EL PENSAMIENTO:
elaboración subjetiva de nuestras mentes.
Hugo Betancur
El pensamiento es sólo una elaboración subjetiva de nuestras mentes con
ideas e imágenes, propias o ajenas. Es una conformación que realizamos en el
presente utilizando como recursos los contenidos de nuestra mente.
Esos contenidos son datos recogidos y procesados por cada personalidad a
lo largo de su particular existencia y guardados según sus condiciones
peculiares y según la trascendencia que han tenido para cada uno; provienen de
eventos y relaciones en que participamos –vivencias de cada instante
convertidas luego en experiencias y recuerdos- y que hemos incorporado a
nuestra memoria e identidad.
A través de esas relaciones asumimos, adoptamos o establecemos unos
sistemas de creencias que determinan nuestra perspectiva o panorama de la vida.
Estos sistemas pueden ser abiertos -reciben y aportan, por lo que pueden
adaptarse al movimiento constante de la vida e integrarse a su ritmo
progresivo-; o pueden ser cerrados –reciclan y repiten sus monótonos
procedimientos sin mostrar disposición al cambio y al aprendizaje. Quienes
adhieren a sistemas de creencias cerrados se comportan de manera excluyente y
marginal y tienden a discriminar a otros que no parecen compatibles con ellos.
Y pueden ser discriminados como contrapartida.
Cada ser humano tiene los sistemas de creencias que puede tener, algunos
muy limitados y exiguos, ajenos y muy anticuados; otros muy amplios y ricos en
opciones, apropiados y actuales.
Si nuestros sistemas de creencias no son armoniosos con los escenarios
donde representamos nuestros dramas, y con los demás actores, nos sentiremos
insatisfechos y confundidos.
Los sistemas de creencias que son compartidos por masas de seres humanos
probablemente son derivados de grupos sociales o de manifestaciones culturales
de influencia u origen común.
Nuestros pensamientos son ideas que elaboramos, relacionadas con
atributos que aplicamos a algo o a alguien. Los movimientos de la vida y los
movimientos de nuestros pensamientos son relaciones.
Habitualmente interpretamos pensamientos, ideas e imágenes como
conceptos afines. Podemos definir los pensamientos como vagos o como concretos
–estos últimos nos permiten conformar las ideas concisamente y comunicarlas sin
ambigüedad.
Los procesos de pensamiento son subjetivos. El pensamiento y el pensador
son uno. Algunos investigadores de la física cuántica concluyen que “la
presencia del observador hace posible que lo observado aparezca en su mente”.
Algo así como que, si el disco duro central o cerebro del computador no tiene
grabados programas que puedan leer la información que viene de afuera, la
maquina no está en capacidad de transcribir los códigos magnéticos a datos
visibles, audibles o táctiles.
Objetivamente podemos considerar que el pensador y su pensamiento son
divergentes o contradictorios si percibimos que el discurso de aquel no es
coherente con sus acciones.
Escuchamos a veces mandatos insistentes dirigidos a seres humanos
apabullados o deprimidos, o que son calificados por otros o por ellos mismos
como ‘fracasados’ para pedirles que modifiquen el curso de sus vidas: “Piensa
positivamente”, “Cambia tu manera de pensar”, “Deja tus pensamientos
negativos”.
Algunos autores de libros de circulación millonaria enfocaron sus
argumentos y narraciones en lo que denominaron “técnicas de pensamiento
positivo”. Considero que la aplicabilidad de los resultados o prodigios de sus
métodos está supeditada a la disposición de sus adeptos a desprenderse de los
lastres de sus mentes y a emprender otras pesquisas que les lleven a opciones
constructivas que no habían elegido antes. Los cambios que ellos logren en su
entendimiento y en los sistemas de creencias subordinados o estancados e
insuficientes que habían mantenido, son su liberación y los ponen en el umbral
de unas relaciones cooperativas y mutualistas con los demás que impulsan su
evolución.
Podremos darnos cuenta que no es posible
cambiar nuestros pensamientos de negativos y gregarios a positivos y autónomos
si no logramos cambiar nuestra mentalidad -la base de datos o información con
que nos relacionamos con la vida.
Agregando otros conocimientos a nuestras mentes podremos interactuar con
el entorno y con los seres vivos más eficientemente, lo que no logramos con lo
conocido –nuestro intelecto o racionalidad o nuestro archivo de memoria,
rumiando los viejos saberes -lo que nos deja estancados, apagados, sin
iniciativa.
Mientras rendimos culto a la tradición y al pasado, podemos ver largos y
sombríos períodos de retraso en nuestra historia humana porque grandes
colectividades fueron mantenidas en la ignorancia y en la pobreza, conformes,
lentas y controladas por élites que si accedieron a un entrenamiento de sus
mentes en disciplinas y profesiones u oficios que les permitieron progresar y
superar competitivamente a aquellos que rendían sus vidas bajo sus yugos.
Pensar positivamente, o con sabiduría, o con inteligencia –adaptación
más aprendizaje más creatividad- requiere que hagamos cambios constantes en
nuestras mentes y que fluyamos dinámicamente con los ritmos de la vida.
Si el pensador no cambia, los procesos de su mente siguen siendo
monótonos, reiterados, alimentados por la misma base de datos que los hace
imperativos y mecánicos. Tal como adaptarse a una sociedad que fluye en torno a
las enfermedades nos hace vulnerables a enfermarnos, así mismo, conservar
intactos los sistemas de creencias destructivos, disociadores y precarios nos
predispone a mantener nuestras mentes en la confusión y en la distorsión y a
fluir bajo una creatividad restringida y pobre aunque la vida ponga a nuestra
disposición sus manifestaciones exuberantes y de progreso natural, que
desdeñamos por seguir nuestros guiones y procesos de acción habituales y
lánguidos.
La indagación sobre lo externo y sobre nosotros mismos puede llevarnos a
identificar actitudes, comportamientos y nexos inconvenientes que tenemos con
lo que nos rodea y con los seres vivos. Podemos alcanzar una visión o
consciencia propia que nos permita decidir propósitos de cambio y ejercer la
voluntad en acciones de transformación.
Sin ese propósito constructivo y sin un estado de consciencia que libere
nuestra energía, seguiremos siendo espectadores de lo que va pasando; ningún
pensamiento positivo constante y renovador puede surgir de esas ruinas donde
envejecemos y nos consumimos irremisiblemente.
Hugo Betancur (Colombia)
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