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domingo, 8 de marzo de 2026

Conflictos, transiciones, soluciones.

                                                                                               Fotografía por Diana Valderrama

CÓMO LIBERARNOS

DE LOS CONFLICTOS Y LAS CRISIS

Hugo Betancur

 

Las respuestas a los retos de nuestras efímeras existencias están en nuestro ser y en el ahora, no afuera, ni en el pasado, sino en este instante en que respiramos y en que podemos apreciar y sentir lo que nos rodea.

Muchas veces, en nuestro sano propósito de resolver nuestros conflictos nos dirigimos a otros seres humanos buscando guía o soluciones. Podemos recordar que esos conflictos provienen de procesos que hemos conformado en nuestras mentes y que la atribución de cambiarlos es nuestra responsabilidad.

Afuera solo existe lo que vemos como real, el vasto espacio habitado con sus criaturas vivas diferenciadas y con los contrastes de la dualidad.

Dedicamos mucha energía de nuestras vidas a mantener latentes las situaciones vivenciadas y a dramatizar sobre todo aquello que interpretamos como causa de nuestros dolores, heridas, frustraciones, pesares -pesos que cargamos-, conflictos y crisis no resueltas.

El entorno que percibimos nos parece muchas veces un panorama desolador, atiborrado de personajes que consideramos egoístas, tontos o crueles porque los vemos empeñados en satisfacer sus obsesiones, deseos y ambiciones, pretendiendo subyugar a otros, despojándolos de su autonomía y de sus recursos.

Podemos encontrarnos con estos seres humanos egocéntricos, confundidos, hostigantes, y podemos sentirnos traumatizados o afectados por sus acciones. O podemos dejarlos pasar de largo, padeciendo sólo la incomodidad del momento.

La única forma de liberarnos de algo que nos causó impresiones tortuosas o malestar, es aceptando "lo que es": cada uno hace lo suyo, impulsado por su personalidad y su sistema de creencias y en cada instante actúa según su idiosincrasia.

Cuando nuestras acciones afectaron negativamente a otros, no nos fue posible obrar de manera distinta o ideal –entendiendo lo ideal como el mejor acto que podíamos realizar, siendo considerados con las vulnerabilidades de nuestros semejantes y respetando sus condiciones humanas de libertad y sus opciones de acierto y error. Sin embargo, debo destacar que toda acción destructiva o dañina que ejecutamos nos crea un nexo de deuda, un yugo de conflicto, en el plano de la vida.

Cada uno es lo que es y sólo puede cambiarse cada quien a sí mismo desde el particular y singular albedrío que le corresponde.

La consciencia, el propósito y la voluntad de cambiar son requisitos esenciales para realizar esas modificaciones definidas o requeridas.

En todas las circunstancias, cada uno representará su personalidad, sus creencias y sus limitaciones -el tonto actuará como tonto y el sabio como sabio, en el espectáculo del mundo.

No es adecuado que prosigamos nuestra cadena de reproches y de resentimiento. No sigamos rindiendo culto a quienes juzgamos como causantes de nuestras desdichas y temores, porque todo eso ha surgido de nuestra mente. En nuestra mente son demonios a quienes rendimos culto y que instauramos en un pedestal de crueldad ante el que nos inclinamos atemorizados.

Nuestra mente los mantiene vigentes hasta que decidimos liberarnos de ellos y de sus comportamientos e idiosincrasias.

El proceso adecuado y progresivo para la solución de esos represamientos en nuestra psiquis, de esos procesos de nuestras mentes, puede ser una sucesión parecida a esta:

1. Experimentamos eventos o relaciones en nuestras vidas.

2. Los interpretamos subjetivamente: decidimos o elegimos cómo los rotulamos -positiva o negativamente-.

3. Reaccionamos ante esas experiencias, situaciones o relaciones ya vividas.

4Expresamos nuestra inconformidad, nuestro rechazo y nuestra resistencia a fluir y a dejar pasar, si nos sentimos victimizados o atropellados por lo que sucedió o por aquellos con quienes interactuamos.

