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viernes, 1 de mayo de 2026

Las consecuencias o los frutos de lo que hacemos.



LO QUE HACEMOS

 

Hugo Betancur

 

Eckhart Tolle es un emisario más en un tiempo en que los mensajes pueden ser divulgados instantánea y globalmente. Expone sus ideas como un gurú circunstancial que describe sus percepciones sobre los procesos de la mente y las relaciones de los seres humanos. Sus reflexiones son coherentes con la interacción relativa propia de todos los fenómenos de la vida y de todos los seres vivos entre sí: todos somos afectados por lo que va sucediendo.


Imaginemos que nos ubicamos sentados entre los extremos, inicial y final, de un círculo de fichas de dominó, colocadas enfrentadas, verticales, paralelas y consecutivas. Empujamos un lado y las piezas van cayendo secuencialmente por la inercia del movimiento. Cuando termina este ciclo, la última ficha nos cae encima. Así mismo ocurre en la vida donde unos eventos realizados ocasionan consecuencias inevitables posteriores o repercuten como iniciadores de eventos concatenados o resultantes.

 

Este mundo, físicamente, sigue la rutina de la acción y la reacción, la causa y el efecto; mentalmente y energéticamente, sigue otros procesos de sincronía y conformación donde nuestras acciones, en resonancia con la conciencia y las ideas que tengamos, y que otros tengan, pueden producir variaciones fundamentales en lo que aparece después.


[Filosóficamente, recordemos la metáfora de la rueda de la vida del budismo donde unos eventos y acciones causan eventos derivados -las retribuciones, resultado natural de la ley del karma (causa y efecto), lo que en esa corriente filosófica constituye un principio básico: cada acción intencional (pensamiento, palabra u obra) deja una semilla en la mente que, al madurar bajo las condiciones adecuadas, produce un resultado correspondiente en esta vida o en existencias venideras].

[Deducimos de las enseñanzas de Buda: "Todos los fenómenos psicológicos y físicos que constituyen la existencia individual son interdependientes y se condicionan mutuamente unos a otros..." que es lo que nos atrapa en el samsara. “The Encyclopedia of Eastern Philosophy and Religion”].


Jiddu Krishnamurti nos enseñó en el siglo pasado –siglo XX- que el observador es lo observado: lo de afuera es un reflejo de su mente, una proyección que su percepción le devuelve, tan confusa o tan nítida según como como sea su capacidad de enfoque.

 

Y cada observador solo puede mirar desde una posición presente y actual de su mente –correspondiente al momento de su vida y de su personalidad: lo que cada uno representa en este plano de manifestación (su personaje y sus papeles), las condiciones de que disponga (su psicología particular) y el sistema de creencias con que interpreta lo que aparece en su mente (sus instrumentos de relación y de comprensión).

 

Una visión confiable requiere un observador entrenado y consciente de sí y de lo que avizora y que tenga perspectivas diferentes que le permitan contemplar aspectos distintos de lo que percibe como realidad.

 

Nos enseñó también Jiddu Krishnamurti que este es un mundo de relaciones: nuestras vivencias y frutos están supeditados a las relaciones que tengamos, a la forma cómo nos relacionemos, a la disposición que tengamos a cambiar -y por consiguiente a aprender-. Nuestras acciones y relaciones evidencian nuestro dinamismo o nuestro estancamiento en este plano donde la dualidad es un atributo ineludible. Y la repetición mecánica de acciones y comportamientos solo reproducirá un drama monótono reiterado, con actores monótonos, cansados y fatigantes, fácilmente predecibles. 

 


Solo quien supera la rotación mecánica en el círculo (cuando damos vueltas en torno a situaciones no resueltas tal como las polillas revolotean alrededor de la bombilla luminosa en la noche) puede ascender a la evolución autónoma en el plano elíptico, haciendo que su centro de referencia sea creativo y no subordinado, lo que representa un estado de conciencia y de voluntad, de óptima energía –el ingreso al plano elíptico le permite al helicóptero alzar vuelo y desplazarse por el amplio cielo.

