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domingo, 30 de noviembre de 2025

Altares, duelos, cambios por hacer.

                                                                                                                         Fotografía por Diana Valderrama.

        ALTARES, DUELOS, CAMBIOS POR HACER

Hugo Betancur

 

Momento a momento, la imprevisible y compleja vida nos despliega su repertorio de relaciones, tareas, aprendizajes. Nos confronta con los cambios que ocurren afuera y que no podemos evitar y con los cambios imperativos que nos corresponde hacer y que no logramos emprender. El inventario de lo realizado y lo aplazado aumenta desmesuradamente y nos sobrepasa. Nuestros conocimientos y acciones se tornan insuficientes y por momentos aspiramos a que otros nos complementen o asuman nuestros asuntos, lo que no sucede porque ellos tienen sus propias cargas y prioridades.

Muchos seres humanos conocidos o apreciados o amados por nosotros se alejan geográfica o afectivamente, o llegan a la consumación de su personaje que deja de existir, lo que nos compromete con duelos súbitos que extendemos en el tiempo y que nos mostramos reacios a resolver y a liberar -en ocasiones exageramos nuestras reacciones particulares de tristeza y negación, y asumimos un sufrimiento amargo y elocuente porque nos parece apropiado y oportuno.

Talvez no logramos experimentar plenamente muchas de nuestras vivencias en tiempo presente porque las atravesamos distraídos y no somos conscientes de su transitoriedad y de su trascendencia -sólo las memorizamos fragmentariamente para después evocarlas en tiempo pasado revistiéndolas de nostalgia para medio rescatarlas del olvido.

Hacemos altares contrastantes: a nuestros ídolos religiosos y a los personajes o historias o circunstancias que para nosotros son dignos de reverencia y exaltación, o a todo aquello que nos dejó un vestigio de aflicción y frustración. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿qué altares nos llevan a estados de bienestar, de alegría, de optimismo, de cordialidad?; ¿qué altares nos llevan a estados de malestar, de tristeza, de pesimismo, de conflicto?

Esos altares los establecemos en nuestras mentes, aunque también disponemos un sitial exterior representativo donde apilamos cosas de viejos ambientes o fotografías de estancias o retratos de los personajes que veneramos o admiramos.

Simbólicamente nos postramos ante nuestros altares como devotos con la esperanza de que llenen de energía y de luminosidad nuestras vidas.

Todos los altares son inertes y solo tienen la vitalidad que les aportamos quienes los hemos erigido, o quienes adherimos a los propósitos y motivos de otros que los establecieron.

Nuestras acciones son siempre retributivas y desencadenan efectos equivalentes.

Posiblemente el altar mayor para muestras celebraciones y rituales sea la vida con su gama de acontecimientos magníficos y de relaciones llenas de afecto y de bondad -es un altar cambiante y dinámico donde las figuras aparecen y desaparecen y donde nuestras interpretaciones son susceptibles de modificaciones, de arreglos, de conciliaciones.

Somos seres humanos vivos que vamos muriendo y nuestras prioridades mayores son la comprensión de los eventos y las relaciones y la liberación de las culpas que creamos y atesoramos -y que a veces magnificamos como jueces severos de los actos y comportamientos de otros.

En el discurrir de la vida, es probable que la mayoría de ideales y expectativas que trazamos a las personas, o que nos trazan, no sean realizables porque no somos amasijos de plastilina que otros puedan modelar a su antojo sino seres vivos con nuestras virtudes admirables que son nuestros dones y con nuestras limitaciones deplorables y nuestros errores que son nuestros yugos.

La concordia con todo y con todos es el ideal que debe prevalecer. Ninguno de nosotros escapa al destino trazado por nuestras almas y solo la visión amorosa y tolerante nos libera de la depresión y de los conflictos y nos permite modificar nuestros guiones y roles.

Lo que la gente llama felicidad es una construcción mutua y no una función o una provisión que otros nos proporcionen o nos provean como nuestros sirvientes.

Podemos imaginar que somos amos de lo que comprendemos y amigos de aquellos que ponderamos con benevolencia –o al menos nos eximimos de plantarnos como sus contrincantes. Y tal vez seamos esclavos de los reproches que elaboramos contra otros y contra nosotros mismos -que se convierten a la larga en cargas o raíces de amargura y adversidad. La metáfora que nos sirve para examinar los procesos psicológicos de la culpa es la del penitente o monje fanático que se flagelaba y se mortificaba con un cilicio hasta sangrar con la ilusión de obtener la redención de sus pecados con su ofrenda de dolor físico.

