Jeff Foster
“DIVINO SUICIDIO:
una caída depresiva como llamada a un despertar”.
[Por favor compartan este ensayo con cualquiera que
crean pueda beneficiarse con esta perspectiva distinta respecto a la depresión,
el suicidio y el despertar].
“Llévame hacia Cypress Hill en mi auto.
Escucharemos hablar a los muertos. Es allá donde hablan. Murmuran como pájaros
en Cypress Hill, pero todo lo que dicen es una palabra, y esa palabra es
"vivir" dicen "¡vivir, vivir, vivir, vivir, vivir!" eso es
todo lo que han aprendido, es el único consejo que pueden dar. Sólo vivir.
¡Sencillo! Una instrucción muy sencilla..."
De
'Orpheus Descending', Tennessee Williams
* * * * * * *
Recientemente estuve hablando con una
mujer que planeaba su propio suicidio. Había pasado las últimas semanas
resolviendo sus finanzas, pagando sus deudas y tratando de encontrar padres
adoptivos para su pequeña hija, quien se quedaría huérfana tras el suicidio de
su madre. Muchas personas trataban de intervenir, pero ella ya estaba resuelta.
Definitivamente iba a morir. Había estado dando amenazas tiempo atrás, pero
esta vez era real.
Sus amigos y familiares entraron en
pánico. Yo acordé hablar con ella.
"Eso es todo. Yo ya terminé
aquí. Mi tiempo en la tierra terminó." me dijo desde un principio, al
comienzo de nuestra primera sesión. Todo se había tornado en un pesar para ella
-su trabajo, sus supuestos amigos, sus relaciones fallidas, su brillante pero
sobre-activa mente, hasta su propia hija-.
Era simple y sencillamente demasiado.
Se encontraba con tanto dolor, totalmente agotada, cansada y exhausta de tratar
de ayudar a la gente todo el tiempo sin recibir nada a cambio. Siempre era ella
quien daba todo a todos, ¿pero quién le daba a ella? ¿Dónde estaba la gratitud,
el amor? Hasta su hija era "tomar, tomar, tomar", sus demandas eran
incesantes. La única salida de este infierno era la muerte. El suicidio era la
única solución lógica al problema de vivir. Su seguro de vida dejaría lo
suficiente a su familia.
Le permití hablar y hablar. Tenía
mucho que decir, y yo sólo dije muy poco. Simplemente me puse de su lado, vi y
sentí todo lo que hizo, le permití experimentar lo que ella esperaba, y permití
que su experiencia se convirtiera en la mía también. Fue fácil ya que yo ya
conocía ese ambiente de cansancio total, ese "he tratado tan duro de
salvar a los demás y nunca he recibido nada" esa desesperación por morir
(o al menos por terminar el pesar de la vida). Y también, comprendía la
sensación de culpa y horrible tristeza que emergía al imaginar a mis seres
queridos tratando de seguir sin mí.
Me mantuve cerca, sin jugar el papel
del "maestro espiritual" o "experto en prevención de
suicidios" o siquiera de "terapeuta”. Ciertamente no le hablé sobre
el no dualismo o la ausencia del "yo", o sobre la perfección de la
presencia o la ausencia del ego. No nos involucramos en discusiones
intelectuales sobre lo Absoluto, y lo Relativo, sobre la ilusión del libre
albedrío o las entradas y salidas de la Unidad. No traté de arreglarla o
consolarla, o siquiera de "salvarla". Simplemente la escuché. Quería
aprender de ella y no enseñarle nada, ni alimentarla con nuevas creencias.
¿Dónde era exactamente que se encontraba en este instante?
Me uní al club de "Nuestras
Vidas Son Agotadoras Y Queremos Liberarnos Ahora", éramos los agotados,
los no amados, los que nadie aprecia, los feos, los gordos, los que estaban al
borde del colapso, los que queríamos morir. Los que nadie entendía. Me pregunto
si alguien ha estado realmente ahí.
Me pregunto si las personas con las
que había hablado sobre su deseo de morir a lo largo de los años -su terapeuta,
sus amigos, su familia- habían estado tratando de salvarla, de cambiarla,
tratando de convencerla a vivir y seguir viviendo del mismo modo, en lugar de
acompañarla y conocerla en su dolor y desesperación, tratando de darle valor a
su experiencia del momento presente. ¿Había alguien que en algún momento la
hubiese realmente conocido? ¿O todos habían sido alejados por la pena y enojo
que ella sentía, o quizás sus propias incomodidades y deseos frustrados de
ayudar?
Hablamos por tres horas. Cuanto más
hablábamos, más me ponía en sus zapatos, escuchando y viendo las cosas desde su
perspectiva, acompañándola sin tratar de repararla o juzgarla en lo correcto o
incorrecto. Cuanto más hacia esto, más se relajaba, abriéndole las puertas a
sus verdaderos deseos y sueños ocultos. Lo que se hizo claro fue esto:
secretamente, lo último que quería era morir. En el fondo, ella sabia quién era
realmente -la consciencia misma- no puede morir. Ella sabia que sólo lo falso
podía morir. Que sólo su imagen podía morir. Que sólo los sueños podían morir.
