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domingo, 7 de junio de 2026

El destino que simplemente sucede.



EL DESTINO QUE SIMPLEMENTE SUCEDE

Hugo Betancur


Esta fabula sucede un día domingo, después del mediodía. Me he recostado en una silla mecedora del patio de la casa y he entrado en un estado de sueño profundo. Súbitamente me encuentro caminando en un día soleado por una calle de un pueblo pequeño, empedrada y estrecha, con casas de tapia a cada lado, de una sola planta, uniformes y parecidas, con paredes pintadas con cal blanca, con ventanas y puertas de madera entornadas y techos bajos con tejas de barro.


Una de las casas destacaba por un portón enorme de madera que tenía la pirografía de un árbol de ramas profusas y raíces abundantes, con figuras de pájaros revoloteando alrededor; en la mitad del follaje aparecía un nombre en relieve, elaborado en hierro forjado: ENSÍ PITONISA, las dos palabras separadas por una línea ondulada horizontal, con una leyenda debajo “Leemos el presente”. Miré hacia adentro y vi una mujer de estatura mediana de bata color violeta, de piel clara y cabello negro que franqueó la puerta y me invitó a entrar haciendo un ademan hospitalario.


-¡Te esperaba -dijo, mientras me observaba con rostro afable!


-¡Muchas gracias!-respondí. Ni siquiera yo sabía que vendría, ni que te encontraría.


-Cada uno hace lo que le corresponde -replicó. Nadie sabe del futuro.


- ¿Qué significa el grabado de la puerta? -pregunté.


-Es el árbol de la vida, creciendo hacia el cielo y hacia la tierra, con los pájaros en vuelo celebrando su existencia.


La seguí hasta un patio llenos de materas sembradas con plantas de jardín coloridas y exuberantes; me señalo una silla junto a una mesa redonda de madera.


-¡Siéntate!¡Serviré un café!


Observé el interior, las paredes despejadas, sin decorados alusivos a su oficio, la casa casi vacía como la de quien apenas empieza a ocupar sus estancias.


Trajo dos pocillos grandes con café humeante y se sentó enfrente, del otro lado de la mesa. Me miró con simpatía, como si fuera un viejo amigo, sonriendo como si presenciara una situación divertida.


-Los tiempos de la vida convergen en el presente; sabemos algo del pasado porque recordamos vagamente lo que ha sucedido o porque nos han contado algunas historias, pero avanzamos torpemente, como un viajero en la noche oscura y lluviosa; improvisamos nuestros itinerarios y nuestras acciones porque nuestras mentes tienen una escasa consciencia de lo que somos y de las tareas por hacer -me dijo calmadamente, sin enfatizar las palabras, sin cambiar su expresión a rasgos severos o tajantes.


-El futuro solo existe en nuestra imaginación, es un panorama vedado; el presente es nuestro escenario de acción y relación con el ambiente y con los demás seres vivos; el destino de cada a uno simplemente ocurre, obligatorio, inevitable, intransferible; la vida va pasando, con sus atributos de impermanencia e incertidumbre; representamos nuestros personajes y nuestras historias de paso, transitoriamente reales como el viento que rosa nuestros cuerpos, como la tormenta ruidosa y devastadora, como la risa y la tristeza que revelan nuestras emociones de cada momento.


-Llegas aquí para escuchar mi mensaje; como dice la frase del portón, “leemos el presente”.


 -Las puertas del pasado permanecen abiertas: puedes entrar allí con una mente agradecida y festiva a reavivar los episodios gratos y las relaciones amables de tu historia y de la de aquellos que compartieron contigo esos escenarios. También puedes entrar con una mente beligerante y quejosa a reanimar los recuerdos amargos, las relaciones tortuosas, las culpas que ideaste, las situaciones que te causaron sufrimiento y malestar porque no lograste transigir, conciliar y resolver los conflictos eventuales de tu destino.


-Las puertas del porvenir no han sido abiertas: no vayas allí porque las circunstancias que puedes cambiar de tu existencia solo ocurren en el presente. Trata de vivir tan tranquilo como un gato que duerme relajado en el ambiente acogedor de su morada.


-Solamente los santos y los místicos pueden avizorar el porvenir porque sus mentes han aplacado sus egos y porque contemplan los prodigios de la creación con amor y gratitud.


-Si tuviera la capacidad de adivinar tu futuro, todo lo que pudiera contarte solo te causaría confusión y tu actitud sería de incredulidad y desasosiego.


-Cada uno ve el mundo según su disposición a descubrir la realidad y según los contenidos de su mente; una muchedumbre de seres humanos tiene mentes gregarias debido a su ignorancia y a su reticencia a aprender y a cambiar sus creencias, lo que los lleva a seguir a lideres ególatras y ambiciosos que desvalidan sus vidas y su progreso.


Escuche a la pitonisa con gran atención, siguiendo con respeto y avidez las enseñanzas de su mente sabia y de su privilegiada filosofía.


Ensí, la pitonisa, dio fin a sus reflexiones y me acompaño afuera de su vivienda. Caminamos por la calle estrecha hasta una amplia plaza; allí me despidió con un abrazo afectuoso, con la calidez de una amiga que hubiera compartido conmigo episodios memorables del breve y brumoso pasado y que se regocijaba, como yo, de este privilegiado encuentro.


Hugo Betancur (Colombia).

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