Muchos seres humanos mantienen y adornan sus altares de sufrimiento con el relato de sus fracasos, de sus sueños frustrados y de las relaciones en que se rotularon como víctimas porque otros u otras no obedecieron sus planes de felicidad.

En la práctica médica identificamos muchos pacientes que han elaborado guiones escabrosos de sus vidas que estructuran como patologías orgánicas que tratamos formulándoles antidepresivos, sedantes y antipsicóticos -tenemos dos diagnósticos aplicables en la “Clasificación Internacional de las Enfermedades” para sus padecimientos, “Elaboración de síntomas físicos por  causas psicológicas” y “Trastornos de somatización”. Cotejando las historias que cuentan y las que cuentan sus relacionados, descubrimos que estos pacientes han distorsionado episodios significativos de su pasado para inculpar a otros de haberles causado las heridas psicológicas que ellos mismos han elaborado y que los muestran infelices y resentidos. Es posible que este guion de víctimas y sufrientes lo hayan imitado de los comportamientos de allegados y parientes que influyeron sobre ellos y que quizá experimentaron relaciones tortuosas reales o que desvirtuaron la veracidad de los hechos para representar papeles de autocompasión convenientes o lastimeros.

Considero que cada uno puede acogerse a su libre albedrío y que ejecutará o cumplirá las acciones que considera pertinentes o coherentes según su idiosincrasia -salvo que decida sacrificarse sirviendo los intereses y mandatos de otros menoscabando su autonomía. En este mundo, solo los robots pueden ser programados a cumplir mecánica y previsiblemente las funciones y acciones cibernéticas determinadas por los ingenieros humanos.

Los conflictos y las guerras duran lo que determinen quienes se declaran adversarios confrontando el ímpetu de sus egos, sus ambiciones, sus creencias disociadoras o sus dogmas que presumen religiosos; también duran hasta la derrota del oponente que pretende aniquilarlos para obtener su botín. Sólo quien abandona el campo de batalla sin vencer y sin ser vencido puede descubrir y manifestar el prodigio de su propia paz. 

 

Hugo Betancur (Colombia)

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Puesta en escena

                                                                                                                                            Fotografia por Diana Valderrama.

PUESTA EN ESCENA

Hugo Betancur

 

Como seres humanos, participamos de la puesta en escena correspondiente al tiempo de nuestras existencias, desempeñando nuestros roles en las relaciones e interacciones, recorriendo los escenarios, a veces con plena consciencia de lo que hacemos, atentos y amos de nuestros actos, en otras ocasiones, asumiendo mecánica y ciegamente nuestros personajes efímeros, con los libretos que nos asignaron y suposiciones ajenas que voceamos monótonos y equivocados.

 

Ambientamos nuestras tragedias o nuestros eventuales episodios de goce y de inasible y evasiva felicidad, personalizándolos con nuestras interpretaciones, percepciones, sentimientos y emociones.

 

A mi parecer, conformamos nuestros egos y nuestra personalidad desde el momento del nacimiento. Si nuestros egos crecen desmesuradamente, propician un desastre en nuestras vidas y en las de otros. Si logramos aplacar nuestros egos podemos relacionarnos con moderación y respeto con los demás.

 

Consumimos nuestras vidas representando nuestros dramas y nuestras tragedias; unas veces actuamos   con sobriedad memorable y otras veces con un desempeño lánguido y trivial.

 

Como personajes, es posible que atravesemos periodos de nuestras vidas donde nos desorientamos y perdemos nuestra autonomía y nuestra certidumbre lo que nos sume en la desesperanza y la depresión. Podemos acogernos sensatamente a la Sabia Guia de la Providencia que nos revela las acciones apropiadas para encaminar nuestro itinerario. En momentos afortunados, otros seres humanos solidarios nos rescatan de ese estado de desasosiego y vulnerabilidad.

 

Requerimos, probablemente, un reconocimiento de nuestro personaje y de su idiosincrasia para darnos cuenta de nuestros comportamientos disociadores y de nuestra negatividad, y para poder enmendarlos. Si alcanzamos un estado de comprensión sobre nuestra realidad y la realidad externa y una voluntad de cambio que podamos aplicar a corregir nuestros errores y nuestra mentalidad egocéntrica, es posible que trascendamos nuestra ignorancia y los conflictos recurrentes que nos confunden y ensombrecen nuestras vidas.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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martes, 25 de noviembre de 2025

Nuestros guiones de infelicidad

Parte  de Monumento a la raza antioqueña, escultura de Rodrigo Arenas Betancur. Medellín, Colombia.


