivos con nuestras virtudes admirables que son nuestros dones y con nuestras limitaciones deplorables y nuestros errores que son nuestros yugos.


La concordia con todo y con todos es el ideal que debe prevalecer. Ninguno de nosotros escapa al destino trazado por nuestras almas y solo la visión amorosa y tolerante nos libera de la depresión y de los conflictos y nos permite modificar nuestros guiones y roles.


Lo que la gente llama felicidad es una construcción mutua y no una función o una provisión que otros nos proporcionen o nos provean como nuestros sirvientes.


Podemos imaginar que somos amos de lo que comprendemos y amigos de aquellos que ponderamos con benevolencia –o al menos nos eximimos de plantarnos como sus contrincantes. Y tal vez seamos esclavos de los reproches que elaboramos contra otros y contra nosotros mismos -que se convierten a la larga en cargas o raíces de amargura y adversidad. La metáfora que nos sirve para examinar los procesos psicológicos de la culpa es la del penitente o monje fanático que se flagelaba y se mortificaba con un cilicio hasta sangrar con la ilusión de obtener la redención de sus pecados con su ofrenda de dolor físico.


Muchos seres humanos mantienen y adornan sus altares de sufrimiento con el relato de sus fracasos, de sus sueños frustrados y de las relaciones en que se rotularon como víctimas porque otros u otras no obedecieron sus planes de felicidad.


En la práctica médica identificamos muchos pacientes que han elaborado guiones escabrosos de sus vidas que estructuran como patologías orgánicas que tratamos formulándoles antidepresivos, sedantes y antipsicóticos -tenemos dos diagnósticos aplicables en la “Clasificación Internacional de las Enfermedades” para sus padecimientos, “Elaboración de síntomas físicos por  causas psicológicas” y “Trastornos de somatización”. Cotejando las historias que cuentan y las que cuentan sus relacionados, descubrimos que estos pacientes han distorsionado episodios significativos de su pasado para inculpar a otros de haberles causado las heridas psicológicas que ellos mismos han elaborado y que los muestran infelices y resentidos. Es posible que este guion de víctimas y sufrientes lo hayan imitado de los comportamientos de allegados y parientes que influyeron sobre ellos y que quizá experimentaron relaciones tortuosas reales o que desvirtuaron la veracidad de los hechos para representar papeles de autocompasión convenientes o lastimeros.


Considero que cada uno puede acogerse a su libre albedrío y que ejecutará o cumplirá las acciones que considera pertinentes o coherentes según su idiosincrasia -salvo que decida sacrificarse sirviendo los intereses y mandatos de otros menoscabando su autonomía. En este mundo, solo los robots pueden ser programados a cumplir mecánica y previsiblemente las funciones y acciones cibernéticas determinadas por los ingenieros humanos.


Los conflictos y las guerras duran lo que determinen quienes se declaran adversarios confrontando el ímpetu de sus egos, sus ambiciones, sus creencias disociadoras o sus dogmas que presumen religiosos; también duran hasta la derrota del oponente que pretende aniquilarlos para obtener su botín. Sólo quien abandona el campo de batalla sin vencer y sin ser vencido puede descubrir y manifestar el prodigio de su propia paz. 

 

Hugo Betancur (Colombia)

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viernes, 7 de agosto de 2026

Mentes sanas

Escultura de Santa Josefina Bakhita liberando a personas de la esclavitud y la trata de personas. Está ubicada dentro de la Catedral de San Patricio, junto al altar de la Virgen de Guadalupe, en Nueva York.

 

MENTES SANAS

Hugo Betancur

 

Un ser humano con una mente sana se basta a sí mismo para afrontar los acontecimientos desdichados, los retos y las paradojas de su destino; una mente sana no es vencida ni perturbada por las crisis y los conflictos que llegan y van pasando, lentos e inexorables -tan furtivos como el viento que presagia la lluvia o como las promesas de amor eterno que se vuelven palabras muertas cuando las emociones son apagadas por la rutina.

  Expresamos nuestro carácter en las relaciones y acciones cotidianas que decidimos según el contenido y condiciones de nuestras mentes.

Decimos que cada uno obra según su mente y según sus circunstancias.

Vemos a muchos de nuestros pacientes que llegan a la consulta medica con rostros afligidos, temerosos, confundidos, mostrando un estado de animo pesimista y sombrío, relatando episodios de llanto fortuitos y recurrentes, lo que nos lleva a un diagnóstico clínico de depresión* -un trastorno mental.