 

El movimiento en el círculo horizontal es restringido y de mínima energía, subyugado por los hábitos y los dogmas de cada uno –quien cree dominar con los dogmas que impone es a la vez esclavo de lo que propugna como algo estático; el esclavo más confundido es aquel que sueña con ser amo y no con alcanzar su libertad y el amo más feroz e implacable es aquel que no reconoce la libertad de otros porque la tradición y su propia ignorancia le han condenado al autoritarismo y a la soberbia –que serán sus elementos de opresión si ejerce una jerarquía, y fungirá entonces como un ser humano destructivo y disociador (aunque se describa a sí mismo como un bondadoso y abnegado líder). 

 

Fenómenos cotidianos de enfermedades orgánicas y de distorsiones en los procesos de la mente como la depresión y otros trastornos afectivos y de comportamiento están relacionados con estancamientos en torno a eventos vitales a los que los pacientes se sienten atados: ellos siguen girando repetitivamente en torno a un significado estático y doloroso o conflictivo que le han dado a situaciones y relaciones de sus vidas que les siguen perturbando porque no han logrado resolverlos –y los fármacos no tienen ninguna acción sobre los contenidos de sus psiquis, son sólo sustitutos efímeros y deletéreos de una acción necesaria e insustituible que es su propio proceso de comprensión y de liberación y que ninguno puede hacer por ellos.

 

El Dalai Lama Tenzin Giatso, Jiddu Krishnamurti, Elizabeth Kübler-Ross, Eckhart Tolle, Deepak Chopra, Wayne Dyer, Neale Donald Walsch, Caroline Myss, Esther y Jerry Hicks, Bárbara Ann Brennan, Helen Schukman, Louise Hay. Mahatma Gandhi, Martin Luther King, son algunos de los voceros ejemplares de un entendimiento inteligente y evolutivo adecuado para promover los cambios requeridos, para accionar las revoluciones imperativas de este siglo XXI, junto con una vasta profusión de textos trasmitidos –Un Curso de Milagros y el Pathwork como representativos.

 

Y como todo lo que este mundo alberga, la polaridad exige sus tributos o retribuciones: la sujeción a un sistema de creencias nos lleva a pensar que lo que identificamos como opuesto es menos válido y que debemos rechazarlo y discriminarlo negativamente; nos mostramos entonces como fanáticos hostiles y desafiantes cuando la vida nos pide flexibilidad, adaptación y benevolencia; haciéndonos jueces innecesariamente, nos negamos la paz que es el puente certero para nuestra armonía y para una sabia comunicación con nuestro entorno y con los demás seres vivos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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lunes, 27 de abril de 2026

Manías y maníacos


                                                      Maletas pendiendo de cuerdas. Foto por Diana Valderrama B.

MANÍAS                        

(Cuando damos más importancia a nuestras actividades y creencias que a las relaciones reciprocas concertadas).

 

Hugo Betancur

 


Las manías son ideas fijas; quienes las padecen hacen un culto rutinario a su ejecución precisa e inaplazable.

 

Necesariamente los seres humanos maniacos actúan conflictivamente.  Los demás deben cumplir rígidamente las condiciones que ellos les imponen.

 

Vemos a los maniacos empeñadas en un riguroso ordenamiento de objetos y ambientes, y en una actitud constante de voraz vigilancia sobre los demás.

 

Cuando alguien actúa en una forma diferente a la que los maniacos han establecido como aceptable o adecuada, estos se muestran inconformes y hostiles.

 

Normalmente, como una característica destacada de su personalidad, los maniacos se consideran a sí mismos como autoridades; por  esa razón intentan oprimir a otros exigiéndoles que se ajusten a sus normas y pretensiones. (Si los maniacos ocupan una jerarquía superior dentro de la rutina social o laboral, su autoritarismo se desmanda).