Lo que realmente deseaba no era una
muerte física, no la muerte del cuerpo, no el cesar de su respiración o de su
latir; quería la muerte de su falsa identidad, la muerte de la pretensión, de
la falta de autenticidad... Del "yo" limitado que pretendía ser. La
reina de bienes raíces, la mujer caritativa, la que "encajaba" con
los demás, la de mente brillante, era meramente falsa. Su vida y la manera en
la que se desarrollaba la estaba sofocando, y hasta este momento, la única
salida que veía estaba en las pólizas de seguros de vida, las casas hogar, la
ayuda psicológica y últimamente en la muerte.
Pronto se hizo evidente que esta
mujer, aunque "muriendo" por fuera, por dentro tenía una rica y
creativa esencia que simplemente no había tenido la oportunidad de expresarse.
Por dentro estaba llena de vida, tan abierta, tan sensible a todo lo que le
rodeaba, tan "amplia" como ella lo describió, "conectada con
todo y todos".
Era una fuerza de la naturaleza, un
libre y salvaje espíritu que se había limitado totalmente a través de los años.
Se había aprisionado para encajar en una idea de segunda mano sobre lo que se
consideraba normal, correcto, apropiado o verdadero. Había vivido "la vida
incorrecta" por así decirlo. Una muerta y agotada vida de dinero, números
y predicciones que estaba destruyendo a la exploradora, aventurera, poeta,
visionaria que llevaba dentro... Esta buscadora espiritual... Esta peregrina de
gran corazón que realmente era.
La parte limitada de ella quería
morir, pero el "Gran Yo", como dijo ella, deseaba ser liberado.
Y a pesar de que este no es mi
lenguaje (rara vez hablo de un "Gran Yo" o de estar Alineado con El
Universo) sabia que quería realmente conocerla. Tenía que entrar en su mundo,
en su lenguaje... Y quedarme ahí. Sin parpadear por un instante.
Cuanto más entendida, escuchada y no
juzgada se sentía, más se relajaba y más hablaba abiertamente sobre sus deseos
secretos de viajar, de explorar, de transitar en lo desconocido sin un mapa.
Hablaba con una pasión creciente
sobre momentos en los que se había sentido libre, viva y despreocupada. Había
una aspiración de regresar a la simplicidad. Había un fuego en ella que ardía
del amor que había sido sofocado por los intentos de "encajar".
Su depresión suicida había sido un
aviso a la vida. El dolor causado al oír la sofocación le había parecido un
desesperado deseo por morir. Pero realmente no lo era, ¿o si? ¡Era el deseo de
vivir! ¡Un deseo de más vida!
Deseaba vivir, verdaderamente vivir.
Ya no quería sofocarse bajo el peso de una falsa imagen. Sólo alguien
desesperado por vivir podría experimentar la desesperación por morir. Cada
célula de su cuerpo deseaba terminar la pretensión, la falsedad y los sueños
vividos a medias. Querían abrirse a la vida, a su escorzo y belleza. No quería
morir, quería vivir de una manera real.
¿Cómo se vería en una vida real y sin
miedos? Tenía una mente brillante y un corazón abierto que habían sido
cubiertos y desperdiciado por los negocios de bienes raíces.
Comenzamos a explorar toda
posibilidad realista para que vendiera su casa y se embarcara hacia lo
desconocido con su amada hija ("mi ángel mandado del cielo"). Siempre
había querido viajar a Nueva Zelanda, trabajar, construir una vida ahí. Vivir
una existencia más simple y verdadera... Quería que su hija estuviera rodeada
de gente, paisajes y posibilidades que enriqueciera su alma. ¿Podría hacerse
realidad su sueño? ¿Sería eso posible?
Estaba claro que amaba a su hija.
Estaba claro que quería que su hija viviera, creciera y aprendiera la verdad.
Si fuese a poner a su hija en una casa hogar, y después cometer suicido -que
había sido su plan por varios años hasta ahora- le hubiese estado enseñando
meramente limitaciones a la persona que más amaba. Hubiese estado enseñando
algo falso, algo irreal. Le hubiese estado enseñando a cerrar oportunidades en
lugar de abrirlas. Hubiese estado enseñando muerte, en lugar de vida. No
hubiese estado enseñándole la verdad.
El suicidio sería una enseñanza
falsa, una manera irreal de vivir y de no vivir. Ella sabía esto en el fondo de
su ser.
Si no se suicidaba, si dejaba que su
cuerpo viviese, -y por otro lado mataba al yo irreal, dejando de pretender ser
alguien que no era, dejando su trabajo y su vida actual que destruía su
espíritu- y entonces se embarcaba en lo desconocido, abriéndole la puerta al
misterio del universo, podría finalmente convertirse en la madre ( y hermana e
hija y amiga y amante) que tanto había deseado ser, esa que enseñaba a vivir si
miedos, a ser real, a no rendirse... hasta cuando uno está cansado .
