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viernes, 1 de mayo de 2026

Según nuestra mentalidad elaboramos nuestros pensamientos.

                                                                                                                 Zytglogge,en_BERNA-Zyt,tiempo,_y_Glogge,reloj

EL PENSAMIENTO:

elaboración subjetiva de nuestras mentes.

Hugo Betancur

 

El pensamiento es sólo una elaboración subjetiva de nuestras mentes con ideas e imágenes, propias o ajenas. Es una conformación que realizamos en el presente utilizando como recursos los contenidos de nuestra mente.

Esos contenidos son datos recogidos y procesados por cada personalidad a lo largo de su particular existencia y guardados según sus condiciones peculiares y según la trascendencia que han tenido para cada uno; provienen de eventos y relaciones en que participamos –vivencias de cada instante convertidas luego en experiencias y recuerdos- y que hemos incorporado a nuestra memoria e identidad.

A través de esas relaciones asumimos, adoptamos o establecemos unos sistemas de creencias que determinan nuestra perspectiva o panorama de la vida.

Estos sistemas pueden ser abiertos -reciben y aportan, por lo que pueden adaptarse al movimiento constante de la vida e integrarse a su ritmo progresivo-; o pueden ser cerrados –reciclan y repiten sus monótonos procedimientos sin mostrar disposición al cambio y al aprendizaje. Quienes adhieren a sistemas de creencias cerrados se comportan de manera excluyente y marginal y tienden a discriminar a otros que no parecen compatibles con ellos. Y pueden ser discriminados como contrapartida.

Cada ser humano tiene los sistemas de creencias que puede tener, algunos muy limitados y exiguos, ajenos y muy anticuados; otros muy amplios y ricos en opciones, apropiados y actuales.

Si nuestros sistemas de creencias no son armoniosos con los escenarios donde representamos nuestros dramas, y con los demás actores, nos sentiremos insatisfechos y confundidos.

Los sistemas de creencias que son compartidos por masas de seres humanos probablemente son derivados de grupos sociales o de manifestaciones culturales de influencia u origen común.

Nuestros pensamientos son ideas que elaboramos, relacionadas con atributos que aplicamos a algo o a alguien. Los movimientos de la vida y los movimientos de nuestros pensamientos son relaciones.

Habitualmente interpretamos pensamientos, ideas e imágenes como conceptos afines. Podemos definir los pensamientos como vagos o como concretos –estos últimos nos permiten conformar las ideas concisamente y comunicarlas sin ambigüedad.

Los procesos de pensamiento son subjetivos. El pensamiento y el pensador son uno. Algunos investigadores de la física cuántica concluyen que “la presencia del observador hace posible que lo observado aparezca en su mente”. Algo así como que, si el disco duro central o cerebro del computador no tiene grabados programas que puedan leer la información que viene de afuera, la maquina no está en capacidad de transcribir los códigos magnéticos a datos visibles, audibles o táctiles.

Objetivamente podemos considerar que el pensador y su pensamiento son divergentes o contradictorios si percibimos que el discurso de aquel no es coherente con sus acciones.

Escuchamos a veces mandatos insistentes dirigidos a seres humanos apabullados o deprimidos, o que son calificados por otros o por ellos mismos como ‘fracasados’ para pedirles que modifiquen el curso de sus vidas: “Piensa positivamente”, “Cambia tu manera de pensar”, “Deja tus pensamientos negativos”.

Algunos autores de libros de circulación millonaria enfocaron sus argumentos y narraciones en lo que denominaron “técnicas de pensamiento positivo”. Considero que la aplicabilidad de los resultados o prodigios de sus métodos está supeditada a la disposición de sus adeptos a desprenderse de los lastres de sus mentes y a emprender otras pesquisas que les lleven a opciones constructivas que no habían elegido antes. Los cambios que ellos logren en su entendimiento y en los sistemas de creencias subordinados o estancados e insuficientes que habían mantenido, son su liberación y los ponen en el umbral de unas relaciones cooperativas y mutualistas con los demás que impulsan su evolución.

Podremos darnos cuenta que no es posible cambiar nuestros pensamientos de negativos y gregarios a positivos y autónomos si no logramos cambiar nuestra mentalidad -la base de datos o información con que nos relacionamos con la vida.

 Agregando otros conocimientos a nuestras mentes podremos interactuar con el entorno y con los seres vivos más eficientemente, lo que no logramos con lo conocido –nuestro intelecto o racionalidad o nuestro archivo de memoria, rumiando los viejos saberes -lo que nos deja estancados, apagados, sin iniciativa.