 

Si los maniacos no pueden imponer sus condiciones porque en su escenario otros tienen un rango más elevado que el suyo, entonces protestan veladamente, o se sienten víctimas de ellos, o adoptan estrategias para convencerlos sobre los valores y conveniencias de su particular estricta elección.

 

En su extremado celo por preservar sus manías, se tornan previsivos y pedagógicos y aleccionan a los posibles infractores de sus requisitos, advirtiéndoles sobre los riesgos que podrían afrontar si no proceden en la forma que ellos consideran correcta.   Les ilustran claramente sobre cómo proceder para evitarles frustraciones y enojos.

 

     Los maniacos adquieren rasgos de inflexibilidad en defensa de sus obsesiones.  Se tornan intolerante y recelosos, y tienden a recordar con resentimiento, amargura o expresiones de reproche las acciones de los demás que no se ajustaron a los moldes de sus expectativas -y pueden llegar al extremo de tomar venganza como reacción de castigo contra los transgresores de sus demandas. 

Sus relaciones se tornan tirantes.  Quienes rodean a estos seres humanos caprichosos adoptan conductas imprevistas: algunas veces, tolerantes como estrategia para una interrelación cordial; otras veces, fingidamente obedientes; ocasionalmente, abiertamente reactivos y de franca oposición cuando las circunstancias parecen caóticas. 

Siempre los maniacos restringen las actividades de quienes comparten sus espacios con ellos.  Traen del pasado una carga de rituales obligatorios en sus mentes.  Se niegan sistemáticamente la opción de fluir libre y espontáneamente con su prójimo en relaciones de respeto, solidaridad, comprensión y entendimiento equitativo.  

Objetivos y creencias parecen volverse tan prioritarias para ellos que responden a las manifestaciones de otras personas con ademanes y expresiones disociadoras y desdeñosas –hasta con actitudes arrogantes y desafiantes cuando su vano ego se desenfrena. 

Cada situación que atraviesan y cada manía que repiten alteran su desempeño. 

Ninguna persona cambia si no ha establecido ese propósito en su mente.   Normalmente, las personas aquejadas por este padecimiento carecen de una consciencia autocrítica que les permita verse a sí mismas en sus relaciones, o son demasiado egocéntricas, o tienen un bloqueo hacia la comunicación y rehúsan el diálogo constructivo con los demás. Con frecuencia encontramos en estas personas una sobrevaloración inadecuada de sí mismas y un complejo de superioridad –que realmente es solo jactancia- que las lleva a exigir el culto a sus personalidades y un reconocimiento adulador de los demás. 

Con el transcurso del tiempo, la infelicidad ensombrece las vidas de los seres humanos que adoptan esta monótona y deplorable tendencia maníaca, lo que obliga a sus allegados a interactuar cautelosa y prudentemente junto a ellos. 

Cuando se vuelven incontrolables y perturbadores, los maniacos, por su voluntad o por la presión de sus allegados, acuden a una evaluación médica. Inevitablemente son diagnosticados con alguno de los ítems previstos en el capítulo de trastornos afectivos y del comportamiento. Posiblemente reciban una prescripción de fármacos que actúan sobre el cerebro para bajarles el ímpetu y refrenar las expresiones desaforadas que sus mentes no lograron resolver con ecuanimidad.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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CLASIFICACIÓN DE ENFERMEDADES MENTALES CIE-10

F30-39 Trastornos del humor (afectivos)

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domingo, 26 de abril de 2026

Atención, quietud, aprendizaje dinámico.


LA ATENCION

 

Hugo Betancur

 

La atención es un proceso posible en tiempo presente para nuestras mentes que observan, contemplan, analizan.

 

La atención es una acción subjetiva. Enfocamos selectivamente nuestra mente en algo con el propósito de examinarlo, definirlo, interpretarlo, alcanzar una comprensión que nos permita trascender su apariencia.

 

[El  sustantivo atención procede del latín attentio, -ōnis, y el verbo atender proviene del latín attendĕre. En la palabra latina attentio se encuentra el origen etimológico del término atención, vocablo compuesto de tres partes: el prefijo “ad”– que es sinónimo de “hacia”, el verbo” tendere” que podemos traducir como “estirar” y el sufijo –ción que es equivalente a “acción y efecto”.]