Ya no estaba dispuesta a ser "la
cansada, la que desea la libertad de toda responsabilidad". Ahora sería
totalmente, completamente, increíblemente responsable -en todo el sentido de la
palabra- capaz de responder a la vida, a su hija, a sí misma. Capaz de responder
la llamada que rechazó por tanto tiempo.
Era el no hacerle caso a la vida lo
que la estuvo lastimando todos esos años. El deseo de la muerte y la certeza
del suicidio en realidad eran una llamada de la vida, gritando una y otra vez
"¡vive, vive, vive!"
¿Escucharía esta llamada, ahora que
casi todo estaba perdido?
De repente, todo se aclaró. Ya no
había opción. Sabía que hacer. Sabía lo que la vida estaba tratando de decirle.
Siempre lo había sabido. Si, se iba a matar, pero no en el sentido que su mente
se había imaginado. Iba a matar a su yo viejo, a su yo limitado, a su yo falso.
¡Eso era el suicidio verdadero! ¡Eso era la vida llamándole!
Iba a terminar con una vida que se
había convertido en vana, sin sentido, vacía... Y lo más importante, se había convertido
en una vida incorrecta, para ella y para sus seres queridos. Una vida que la
había convertido en algo que ella ya no soportaba. Ahora, se dirigía a lo
desconocido con su amada hija, y con sus corazones abiertos a posibilidades.
Esto ya no era una decisión mental. Esta no era una conclusión basada en el
miedo. Esto era el alivio total. Esto era hundirse en la profunda realidad de
sí misma... Esto era honrar la vida. Esto era un descanso profundo.
Su "mente brillante” sólo había
podido llegar a la conclusión del suicidio. Había creído que había una opción
entre la vida y la muerte, y había escogido la muerte. ¿Pero qué era lo que la
mente sabía? La verdad de su ser sólo estaba diciendo: VIVE. La mente nunca
hubiese podido comprender esto.
No había más opción que vivir.
A la mañana siguiente, me di cuenta
que su aventura ya había comenzado. Ya había estado empacando, haciendo
arreglos, vendiendo cosas que ya no quería, preparándose para su nueva vida.
Una vida de libertad, posibilidad y novedad. Ya no se preparaba para la morir
si no, para vivir más. De algún modo, era suicidio todavía, -pero un tipo de
suicidio divino- el suicidio de lo falso.
De cualquier manera, todavía le
quedaban muchas cosas por hacer, tantas cosas que planear, tantas cosas que
resolver -muy parecido a lo de antes- pero ahora ya no estaba cansada, ya no
estaba deprimida por todo ese quehacer, ya que todos los quehaceres eran
verdaderos. Estaba haciendo lo que quería, lo que amaba... Sin esperar que los
demás le "dieran algo a cambio".
La relación con su hija cambió de la
noche a la mañana. Ahora era obvio que su hija jamás fue un bloque contra su
libertad o una coladera por donde se fuese su energía, mucho menos la razón de
sus deseos de morir. Su hija era su acompañante, ¡una parte de este suicidio
divino! Ahora, su hija ya no estaba "impidiéndole" vivir la vida que
siempre había querido. Ahora, era parte de exactamente esa vida. . Ya no era
"su vida" contra "la mía", ahora era simplemente Vida. Esta
vida. Nuestra vida.
Yo no le enseñé nada a esta mujer. En
realidad, no había "hecho" nada. Yo no tengo teorías psicológicas
astutas. Simplemente la escuché profundamente, para así recordarle lo que ella
siempre supo. Al escucharla, simplemente le reflejaba su propia realidad Y para
que así pudiera escucharla por primera vez. Mediante la devastación y la
destrucción total, se había creado un espacio para que su verdad emergiera.
Es interesante que la palabra
"deprimido" en ingles (depressed) suena muy similar a un
"descanso profundo" (deep rest). Podemos ver la depresión no como una
enfermedad mental si no, en un nivel más profundo, como un estado de descanso
al que se entra cuando estamos completamente exhaustos por el peso de una auto
definición (falsa) de nuestra historia. Es una pérdida subconsciente de interés
por lo superficial. El deseo de la falsedad por morir. Este deseo debe ser
honrado en lugar de medicado, meditado o analizado.
Es impresionante lo que se puede
desarrollar naturalmente cuando la depresión y el deseo de morir (que en
realidad es un deseo de descanso) son verdaderamente honrados y acogidos, sin
que se ignore o esquive el dolor.
Es increíble lo que puede ocurrir
cuando uno escucha activamente a las personas, desde una lente amorosa y libre
de juicio, simplemente aceptando la inteligencia de la vida misma, permitiendo
que el divino suicidio despierte, teja su magia misteriosa.
Jeff Foster
Julio de 2012
Fuente de este texto:
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Otras ideas de vida en:
http://ideas-de-vida.blogspot.com/
http://pazenlasmentes.blogspot.com/
http://es.scribd.com/hugo_betancur_2
http://es.scribd.com/hugo_betancur_3
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