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lunes, 12 de octubre de 2026

Morir, morirse, una transición cíclica.

 

                                                                                       
                                                                                                             *Reloj astronómico de Praga.

MORIRSE, MORIR, UNA TRANSICION CÍCLICA.

Hugo Betancur


 “Dicen que la muerte comienza en el cerebro

y termina en los pies:

por eso uno se muere caminando,

con la cabeza gacha

y los ojos abiertos a la vida.

“Dicen que el viejo Nicolas

tiene los pies pesados y las manos,

que son de muerto

sus ojos y sus pasos…”

    [Escribió por 1980 mi alter ego Hugo Cuervo].

 

La muerte de los seres vivos es el término de su existencia como entidad biológica. La muerte física es una transición -el organismo vivo cambia de un estado de manifestación reactivo e interactivo a un estado distinto de inercia e inacción y de disgregación. Cuando ocurre la muerte, la estructura material se desorganiza y pierde su autonomía.


La muerte** física significa la desintegración del hálito vital o alma de su vehículo o instrumento biológico de expresión y relación con el entorno y consigo mismo -el alma anima la forma física sólo hasta el momento de la muerte de los organismos (las células y los tejidos que conformaban un conjunto funcional languidecen y se desintegran): lo que fue un ser humano o animal, con sus rasgos de personalidad y sus comportamientos, o lo que fue una fértil planta, se descomponen hasta secarse.


La existencia de cada ser humano es temporal, riesgosa y vulnerable ante los eventos y relaciones en que deba participar.


El poeta colombiano Jorge Artel nos decía “no es la muerte, es el morir lo que nos causa angustia y sufrimiento, es el proceso de contemplar como perdemos la vida sin que podamos hacer nada para evitarlo y sin aceptar la forma como sucede”.


A mi parecer, cada uno de nosotros muere según corresponda a su destino: estamos expuestos a las consecuencias de nuestros actos y de los de otros y experimentamos nuestras vivencias y relaciones limitados por la dualidad posible e imposible que se nos presenta en cada circunstancia -como en las partidas de ajedrez, las jugadas sucesivas tienen unas previsiones y pautas establecidas que restringen o habilitan los movimientos que cada participante puede hacer.


Estamos sometidos a los riesgos y beneficios de las elecciones que asumimos. Según mi entendimiento, nuestras existencias lo mismo que las de la vida general están regidas por la incertidumbre y por la impermanencia (los cambios inevitables, la transitoriedad).


La muerte* de nuestros relacionados nos aparta de ellos por lo que consideramos que los hemos perdido o que nos han sido arrebatados.


La psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross (1926 –2004) identificó cinco etapas psicológicas que podemos atravesar para hacer un duelo sano por la muerte de los seres queridos:


1) Negación y aislamiento: es más o menos una resistencia forzante a aceptar los sucesos –“no acepto esto”, “es injusto que me pase esto” (En los días próximos al acontecimiento, todas las explicaciones que otros puedan dar son insuficientes y poco convincentes).


2) Ira: a la negación le sigue el enojo y el resentimiento, afloran en la mente los “¿por qué?”: - “¿Por qué la vida me arrebató a esta persona tan especial para mí?, ¿por qué tiene que pasarme a mí? (La percepción de victimización surge y no es posible soltarla).


3) Negociación o conciliación. La dificultad de afrontar la realidad está fundamentada en la carga de crisis que trae la situación. El conflicto debe ser resuelto liberando todas las culpas y los juicios de valor que cada uno hace según sus creencias.


4) Depresión. Los sobrevivientes entienden que son infructuosas la negación, las culpas, los lamentos, las protestas, las evasiones -no traen bienestar y paz. Aparece la tristeza como un sentimiento abrumador y penoso que debe ser vivenciado y que debe arder -es algo parecido a esperar y observar como la leña de una fogata se consume cumpliendo la función de calentar o preparar algo sobre las brasas en un recipiente.


El sufrimiento experimentado y la impotencia son el umbral de la última fase o etapa de transición:


5) Aceptación: Nos damos cuenta que no es posible deshacer los eventos y nos disponemos a hacer las paces con la vida tal como se manifiesta. Nuestros apoyos fundamentales son la esperanza, la comprensión, la disipación de las culpas y los juicios.