 

La atención es un estado de alerta de nuestras mentes en el ahora sobre eventos que suceden, o sobre seres vivos, o sobre fenómenos y cosas. Nuestra atención sobre lo que ocurre en tiempo actual nos permite captar sus características con una definición más evidente.

 

Cuando reflexionamos sobre circunstancias y relaciones del  pasado, nuestra atención está limitada por la incertidumbre de la memoria o por huellas de las imágenes que conformamos según la impresión o afectación que los hechos dejaron en nuestras mentes.

 

Podemos equiparar un estado de atención plena con la meditación: como un acuarelista frente al paisaje, elaboramos un retrato según las formas y colores que percibimos, y plasmamos en nuestras mentes versiones fragmentadas de la vida según lo que somos y según lo que experimentamos en nuestras relaciones.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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El amor une. Lo suyo no es atar ni subyugar.

                                                                                                                                   Foto por Juan Castillo

RELACIONES NO AMOROSAS

 

Hugo Betancur

 

Para establecer relaciones amorosas armoniosas es fundamental que hayamos alcanzado un estado de paz y comprensión con las vivencias que hemos atravesado.

 

¿Cuál es la primera señal de que las personas inician una relación no amorosa?

 

Quienes inician la relación no amorosa expresan: ¡Esta relación va a darme felicidad! ¡Esta persona me trae todo lo que me hacía falta y me permitirá cumplir mis sueños!

 

Sus mentes están enfocadas en lo que van a obtener más que en lo que pueden aportar o prodigar.

 

Para ellas, sus expectativas predominan sobre las opciones concretas que la interacción puede atraer: dos que se relacionan súbitamente con objetivos de emparejarse establecen unas manifestaciones posibles, según sus personalidades, sus actitudes y sus limitaciones, y no pueden establecer unas manifestaciones ideales que no coincidan con lo que ellos son –sabemos que cada planta produce sus peculiares frutos y semillas y no otros.

 

La frase que retrata a quienes inician una relación no amorosa se resume en "¡Ahora sí voy a ser feliz!". Su esperanza se dirige a lo que pretenden conquistar, ignorando o desdeñando sus propios méritos y las restricciones que puedan tener para poder alcanzar o realizar ese sueño ególatra.

 

Si estas personas eran no felices o infelices antes de esta relación en la que se montan como si fuera su tabla de náufragos, eso es lo que van a poner en el nexo que empiezan muy ilusionadas y desafiantes o autocomplacidas -todos los implicados habitualmente consideran estos enlaces repentinos como su más preciado y futuramente exitoso romance (aunque hayan conocido previamente situaciones de convivencia que definieron como fracasos, lo que atribuyen a las acciones de sus parejas, desdeñando su propia responsabilidad y sus desaciertos).

 

La infelicidad anterior no resuelta es una cuenta de cobro que les tiene la vida y que no saldaron oportunamente, y sus intereses acumulados representan conflictos abundantes a medida que los días corran y sus comportamientos turbios o disociadores vayan siendo expuestos inevitablemente en la relación que han emprendido.

 

Las pruebas que la vida les va presentando confrontan sus planes personales con las retribuciones que deben pagar y con las tareas que deben cumplir.

 

La felicidad no es un bien que pueda ser comprado ni negociado con trampas. No podemos echar atajos para lograrla sin recorrer el camino que nos corresponde atravesar. Solamente podemos acceder a esa condición de armonía desde un estado de paz interior y desde una disposición altruista y sincera.

 

Cuando nos dominan nuestras ambiciones desmedidas y nuestros deseos arrebatadores en las relaciones que imponemos, el desenlace de las historias que armamos no será un final feliz, a pesar de nuestros pobres alardes de distinción y vanagloria que la vida desenmascara crudamente cuando menos lo esperamos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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