Con un propósito imaginario, podemos definir la mente como un halo de energía sutil que emana del alma de cada uno hacia el personaje o ser vivo que representamos, y que contiene el conocimiento acopiado a través de las existencias experimentadas.

 Cuando enfocamos nuestra atención y nuestra intención en la comprensión de lo que percibimos como externo o en el conocimiento de nuestro ser -que transitoriamente utiliza el cuerpo físico como su instrumento de expresión y de acción- podemos acceder a la información coherente y veraz de esa mente que sabe y que trasciende a la mente racional y al ego de cada uno.

Como complemento biológico sustentador, la mente neuronal de los seres humanos es una base de datos alojada en el cerebro; la eficiencia de su funcionamiento está supeditada a los aprendizajes y entrenamientos cumplidos y a las capacitaciones logradas -como un deportista alcanza su condición de campeón después  de atravesar un entrenamiento disciplinado y constante, así la mente neuronal adquiere su desempeño óptimo con la adquisición de competencias académicas, técnicas, de artes y oficios, de interacción social y cultural.

Oímos decir que cada quien construye su historia a su manera, logrando asimilar o desechar las opciones o tareas que tiene a su alcance, o realizando metas propuestas que requieren la aplicación progresiva al estudio y formación profesional o laboral -incorporamos lo que hacemos al ejercicio de nuestras vivencias, relaciones, ocupaciones.

Las mentes sanas sobrepasan la incertidumbre, las rupturas afectivas, los lutos -atraviesan la soledad y la aridez del desierto conservando su fe, remontan el camino de la montaña afianzando su fortaleza y soportando sin quejas su fatiga.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*DEPRESION. Condición patológica enlistada en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría.

(Psiquiatría: especialidad médica que identifica y trata los trastornos de la mente).

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domingo, 2 de agosto de 2026

Lo que es y lo que hay.

 


El icónico Charging Bull (Toro de Wall Street) de 1989, escultura en bronce de Arturo Di Modica, con un peso de 3.2 toneladas, ubicada en el Distrito Financiero de Nueva York. 


LO QUE ES y LO QUE HAY.

Hugo Betancur

  

Lo que fue ya ocurrió en la marca de la línea del tiempo en que fue posible y efímero. La naturaleza y los protagonistas debutaron en los escenarios y representaron sus actos en solitario o ante una concurrencia ávida de espectáculos. Todos se alejaron después con sus historias que se volvieron recuerdo, nostalgia, olvido. El ruido y la pompa de las multitudinarias funciones se extinguió -y también se esfumaron en el aire las modestas audiciones ofrecidas a un público selecto y escaso.

Lo que es aparece como una situación donde personificamos nuestros papeles y desplegamos nuestra identidad psicológica en la interacción actoral.

Lo que es no se acomoda a nuestros ideales ni a nuestras ilusiones -ni a las de los otros- porque tiene una conformación resultante de causas anteriores; podemos verlo “como es” para lograr su comprensión o podemos entrar en conflicto porque no satisface nuestras expectativas o conveniencias. Las ilusiones solo cobran vida en las creaciones literarias y en el cine

Para alcanzar una visión de lo que llamamos real enfocamos la atención de nuestras mentes en sus atributos y manifestaciones: lo que vemos con veracidad podemos relatarlo o definirlo para otros con sus rasgos propios porque existe -pasa igual que cuando mostramos una fotografía y señalamos las cosas y los personajes captados, lo que los presentes pueden confirmar.

Lo que es, lo real, sucede según condiciones circunstanciales de tiempo, espacio y entorno, y según las causas y efectos propiciadores. En cuanto a la condición humana, las acciones y comportamientos de cada uno suceden según sus creencias, según el contenido de sus mentes, según su idiosincrasia singular. Ningún ser humano puede ser distinto al "sí mismo o yo" que ha consolidado como su personaje cuando se muestra conforme con la inercia de su mente y teme los retos imperativos de los cambios.

Lo que es sobreviene incontenible, pasajero, destacándose con su masa, sus formas, sus colores, su movimiento y sus expresiones sonoras, sus acciones, con sus adjetivos de favorabilidad o de adversidad -ocurre instantáneo como el derrumbe de una ladera de montaña despoblada de vegetación y socavada por aguas subterráneas que precipitan su erosión.


"El que espera desespera,

dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es, 

y sigue siendo verdad

aunque se piense al revés".

Escribió Antonio Machado en “Proverbios y Cantares – XXX”.

