LO QUE HACEMOS
Hugo
Betancur
Eckhart
Tolle es un emisario más en un tiempo en que los mensajes pueden ser divulgados
instantánea y globalmente. Expone sus ideas como un gurú circunstancial que
describe sus percepciones sobre los procesos de la mente y las relaciones de
los seres humanos. Sus reflexiones son coherentes con la interacción relativa
propia de todos los fenómenos de la vida y de todos los seres vivos entre sí:
todos somos afectados por lo que va sucediendo.
Imaginemos
que nos ubicamos sentados entre los extremos, inicial y final, de un círculo de
fichas de dominó, colocadas enfrentadas, verticales, paralelas y consecutivas.
Empujamos un lado y las piezas van cayendo secuencialmente por la inercia del
movimiento. Cuando termina este ciclo, la última ficha nos cae encima. Así
mismo ocurre en la vida donde unos eventos realizados ocasionan consecuencias
inevitables posteriores o repercuten como iniciadores de eventos concatenados o
resultantes.
Este mundo,
físicamente, sigue la rutina de la acción y la reacción, la causa y el efecto;
mentalmente y energéticamente, sigue otros procesos de sincronía y conformación
donde nuestras acciones, en resonancia con la conciencia y las ideas que
tengamos, y que otros tengan, pueden producir variaciones fundamentales en lo
que aparece después.
[Filosóficamente, recordemos la metáfora de la rueda de la vida del
budismo donde unos eventos y acciones causan eventos derivados -las
retribuciones, resultado natural de la ley del karma (causa y efecto), lo que
en esa corriente filosófica constituye un principio básico: cada acción
intencional (pensamiento, palabra u obra) deja una semilla en la mente que, al
madurar bajo las condiciones adecuadas, produce un resultado correspondiente en
esta vida o en existencias venideras].
[Deducimos de las enseñanzas de Buda: "Todos los fenómenos
psicológicos y físicos que constituyen la existencia individual son
interdependientes y se condicionan mutuamente unos a otros..." que es lo
que nos atrapa en el samsara. “The Encyclopedia of Eastern Philosophy and
Religion”].
Jiddu
Krishnamurti nos enseñó en el siglo pasado –siglo XX- que el observador es lo
observado: lo de afuera es un reflejo de su mente, una proyección que su
percepción le devuelve, tan confusa o tan nítida según como como sea su
capacidad de enfoque.
Y cada
observador solo puede mirar desde una posición presente y actual de su mente –correspondiente al momento de su vida y de
su personalidad: lo que cada uno representa en este plano de manifestación (su
personaje y sus papeles), las condiciones de que disponga (su psicología
particular) y el sistema de creencias con que interpreta lo que aparece en su
mente (sus instrumentos de relación y de comprensión).
Una visión
confiable requiere un observador entrenado y consciente de sí y de lo que
avizora y que tenga perspectivas diferentes que le permitan contemplar aspectos
distintos de lo que percibe como realidad.
Nos enseñó
también Jiddu Krishnamurti que este es un mundo de relaciones: nuestras
vivencias y frutos están supeditados a las relaciones que tengamos, a la forma
cómo nos relacionemos, a la disposición que tengamos a cambiar -y por
consiguiente a aprender-. Nuestras acciones y relaciones evidencian nuestro
dinamismo o nuestro estancamiento en este plano donde la dualidad es un
atributo ineludible. Y la repetición mecánica de acciones y comportamientos
solo reproducirá un drama monótono reiterado, con actores monótonos, cansados y
fatigantes, fácilmente predecibles.
Solo quien
supera la rotación mecánica en el círculo (cuando damos vueltas en torno a
situaciones no resueltas tal como las polillas revolotean alrededor de la bombilla
luminosa en la noche) puede ascender a la evolución autónoma en el plano
elíptico, haciendo que su centro de referencia sea creativo y no subordinado,
lo que representa un estado de conciencia y de voluntad, de óptima energía –el
ingreso al plano elíptico le permite al helicóptero alzar vuelo y desplazarse
por el amplio cielo.
El
movimiento en el círculo horizontal es restringido y de mínima energía,
subyugado por los hábitos y los dogmas de cada uno –quien cree dominar con los dogmas que
impone es a la vez esclavo de lo que propugna como algo estático; el esclavo
más confundido es aquel que sueña con ser amo y no con alcanzar su libertad y
el amo más feroz e implacable es aquel que no reconoce la libertad de otros
porque la tradición y su propia ignorancia le han condenado al autoritarismo y
a la soberbia –que serán sus elementos de opresión si ejerce una jerarquía, y
fungirá entonces como un ser humano destructivo y disociador (aunque se
describa a sí mismo como un bondadoso y abnegado líder).
Fenómenos
cotidianos de enfermedades orgánicas y de distorsiones en los procesos de la
mente como la depresión y otros trastornos afectivos y de comportamiento están
relacionados con estancamientos en torno a eventos vitales a los que los
pacientes se sienten atados: ellos siguen girando repetitivamente en torno a un
significado estático y doloroso o conflictivo que le han dado a situaciones y
relaciones de sus vidas que les siguen perturbando porque no han logrado
resolverlos –y los fármacos no tienen ninguna acción sobre los contenidos de
sus psiquis, son sólo sustitutos efímeros y deletéreos de una acción necesaria
e insustituible que es su propio proceso de comprensión y de liberación y que
ninguno puede hacer por ellos.
El Dalai
Lama Tenzin Giatso, Jiddu Krishnamurti, Elizabeth Kübler-Ross, Eckhart Tolle,
Deepak Chopra, Wayne Dyer, Neale Donald Walsch, Caroline Myss, Esther y Jerry
Hicks, Bárbara Ann Brennan, Helen Schukman, Louise Hay. Mahatma Gandhi, Martin
Luther King, son algunos de los voceros ejemplares de un entendimiento
inteligente y evolutivo adecuado para promover los cambios requeridos, para
accionar las revoluciones imperativas de este siglo XXI, junto con una vasta
profusión de textos trasmitidos –Un Curso de Milagros y el Pathwork como
representativos.
Y como todo
lo que este mundo alberga, la polaridad exige sus tributos o retribuciones: la
sujeción a un sistema de creencias nos lleva a pensar que lo que identificamos
como opuesto es menos válido y que debemos rechazarlo y discriminarlo
negativamente; nos mostramos entonces como fanáticos hostiles y desafiantes
cuando la vida nos pide flexibilidad, adaptación y benevolencia; haciéndonos
jueces innecesariamente, nos negamos la paz que es el puente certero para
nuestra armonía y para una sabia comunicación con nuestro entorno y con los
demás seres vivos.
Hugo
Betancur (Colombia)
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Otras ideas de vida en:
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