 Mientras rendimos culto a la tradición y al pasado, podemos ver largos y sombríos períodos de retraso en nuestra historia humana porque grandes colectividades fueron mantenidas en la ignorancia y en la pobreza, conformes, lentas y controladas por élites que si accedieron a un entrenamiento de sus mentes en disciplinas y profesiones u oficios que les permitieron progresar y superar competitivamente a aquellos que rendían sus vidas bajo sus yugos.

Pensar positivamente, o con sabiduría, o con inteligencia –adaptación más aprendizaje más creatividad- requiere que hagamos cambios constantes en nuestras mentes y que fluyamos dinámicamente con los ritmos de la vida.

Si el pensador no cambia, los procesos de su mente siguen siendo monótonos, reiterados, alimentados por la misma base de datos que los hace imperativos y mecánicos. Tal como adaptarse a una sociedad que fluye en torno a las enfermedades nos hace vulnerables a enfermarnos, así mismo, conservar intactos los sistemas de creencias destructivos, disociadores y precarios nos predispone a mantener nuestras mentes en la confusión y en la distorsión y a fluir bajo una creatividad restringida y pobre aunque la vida ponga a nuestra disposición sus manifestaciones exuberantes  y de progreso natural, que desdeñamos por seguir nuestros guiones y procesos de acción habituales y lánguidos.

La indagación sobre lo externo y sobre nosotros mismos puede llevarnos a identificar actitudes, comportamientos y nexos inconvenientes que tenemos con lo que nos rodea y con los seres vivos. Podemos alcanzar una visión o consciencia propia que nos permita decidir propósitos de cambio y ejercer la voluntad en acciones de transformación.

Sin ese propósito constructivo y sin un estado de consciencia que libere nuestra energía, seguiremos siendo espectadores de lo que va pasando; ningún pensamiento positivo constante y renovador puede surgir de esas ruinas donde envejecemos y nos consumimos irremisiblemente.


Hugo Betancur (Colombia)

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Las consecuencias o los frutos de lo que hacemos.



LO QUE HACEMOS

 

Hugo Betancur

 

Eckhart Tolle es un emisario más en un tiempo en que los mensajes pueden ser divulgados instantánea y globalmente. Expone sus ideas como un gurú circunstancial que describe sus percepciones sobre los procesos de la mente y las relaciones de los seres humanos. Sus reflexiones son coherentes con la interacción relativa propia de todos los fenómenos de la vida y de todos los seres vivos entre sí: todos somos afectados por lo que va sucediendo.


Imaginemos que nos ubicamos sentados entre los extremos, inicial y final, de un círculo de enormes fichas de dominó, colocadas enfrentadas, verticales, paralelas y consecutivas. Empujamos un lado y las piezas van cayendo secuencialmente por la inercia del movimiento. Cuando termina este ciclo, la última ficha nos cae encima. Así mismo ocurre en la vida donde unos eventos realizados ocasionan consecuencias inevitables posteriores o repercuten como iniciadores de eventos concatenados o resultantes.

 

Este mundo, físicamente, sigue la rutina de la acción y la reacción, la causa y el efecto; mentalmente y energéticamente, sigue otros procesos de sincronía y conformación donde nuestras acciones, en resonancia con la conciencia y las ideas que tengamos, y que otros tengan, pueden producir variaciones fundamentales en lo que aparece después.


[Filosóficamente, recordemos la metáfora de la rueda de la vida del budismo donde unos sucesos y acciones causan eventos derivados -las retribuciones, resultado natural de la ley del karma (causa y efecto), lo que en esa corriente filosófica constituye un principio básico: cada acción intencional (pensamiento, palabra u obra) deja una semilla en la mente que, al madurar bajo las condiciones adecuadas, produce un resultado correspondiente en esta vida o en existencias venideras].

[Deducimos de las enseñanzas de Buda: "Todos los fenómenos psicológicos y físicos que constituyen la existencia individual son interdependientes y se condicionan mutuamente unos a otros..." que es lo que nos atrapa en el samsara. “The Encyclopedia of Eastern Philosophy and Religion”].


Jiddu Krishnamurti nos enseñó en el siglo pasado –siglo XX- que el observador es lo observado: lo de afuera es un reflejo de su mente, una proyección que su percepción le devuelve, tan confusa o tan nítida según como como sea su capacidad de enfoque.