 

[Mientras íbamos creciendo, escuchábamos de vez en cuando la frase con que exhortaban a quienes sufrían por eventos que en ese ínterin eran insolubles: “Ríndase ante las evidencias, no podemos cambiar los hechos, deje de quejarse” -lo que significaba: “No siga negando lo que pasó, no se resista, acepte los acontecimientos y deje de sufrir”].

[De adolescente escuchaba esta frase, refiriéndose a alguno de mis paisanos que había dejado este mundo: “Don Rogelio -o doña Lucia, o doña Mercedes, o cualquier otro nombre- murió en paz, sanó las rencillas con los familiares a quienes había dejado de hablarles, dejo el resentimiento y dejó de luchar con la enfermedad, se entregó, como que eso lo tenía amarrado, murió tranquilo…”].

Podemos alcanzar un estado inteligente de nuestras mentes que nos permita descubrir lo que es en cada momento a través de una observación atenta y racional que no sea contaminada por los requisitos y exigencias de nuestros infantiles egos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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Extractos del libro “UN CURSO DE AMOR”, las enseñanzas de Jesús canalizadas por Marie Perron:

 “En todos los escenarios tú eres el hacedor de tu mundo, al que le atribuyes sus causas y efectos. Si esto puede ser así, el mundo no puede sino ser simbólico, y el significado de cada símbolo es elegido por ti y para ti. Nada es lo que es, sino solo lo que es para ti”. Capítulo 3. La primera lección. C:3.7

Solo cuando dejes de desear lo que no puede ser, podrás comenzar a ver lo que es. C:6.3

La verdad es lo que es. Lo que no es verdad es ilusión. C:31.31

La ilusión es simbólica. Y, lo que es más, ¡no simboliza nada porque no simboliza lo que es! T3:21.9

“Ningún día tiene que ser vivido luchando en contra de lo que trae. El poder de observar lo que es guarda relación con todo lo que existe contigo, incluidos los días que forman tu vida en el tiempo y el espacio. Observar lo que es te une con el presente porque te une con lo que es, en vez de con lo que tú percibes que es”.

T4:2.21

“…estas son las reglas básicas del arte del pensamiento: primero, experimentar lo que es, y reconocer lo que es, como un hecho de tu existencia como ser humano… T1:2.19

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viernes, 31 de julio de 2026

Juzgar: nuestra tara y nuestra reacción más conflictiva.

                                                                             

León de bronce. Custodia la entrada del Instituto de Arte de Chicago. Fue esculpido por Edward Kemeys, e instalado en 1894.

Son dos los leones colocados sobre pedestales frente al museo, esculpidos en poses dinámicas: el león del pedestal norte está "al acecho"; el otro, "en actitud desafiante", en el pedestal sur.


   Juzgar negativamente, discriminar, sopesar: 

¿es necesario, es justo, es útil?

 

Hugo Betancur

 

Nuestros juicios son complementos triviales ante las acciones de otras personas, son nuestra interpretación particular. Todas nuestras percepciones son subjetivas y corresponden al estado transicional de nuestras mentes. Y nuestras mentes expresan nuestras creencias y nuestro entendimiento de la vida.

 

Cuando hablamos de la “realidad objetiva” o de “hechos objetivos” solo nos referimos a lo que nuestra subjetividad califica como “real” y “objetivo”. Cada observador describe lo que percibe.

 

Para juzgar lo que otros hacen, lo que es una calificación o apreciación particular, debemos considerar el estado o condición del ser humano que obra y sobre quien enfocamos nuestra atención.

 

Si no sentimos afecto por aquellos a quienes juzgamos, nuestra opinión tendrá características de censura moralista y de crítica fustigante.

 

No es necesario juzgar a aquellas personas a quienes amamos, porque todo aquello que amamos nos revela sus secretos. Si las amamos, podemos mostrarnos respetuosos y no egoístas con ellas -esas son las consideraciones óptimas del amor.

 

Sin los juicios negativos, que nos impiden ver cómo son esas personas porque superponemos una imagen de rechazo, podemos comprenderlas y aceptarlas sin esfuerzo.

 

¿Cómo podemos juzgar con justicia a aquellos a quienes no amamos? ¿Cómo podemos juzgarlos cuando el desamor nos aísla contra ellos? Al juzgar nos ponemos en una posición de separación y de exclusión –y quizá de prepotencia, de aparente superioridad-; los otros se convierten en objetivos de ataque de nuestras mentes cuando elegimos fragmentos negativos o conflictivos de sus vidas para evaluarlos como si representaran una totalidad mientras desdeñamos sus valores y los episodios gratos que han compartido.


