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lunes, 5 de marzo de 2012

La paz es una acción, no un ideal abstracto.





LA PAZ QUE NACE DEL ENTENDIMIENTO

Por Hugo Betancur M.D.

La señal más evidente de que seguimos un proceso armonioso es la aceptación de las acciones de los demás como su adecuada e inevitable expresión de vida y la aceptación de nuestras acciones como nuestra adecuada e inevitable expresión de vida.

Esta aceptación no significa que estamos de acuerdo con los actos y comportamientos destructivos de otros seres humanos; es un entendimiento de que lo que hacen deriva de las características de sus personalidades y de las circunstancias de sus existencias. Cada uno es lo que es: "6Por sus frutos los conoceréis, y ellos se conocerán a sí mismos”.*

Actuar así nos lleva a la paz y al respeto.

Sin embargo, todas las sociedades deben disuadir, contener, y neutralizar e impedir las acciones de individuos o grupos que actúen violentamente pretendiendo imponer sus intereses particulares.

Como integrantes de la humanidad podemos entender que todo acto violento o destructivo ejecutado contra seres humanos para obtener una utilidad o para subyugar o para satisfacer un propósito egoísta es un acto que afecta al conjunto.

Las mayores tragedias de nuestra historia han empezado como actos violentos aislados contra individuos, que fueron después metódicos y sistemáticos ataques contra grupos o comunidades.

No hay efecto sin causa, ni resultados sin antecedentes.

La paz, como fundamento de convivencia, debe ser acatada como un deber y como un derecho humano fundamental.

Manifestamos nuestros procesos de vida en las relaciones, igual que lo hacen los demás. Hemos crecido bajo las condiciones y hábitos de la sociedad a la que hemos pertenecido, que influyen en los contenidos de nuestras mentes.

A eso le agregamos que cada mente que dirige las acciones individuales sigue un sistema de creencias y unos propósitos propios que corresponden a su historia particular.

El operador, quien actúa, sólo tiene una opción para elegir y es la que realiza limitado a sus condiciones subjetivas y a los antecedentes que ha incorporado.

Aunque los observadores o quienes pretenden juzgarlo refieran que hay muchas opciones distintas, el operador está impulsado a actuar según su percepción y su voluntad, que lo llevan a la elección que asume.

Sólo cuando entendemos nuestras experiencias y somos conscientes del efecto que nos causaron y que causaron a otros, podemos modificar nuestras actitudes y comportamientos. Entonces la consciencia y el propósito pueden guiar nuestros cambios.

Un aforismo antiguo enseña: "debes haber recorrido los senderos de aquellos a quienes pretendes juzgar para comprender las acciones de sus vidas".

Los tontos actúan como tontos y los sabios como sabios según la mente que dirige cada vida, y la adversidad puede ser un gran maestro cuando nos damos cuenta que no hemos alcanzado nuestra paz.

Hugo Betancur (Colombia)
* Un Curso de Milagros


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