 

Y cada observador solo puede mirar desde una posición presente y actual de su mente –correspondiente al momento de su vida y de su personalidad: lo que cada uno representa en este plano de manifestación (su personaje y sus papeles), las condiciones de que disponga (su psicología particular) y el sistema de creencias con que interpreta lo que aparece en su mente (sus instrumentos de relación y de comprensión).

 

Una visión confiable requiere un observador entrenado y consciente de sí y de lo que avizora y que tenga perspectivas diferentes que le permitan contemplar aspectos distintos de lo que percibe como realidad.

 

Nos enseñó también Jiddu Krishnamurti que este es un mundo de relaciones: nuestras vivencias y frutos están supeditados a las relaciones que tengamos, a la forma cómo nos relacionemos, a la disposición que tengamos a cambiar -y por consiguiente a aprender-. Nuestras acciones y relaciones evidencian nuestro dinamismo o nuestro estancamiento en este plano donde la dualidad es un atributo ineludible. Y la repetición mecánica de acciones y comportamientos solo reproducirá un drama monótono reiterado, con actores monótonos, cansados y fatigantes, fácilmente predecibles. 

 


Solo quien supera la rotación mecánica en el círculo (cuando damos vueltas en torno a situaciones no resueltas tal como las polillas revolotean alrededor de la bombilla luminosa en la noche) puede ascender a la evolución autónoma en el plano elíptico, haciendo que su centro de referencia sea creativo y no subordinado, lo que representa un estado de conciencia y de voluntad, de óptima energía –el ingreso al plano elíptico le permite al helicóptero alzar vuelo y desplazarse por el amplio cielo.

 

El movimiento en el círculo horizontal es restringido y de mínima energía, subyugado por los hábitos y los dogmas de cada uno –quien cree dominar con los dogmas que impone es a la vez esclavo de lo que propugna como algo estático; el esclavo más confundido es aquel que sueña con ser amo y no con alcanzar su libertad y el amo más feroz e implacable es aquel que no reconoce la libertad de otros porque la tradición y su propia ignorancia le han condenado al autoritarismo y a la soberbia –que serán sus elementos de opresión si ejerce una jerarquía, y fungirá entonces como un ser humano destructivo y disociador (aunque se describa a sí mismo como un bondadoso y abnegado líder). 

 

Fenómenos cotidianos de enfermedades orgánicas y de distorsiones en los procesos de la mente como la depresión y otros trastornos afectivos y de comportamiento están relacionados con estancamientos en torno a eventos vitales a los que los pacientes se sienten atados: ellos siguen girando repetitivamente en torno a un significado estático y doloroso o conflictivo que le han dado a situaciones y relaciones de sus vidas que les siguen perturbando porque no han logrado resolverlos –y los fármacos no tienen ninguna acción sobre los contenidos de sus psiquis, son sólo sustitutos efímeros y deletéreos de una acción necesaria e insustituible que es su propio proceso de comprensión y de liberación y que ninguno puede hacer por ellos.

 

El Dalai Lama Tenzin Giatso, Jiddu Krishnamurti, Elizabeth Kübler-Ross, Eckhart Tolle, Deepak Chopra, Wayne Dyer, Neale Donald Walsch, Caroline Myss, Esther y Jerry Hicks, Bárbara Ann Brennan, Helen Schukman, Louise Hay. Mahatma Gandhi, Martin Luther King, son algunos de los voceros ejemplares de un entendimiento inteligente y evolutivo adecuado para promover los cambios requeridos, para accionar las revoluciones imperativas de este siglo XXI, junto con una vasta profusión de textos trasmitidos –Un Curso de Milagros y el Pathwork como representativos.

 

Y como todo lo que este mundo alberga, la polaridad exige sus tributos o retribuciones: la sujeción a un sistema de creencias nos lleva a pensar que lo que identificamos como opuesto es menos válido y que debemos rechazarlo y discriminarlo negativamente; nos mostramos entonces como fanáticos hostiles y desafiantes cuando la vida nos pide flexibilidad, adaptación y benevolencia; haciéndonos jueces innecesariamente, nos negamos la paz que es el puente certero para nuestra armonía y para una sabia comunicación con nuestro entorno y con los demás seres vivos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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lunes, 27 de abril de 2026

Manías y maníacos


                                                      Maletas pendiendo de cuerdas. Foto por Diana Valderrama B.

