ITINERARIOS POSIBLES
Hugo Betancur
[Otro
encuentro con Ensí, una pitonisa del presente].
Descanso otra tarde de domingo liberado
del yugo del trabajo. Llevo un largo rato recostado en una silla mecedora del
patio de la casa y he estado repasando el episodio del encuentro con Ensí, la
pitonisa del presente. Paulatinamente me voy sumergiendo en un estado de sueño
profundo.
Es un día de sol y camino otra vez
por la calle empedrada y estrecha del pueblo que visité antes. Me cruzo con un transeúnte
que avanza sin prisa.
-Amigo -le digo en tono de saludo
mientras inclino la cabeza como señal de respeto.
- ¿Cómo se llama este pueblo? -le
pregunto.
-Imaginario -responde con gesto
sonriente y acogedor.
Me dirijo a la casa de Ensí y me
planto frente al portón pirograbado con el árbol de ramas profusas y raíces
abundantes, con sus figuras de pájaros revoloteando alrededor. Observo otra vez
el nombre elaborado en hierro forjado: ENSÍ PITONISA, las dos palabras
separadas por una línea ondulada horizontal, con una leyenda debajo “Leemos el
presente”.
Antes que golpee con los nudillos, la
puerta se abre y aparece Ensí, enfundada en su bata color violeta, hermosa y simpática,
con su cabello negro enmarcando su rostro amistoso.
¡Vamos a caminar! -me propuso.
En las afueras del pueblo llegamos a
una bifurcación de caminos, uno descendía hacia un valle y el otro ascendía
hacia una montaña.
-Te propongo una metáfora -me dijo. Imaginamos
estos dos caminos como una encrucijada: uno lleva al bienestar, a la calma, al
conocimiento a medida que el viajero lo recorre y afronta los retos y
dificultades presentes; el otro lleva al malestar, a la confusión a la preservación
de la ignorancia, a medida que el viajero entra en pugna con su destino y
escapa de los retos y dificultades acogiéndose a los caprichos y la conformidad
de su ego.
-Los observadores no podemos
conjeturar sobre cuál pueda ser uno u otro: solo al transitarlos podemos
descubrir las situaciones y las relaciones que podemos experimentar en cada
tramo del trayecto.
-Cada observador que sincroniza su
mente con lo exterior puede ir afirmando su progreso y sus aprendizajes
mientras cuando va contemplando alternativamente sus percepciones y lo que
percibe en el entorno.
-Los observadores que miran solo
hacia afuera quedan atrapados en el espejismo que sus ojos ansían ver: como los
viajeros extraviados en el desierto que caminan desforzados y desorientados
bajo el sol abrazador, ven imágenes desenfocadas que solo son reales para ellos.
-En el viaje de su existencia, vamos desplegando
las acciones cotidianas como los tendedores de redes desenrrollan de los
enormes carreteles los cables que conducirán la corriente eléctrica. Podemos
cumplir las acciones que nos corresponden o podemos acumularlas sin
resolverlas, dejándolas apiladas como los muebles y las cosas que depositamos en
el cuarto útil o cuarto de los rebujos (lo que en Colombia llamamos el cuarto de los reblujos de
las casas viejas.
-Los viajeros que rehúsan reflexionar
sobre si mismos y sobre sus actos y que solo juzgan lo que ven afuera sin
cotejarlo con los contenidos de sus mentes solo alcanzan a vislumbrar la apariencia
de los hechos y de las cosas.
-Es posible que quien alcance un
conocimiento mas completo y mas cercano a la realidad sea quien alterna la visión
interior con la visión exterior, la visión sobre sí mismo y la visión sobre el
mundo.
Ensí me invito a subir por el camino
de la montaña. En una colina intermedia nos paramos a divisar el paisaje
Hugo Betancur (Colombia)
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