5. Expresamos nuestro desequilibrio, depresión o desasosiego, que interfieren con nuestra paz. Podemos experimentar síntomas de enfermedad que delaten y expresen nuestra conmoción.

En esta etapa protestamos, nos lamentamos, acudimos a los amigos o confidentes con nuestras quejas y nuestras amarguras; podemos requerir ayuda o asistencia de especialistas en alguna cosa que serán solo observadores o analizadores de lo que representamos, contemplándonos desde sus posiciones de poder o influencia, y que en ocasiones pueden sugerirnos soluciones apropiadas -médicos, psicólogos, siquiatras, psicoanalistas, representantes de las religiones institucionalizadas, personas accesibles con quienes coincidimos en tiempo y espacio-.

Ninguno de estos seres puede resolver nuestros conflictos porque nosotros los hemos creado y propiciado a partir de situaciones atravesadas, son nuestro duelo, nuestro sufrimiento y nuestra crisis particular.

Muchas veces nos mostramos autocompasivos y quejumbrosos, estancados y empeñados en mostrar nuestro drama personal -como protagonizando y extendiendo una nefasta tragedia que nos agota y de la que no asumimos responsabilidad. Podemos encontrar otros seres humanos que estén de acuerdo con nosotros en que hemos sido injustamente tratados y que refuercen nuestra imagen precaria de desamparados.

6. Alcanzamos el estadío o etapa de desesperación: nos sentimos apabullados y conmocionados; no hemos encontrado soluciones y nuestras vidas son un lío: es este el momento cumbre, nuestra "noche oscura del alma". Aquí vemos solo dos opciones: liberarnos o seguir atados a nuestros yugos.

7. Podemos acoger la aceptación de lo que pasó considerando que hace parte de nuestro aprendizaje y que cada uno de los participantes sólo pudo vivirlo a su manera y con sus condiciones. Así restauramos nuestra paz.

O podemos rendirnos en nuestros roles de víctimas y jueces implacables y seguir siendo abatidos por las cargas acumuladas. Nos manifestamos entonces como personajes sombríos y anacrónicos.

8. La aceptación es un entendimiento que nos lleva a la comprensión, lo que nos permite liberarnos y cambiar, ejerciendo nuestra voluntad desde un estado de conciencia y autonomía.

Sólo podemos modificar el pasado comprendiéndolo y dejándolo ir.

En todo momento podemos cambiar de elección dejando atrás los eventos que definimos como dolorosos.

Así realizamos sabiamente nuestros aprendizajes y asimilamos nuestras experiencias y vivencias como situaciones adecuadas. Los inviernos suceden y llegan otras estaciones. Cada una tiene sus requisitos. No necesitamos abrigarnos ni llevar botas altas en el verano.

 

Hugo Betancur  (Colombia)

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*Estadío: m. Etapa o fase de un proceso en biología o medicina. La definición es aplicable a otros procesos de la vida. Utilizo la palabra tildada con acentuación aguda para diferenciarla de la palabra que alude a una instalación deportiva.

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sábado, 7 de marzo de 2026

Imágenes inciertas de nuestras mentes



ILUSIONES Y DESILUSIONES

Hugo Betancur 

 

Nuestras ilusiones son ideaciones que elaboramos en nuestras mentes. En el ahora no tienen representación ni manifestación como realidades –no son evidentes, son utopías insustanciales y caprichosas que improvisamos.

Podemos definir esas ilusiones a otros según las imaginamos. Podemos describirlas tal como lo hacemos con los ambientes, los paisajes y las situaciones de la vida corriente, coloreándolas y llenándolas de adjetivos, mas no están presentes para que ellos y nosotros las podamos percibir.

Cada uno de nosotros asumimos nuestras ilusiones y los hechos afines a nuestra historia, nuestro personaje y nuestro destino. Somos distintos en nuestras acciones y comportamientos –aunque hayamos asimilado creencias y costumbre comunes propias de la cultura familiar o social en que crecimos.