MANÍAS                        

(Cuando damos más importancia a nuestras actividades y creencias que a las relaciones reciprocas concertadas).

 

Hugo Betancur

 


Las manías son ideas fijas; quienes las padecen hacen un culto rutinario a su ejecución precisa e inaplazable.

 

Necesariamente los seres humanos maniacos actúan conflictivamente.  Los demás deben cumplir rígidamente las condiciones que ellos les imponen.

 

Vemos a los maniacos empeñadas en un riguroso ordenamiento de objetos y ambientes, y en una actitud constante de voraz vigilancia sobre los demás.

 

Cuando alguien actúa en una forma diferente a la que los maniacos han establecido como aceptable o adecuada, estos se muestran inconformes y hostiles.

 

Normalmente, como una característica destacada de su personalidad, los maniacos se consideran a sí mismos como autoridades; por  esa razón intentan oprimir a otros exigiéndoles que se ajusten a sus normas y pretensiones. (Si los maniacos ocupan una jerarquía superior dentro de la rutina social o laboral, su autoritarismo se desmanda).

 

Si los maniacos no pueden imponer sus condiciones porque en su escenario otros tienen un rango más elevado que el suyo, entonces protestan veladamente, o se sienten víctimas de ellos, o adoptan estrategias para convencerlos sobre los valores y conveniencias de su particular estricta elección.

 

En su extremado celo por preservar sus manías, se tornan previsivos y pedagógicos y aleccionan a los posibles infractores de sus requisitos, advirtiéndoles sobre los riesgos que podrían afrontar si no proceden en la forma que ellos consideran correcta.   Les ilustran claramente sobre cómo proceder para evitarles frustraciones y enojos.

 

     Los maniacos adquieren rasgos de inflexibilidad en defensa de sus obsesiones.  Se tornan intolerante y recelosos, y tienden a recordar con resentimiento, amargura o expresiones de reproche las acciones de los demás que no se ajustaron a los moldes de sus expectativas -y pueden llegar al extremo de tomar venganza como reacción de castigo contra los transgresores de sus demandas. 

Sus relaciones se tornan tirantes.  Quienes rodean a estos seres humanos caprichosos adoptan conductas imprevistas: algunas veces, tolerantes como estrategia para una interrelación cordial; otras veces, fingidamente obedientes; ocasionalmente, abiertamente reactivos y de franca oposición cuando las circunstancias parecen caóticas. 

Siempre los maniacos restringen las actividades de quienes comparten sus espacios con ellos.  Traen del pasado una carga de rituales obligatorios en sus mentes.  Se niegan sistemáticamente la opción de fluir libre y espontáneamente con su prójimo en relaciones de respeto, solidaridad, comprensión y entendimiento equitativo.  

Objetivos y creencias parecen volverse tan prioritarias para ellos que responden a las manifestaciones de otras personas con ademanes y expresiones disociadoras y desdeñosas –hasta con actitudes arrogantes y desafiantes cuando su vano ego se desenfrena. 

Cada situación que atraviesan y cada manía que repiten alteran su desempeño. 

Ninguna persona cambia si no ha establecido ese propósito en su mente.   Normalmente, las personas aquejadas por este padecimiento carecen de una consciencia autocrítica que les permita verse a sí mismas en sus relaciones, o son demasiado egocéntricas, o tienen un bloqueo hacia la comunicación y rehúsan el diálogo constructivo con los demás. Con frecuencia encontramos en estas personas una sobrevaloración inadecuada de sí mismas y un complejo de superioridad –que realmente es solo jactancia- que las lleva a exigir el culto a sus personalidades y un reconocimiento adulador de los demás. 

Con el transcurso del tiempo, la infelicidad ensombrece las vidas de los seres humanos que adoptan esta monótona y deplorable tendencia maníaca, lo que obliga a sus allegados a interactuar cautelosa y prudentemente junto a ellos. 

Cuando se vuelven incontrolables y perturbadores, los maniacos, por su voluntad o por la presión de sus allegados, acuden a una evaluación médica. Inevitablemente son diagnosticados con alguno de los ítems previstos en el capítulo de trastornos afectivos y del comportamiento. Posiblemente reciban una prescripción de fármacos que actúan sobre el cerebro para bajarles el ímpetu y refrenar las expresiones desaforadas que sus mentes no lograron resolver con ecuanimidad.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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CLASIFICACIÓN DE ENFERMEDADES MENTALES CIE-10

F30-39 Trastornos del humor (afectivos)

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