Guiones de infelicidad de nuestros egos: 

culpas, victimización, miedos.


Hugo Betancur

 

Nuestros estados de infelicidad nos advierten que no estamos haciendo los cambios y los aprendizajes imprescindibles para instaurar nuestra libertad mental -de los yugos del pasado atravesado y de las ambiciones y temores del futuro inescrutable.

 

Tres suposiciones ilusorias de nuestros egos nos llevan a las crisis y a los conflictos contra otros seres humanos y contra nosotros mismos: las culpas que provienen de nuestros juicios sobre nuestros actos y los de otros, la victimización con que nos excusamos de asumir nuestras responsabilidades “porque son otros quienes nos  han causado daños y heridas psicológicas” mientras nosotros nos declaramos inocentes, y el miedo con que renunciamos a nuestra capacidad de resolver nuestras dificultades y aprendizajes.

 

Cuando elegimos culparnos o culpar a otros, victimizarnos o victimizar a otros, o entregarnos a nuestros miedos, estamos rechazando nuestro poder y nuestra autonomía para liberar y sanar nuestras mentes.

 

Para justificar y defender nuestros miedos y nuestros juicios sobre culpas y victimización creamos argumentaciones rígidas que figurativamente adquieren dimensiones de murallas que nos aíslan y nos impiden armonizar y comprender nuestros procesos mentales y los de otros.

 

Nuestros hábitos de juzgar y victimizar se tornan recurrentes porque nuestros egos desenfrenados los imponen a nuestras mentes y a los demás. Creemos que nuestros juicios son razonables y ciertos y los emitimos como jueces fanáticos e incontrovertibles; sin embargo, carecemos de un conocimiento pleno de lo que impulsó a otros a comportarse o actuar a su modo, según sus creencias y sus motivos, por lo que nuestras opiniones nos llevan más a los conflictos y las pugnas que a la comprensión que descubre causas y que aplaca nuestras mentes.

 

Los computadores -o las computadoras- tienen dos recursos informáticos que los dinamizan: actualización y papelera. Los programas que afectan la eficiencia del sistema instalado debemos reemplazarlos por otros más funcionales o desecharlos.

 

El sistema de cada uno de nosotros es nuestra mente y el ego es un software o programa accesorio que debe funcionar hasta donde lo permitamos, favoreciendo nuestros aprendizajes y relaciones y advirtiéndonos sobre los cambios que debemos hacer -si ese ego no es contenido y amaestrado causa trastornos graves en nuestras vidas.

 

Las plantas vegetales brotan desde sus semillas y sus raíces y van cambiando a medida que crecen. A lo largo de sus vidas se desprenden de sus hojas marchitas y reverdecen -muchas fructifican. Todas cambian y se fortalecen trascendiendo los retos de sus ciclos vitales.

 

Nosotros evolucionamos y transformamos nuestras vidas y nuestro árbol familiar con nuestros aprendizajes y nuestros cambios. La vida es movimiento y acción para resolver y progresar. El pasado es el reto cumplido.

 

La metáfora del vaso medio lleno o medio vacío alude a lo que puede contener un recipiente. Podemos hacer otra metáfora sobre lo que pueden contener nuestras mentes y qué utilidad pueda tener: si es un archivo de conocimientos, creencias y conceptos provechoso que nos granjean bienestar y tranquilidad al aplicarlos, o si es un archivo de conocimientos, creencias y conceptos pesados que nos precipita al caos y al malestar.

Cuando vemos la vida como un hermoso y floreciente jardín, estamos eligiendo la vivacidad de nuestro ser. Cuando vemos nuestras vidas como una tragedia, es posible que estemos eligiendo la psicología oscura de nuestros egos.

Nuestros sentimientos son estados o disposiciones de nuestras mentes y las emociones son nuestras reacciones o respuestas a lo que percibimos*.

Nuestras mentes albergan sentimientos que brotan en nuestras relaciones y actuaciones: unos que nos acercan -empatía, euforia, admiración, afecto, optimismo, gratitud, satisfacción, agrado-, y otros que nos distancian -antipatia, aversión, odio, rabia, tristeza, indignación, impaciencia, envidia, venganza, celos, resentimiento.

Debutamos a diario con nuestras idiosincrasias en un mundo incierto e imprevisible. Cada uno de nosotros definimos el sentido y los valores que podrán guiarnos en la realización de nuestros destinos.

       Hugo Betancur (Colombia)

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