Como seres humanos autónomos, tenemos un conjunto de atributos provechosos y de limitaciones adversas; los primeros son nuestras fortalezas positivas y dones –lo que consideramos nuestra luminosidad- y las segundas son nuestras cargas negativas que esgrimimos como justificaciones para nuestros conflictos y para el empoderamiento de nuestros egos –nuestra oscuridad.

Cuando nos quedamos pasmados experimentando nuestros conflictos también padecemos las interpretaciones de nuestras mentes que nos predisponen al sufrimiento -nuestro sufrimiento particular, que estructuramos según los razonamientos que aplicamos a nuestras vivencias- (podemos pensar que cada uno de nosotros sufre según sus elecciones de juicio). 

[Hagamos una analogía respecto a nuestras mentes pasmadas o estancadas. Ubiquémonos en un escenario del presente para practicar un ejercicio visual. Miremos el péndulo de un reloj de pared: oscila de un extremo a otro y cada punto de su recorrido es un instante del presente que pasa frente a nuestros ojos; por el fenómeno de persistencia de la visión, captamos su movimiento de lado a lado como una continuidad en el espacio -el salto de las manecillas en la esfera señala el tiempo que corre y los observadores que contemplamos la maquinaria funcionando podemos certificar que lo registra progresivamente: si el reloj se detiene, el tiempo no avanza; asimismo, si nuestras mentes no procesan nuestras pugnas nos quedamos estancados psicológicamente].

Podemos cambiar las circunstancias amargas de nuestras relaciones afectivas con acciones resolutivas en el presente: cambiamos nuestra mentalidad del modo víctima al modo comprensión y practicamos la expiación -liberación de la culpa y la condena contra otros o contra nosotros mismos-. Muchas de esas ilusiones inventadas serán nuestras frustraciones y nuestras desilusiones -ficciones imposibles que no podemos plasmar porque no son sustentables como sucesos o como cosas materiales en el mundo en que existimos.

Todas las ilusiones son fantasías humanas que raramente adquieren conformación apreciable y probable.

En uno de mis cuentos, un maestro jubilado y viudo ha colocado en el balcón de su apartamento una matera llena de tierra abonada donde imagina haber sembrado un rosal que florece cada 2 meses. Lo riega dos veces a la semana. Varias veces al día se sienta en un cómodo sillón y observa el crecimiento y la vitalidad de la planta con deleite. Realmente no hay un rosal allí pero su mente solitaria lo ha puesto en esa matera y lo ve reverdecer y llenarse de flores amarilla que abren sus pétalos durante una larga semana para después marchitarse. El viento no mueve sus tallos ni el agua de la regadera rueda sobre sus hojas; sin embargo, él ha visto su crecimiento y admira su belleza como el más avezado jardinero y permanece vigilante para llevar la mata adentro cuando el sol calienta. No se la ha mostrado a nadie porque podrían hacerla desaparecer con sus argumentos y su lógica y podrían poner en duda su cordura. Es su posesión vegetal que envejece con él y la conserva en secreto.

Podemos reemplazar las ilusiones por ideales, planes y proyectos que fundamentamos en aprendizajes y entrenamiento de nuestras mentes, y que posiblemente puedan ocurrir si cumplimos sus requisitos de realización.

Las ilusiones nos anclan al futuro inexistente y al pasado extinguido. Son distracciones y espejismos

Cuando las ilusiones perturban nuestras relaciones y nuestro equilibrio emocional, nuestra salud mental se deteriora. Si nos aferramos a esas ilusiones entramos en pugna con la realidad.  

Las reflexiones atentas y serias sobre nuestras ilusiones nos permiten darnos cuenta que son transgresiones que hacemos de la realidad y que carecen de certeza y de verificabilidad.