La balanza de la justicia tiene dos platillos que debemos utilizar simultáneamente, sin cargarnos hacia un solo lado, evitando desechar aquello que puede establecer el equilibrio y permitirnos una amplia perspectiva. Si nos atrevemos a evaluar los defectos, los errores y las limitaciones de los demás, debemos también acoger sus cualidades positivas, sus aciertos y sus fortalezas. 

 

Cada uno de nosotros puede identificar sus propias limitaciones, sus errores, su confusión y distorsiones: todas estas condiciones producen infelicidad, insatisfacción, conflictos, sufrimiento, culpas, lo que nos indica que estamos actuando bajo los requisitos de nuestros egos.

 

En cambio, nuestras fortalezas, nuestras cualidades positivas, nuestros aciertos, nos producen satisfacción, estados de paz y armonía, lo que nos indica que obramos desde la sabiduría del corazón. Cuando cometemos un error y no logramos aceptarlo ni descubrirlo, añadimos otro error al primero; si nos damos a la tarea de justificarnos para defendernos y mantener nuestra posición, agregamos un error más.

 

Si tenemos la prudencia y la sabiduría de reparar nuestros errores y nuestros comportamientos disociadores, nuestras relaciones se acercan a la normalidad; mientras no hagamos la corrección que nos corresponde quedamos en deuda con aquellas personas a quienes afectamos con nuestras acciones. Y lo mismo sucede cuando otras personas nos afectan negativamente, por ignorancia, egoísmo o simplemente por menosprecio -tal vez porque no satisfacemos sus intereses o sus sistemas de creencias-: si no reparan estos comportamientos quedan en deuda con nosotros en sus mentes.

 

Probablemente la mayoría de los seres humanos hemos juzgado negativamente a otros muchas veces. ¿Eso nos ha hecho mejores? ¿Nos ha traído bienestar? ¿Hicimos nuestros juicios porque nos habían afectado a nosotros con sus acciones o fue una inútil y arbitraria intromisión que hicimos en sus procesos de interacción particulares? 

 

Las acciones y comportamientos de todo ser humano parecen inevitables en cada situación: las condiciones de cada personalidad y las condiciones del momento nos llevan a hacer lo que hacemos impulsivamente, aunque haya otras opciones ideales -que solo un observador no involucrado logra enumerar, pues “quien hace” está sometido ya a su elección particular-, (esas opciones ideales quizá nos evitarían el malestar y las culpas que después nos acosan).

 

La vida y los seres vivos estamos esencialmente fusionados. Todo es una relación, una relativización, y lo que ocurre siempre tiene dos polaridades que debemos sopesar para que la balanza de la justicia funcione en equilibrio.

 

La separación que establecen nuestras mentes no logra deshacer ese nexo profundo de las relaciones humanas que ya está creado en la dimensión del Espíritu, donde todos somos uno, y donde siempre afectamos a otros o somos afectados por sus acciones. Si lo entendemos en el ahora, el fugaz instante presente, podemos cambiar nuestros enfoques y relacionarnos en esa unidad. Si no logramos hacerlo porque nuestros sistemas de creencias no lo contemplan así, esa comprensión queda relegada al paso del tiempo porque no podemos evitarla: no hay atajos en nuestra evolución para evadir nuestras relaciones y tareas de vida.

 

El viajero que recorre la tierra buscando su razón de ser siempre regresa a lo que él es. La meta de nuestras vidas es siempre el retorno a sí mismo, el autoconocimiento que nos trae a la paz. Una vez que el actor abandona el escenario puede recordar su actuación y el papel o los papeles que representó y evaluar sus vivencias.

 

Desde esa paz que asumimos vemos el mundo en equilibrio. Estar en paz significa sanar la mente y acogernos a los ritmos de la vida.

 

 

No es posible esconderse de sí mismo; no hay lugares, ni métodos, ni opciones para hacerlo.

 

Todo conflicto y enfermedad que progresan nos dicen que hemos perdido el rumbo. A través de la meditación –en reposo o en movimiento- y de la oración interior (no de la que repite mecánicamente palabras de rezos rituales memorizados) podemos de nuevo asumir la autonomía. Otras personas no pueden hacer esa tarea por nosotros porque no es posible anular nuestro libre albedrío y responsabilidades ni los de los demás y cada uno debe representar su propia vida.

 

Todo juicio es una ilusión, una trampa que colocamos en el sendero por donde hemos de pasar de nuevo en la oscuridad.

 

Todo rechazo a juzgar negativamente es una protección que nos concedemos a nosotros mismos: nada que lamentar, ninguna deuda por saldar, ninguna corrección posterior que hacer.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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