El viajero cansado reconoce los obstáculos y las penurias del sendero recorrido y se acoge a las tareas del presente.


Quizá sea útil vislumbrar la muerte de los otros con la misma visión de celebración y satisfacción con que contemplamos a los niños que nacen: unos cumplieron ya la compleja construcción de sus historias y deben cerrar sus ciclos de existencia y los otros apenas empiezan a explorar y tantear el mundo tropezando, cayendo, flaqueando, acoplándose a los obstáculos y entrenamientos que les permitan crecer y ubicarse en el nicho disponible para ellos.


Las certezas y los imprevistos nos acosan a medida que avanzamos en nuestros senderos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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             *RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA

El Reloj Astronómico de Praga es el reloj medieval más famoso del mundo. Fue construido en 1410 por el maestro relojero Hanus y perfeccionado por Jan Taborsky en el siglo XVI.

Las figuras de la imagen corresponden a la Muerte (representada como un esqueleto) y a la Vanidad o los Placeres Terrenales (representado como un hombre con un turbante tocando un laúd), ubicadas en los costados del famoso Reloj Astronómico de Praga (Pragský orloj) en la República Checa. [1, 2, 3, 4, 5]

Detalles de las figuras:

·           El Esqueleto (la Muerte): Sosteniendo un reloj de arena y una cuerda o campana, simboliza el paso inexorable del tiempo y recuerda que la muerte llega para todos (memento mori). [1, 2, 3]

·           El Turco / La Vanidad: Vestido con un turbante verde y tocando un instrumento de cuerda (laúd), simboliza la vanidad, la avaricia o los placeres mundanos. En el movimiento mecánico del reloj, esta figura suele mover la cabeza en señal de negación cuando la Muerte tira de la cuerda

En el idioma español abundan las expresiones coloquiales y populares irónicas o burlonas para hacer referencia a la muerte de alguien con frases alegóricas.

Respecto a la enfermedad grave o la agonía que preludia una muerte inevitable y próxima, acostumbramos a decir: “Cuando las patas se hinchan, la sepultura relincha”; “Tiene un pie en la tumba”; “Está dando los últimos pasos”; “La muerte le respira en el cuello”; “Ya viene la pelona”…

Respecto a la muerte que ocurre súbitamente, decimos: “Estiró las patas”; “Colgó los tenis (o los guayos”; “Se quedó tieso”; “Se fue p´al otro lado”; “Le llegó la hora”; “Pasó a mejor vida”; “Se petaquió”;

Dichos populares utilizados para  afrontar los duelos y proseguir las acciones y relaciones del destino de cada uno:

• "A rey muerto, rey puesto": nos enseña que lo pasado ha pasado y que debemos acoplarnos a las situaciones presentes.

También hemos escuchado la expresión “Kaput” (o “kaput”), es un adjetivo coloquial que significa “se terminó”, -aludimos al epílogo de una existencia, y por extensión nos referimos a que algo está roto, estropeado, destruido o que ya no funciona.

La frase latina clásica sobre la muerte dice:

“Mortus est qui non resollat et non patalare potest”. Muerto es quien no respira «resuella» ni se mueve «no puede patalear».

VISION PANORAMICA:

Son muchos los ejecutores de la muerte: las enfermedades crónicas que van menguando la vitalidad y que obligan a quien las padece a revisar lenta y pormenorizadamente su pasado; las enfermedades graves que llegan y cortan el hilo de la vida súbitamente, sin dar tiempo a reflexiones ni a cuidados que preserven la salud; el desgaste progresivo del cuerpo que agota la funcionalidad y la supervivencia; los desastres de la naturaleza que dañan las estructuras físicas; los fenómenos de violencia humana -el suicidio, los homicidios realizados por nuestros semejantes por motivaciones de ira, odio, fanatismo, venganza, discriminación, despojo de pertenencias, celos, defensa, guerras anunciadas como justas por sus promotores e instigadores (los que deben proteger sus vidas, sus propiedades y sus sistemas políticos de los ataques de otros; o los demás, los depredadores en el poder y los militares o los grupos que imponen sus intereses y razones con sus armas y acciones, todos convencidos vanamente de que la violencia que ejercen no se volverá contra ellos como un boomerang lanzado).

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