Cuando sucumbimos a las ilusiones nos proclamamos ilusos y desvirtuamos la realidad como Quijotes, esperando vanamente que nuestras quimeras cobren vida –actuamos tan neciamente como el viajero que pretende recorrer un camino desconocido en el campo en una noche sin luna con sus gafas oscuras puestas, tropezando y cayendo, y negándose a utilizar la linterna que guarda en su morral.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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viernes, 6 de marzo de 2026

Los cambios o las dilaciones que elegimos.

                                                                                                                                  Fotografía por Elízabeth Betancur

CAMBIAR O NO CAMBIAR,

ESE ES EL DILEMA.

Hugo Betancur

 

No podemos cambiar el curso del viento sin poner una sólida barrera que lo contenga y lo desvíe hacia donde queremos. No podemos evitar que la lluvia caiga, a su modo, con su ruido y su ritmo -solo podemos guarecernos o permitir que nos empape. No podemos apagar el sol, candente o tibio sobre nuestra piel. No podemos impedir, que la noche vaya sombreando las cosas hasta cubrirlas con su manto oscuro que solo la luz que ilumine puede descorrer. No podemos retornar al tiempo ido ni a los sucesos pasados que ya son solo retazos de historia, para intentar rehacerlos. No podemos deshacer nuestras actuaciones como virtuosos o decadentes personajes recitando nuestros monólogos y personificando nuestros dramas y tragedias -una vez terminada la función los actores se retiran y empieza a correr después un espectáculo distinto donde quizá tengamos un papel protagónico o secundario loable según la trama preparada.

Los cambios que podamos hacer solo son posibles para nosotros en el presente, si tenemos la opción de reparar o corregir nuestros errores en las acciones y relaciones, o si podemos cambiar el enfoque de nuestras mentes hacia la percepción correcta -el discernimiento de que todas las circunstancias tienen sus causas previas inmodificables y sus consecuencias posteriores que algunas veces no nos es posible enmendar para nuestro bienestar o el de otros. El futuro está siempre lejos, siempre inalcanzable, y los vivientes disponemos solo del presente para nuestras acciones y realizaciones.

Vuelan los pájaros sobre la vegetación y se van. A veces vuelven y pincelan el aire con sus plumajes que dan visos a la luz. Se posan en las ramas y cantan, silban, gorjean, trinan. No se quedan porque son aves de paso.

Surgen las flores de los tallos y sobre los cálices se explayan los pétalos con sus tonalidades de colores exuberantes que se marchitarán en unos días. Caen las hojas de los árboles y el viento cruza libremente entre sus ramas desnudas

Calienta el verano que luego será reemplazado por el invierno gris y frío en los países de dos estaciones.

Puede suceder que parejas optimistas y joviales dejen de serlo y se tornen disonantes y conflictivas, como adversarios que confrontan sus fuerzas; o puede suceder que seres humanos distintos emprendan relaciones de cordialidad y servicio mutuo que logren vencer los imperativos de sus egos.

Cambian nuestros cuerpos cuando envejecemos menguando su vigor y quizá nuestras mentes puedan cambiar también mejorando su entendimiento de lo que llamamos realidad y desligándose de las culpas y de las condenas por lo que fue.

El horizonte aparece por días amarillento y rojizo al atardecer, acogedor a nuestra vista, y otros días aparece plomizo y desolador

Lo de nosotros es pasar, cambiando según nuestras experiencias y aprendizajes y celebrando la vida si es nuestra ventura, o rehusando cambiar con nuestras mentes fijas en un fracaso imaginado o en un sufrimiento reverenciado si es nuestro infortunio.

Fluir y resolver son acciones apremiantes cuando las circunstancias nos doblegan; si las hacemos prontamente nos deshacemos de su lastre y nos desenganchamos de los conflictos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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TO BE OR NOT TO BE” -Ser o no ser-, es la primera línea de un monólogo de la obra Hamlet de William Shakespeare, en el acto tercero, escena primera. Esta frase la ejemplificamos como una manifestación momentánea de incertidumbre y confusión mental que alguien puede padecer afectado por acontecimientos imprevistos y trágicos de su existencia.

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