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domingo, 26 de abril de 2026

El amor une. Lo suyo no es atar ni subyugar.

                                                                                                                             Foto por Juan Castillo


RELACIONES NO AMOROSAS

 

Hugo Betancur

 

Para establecer relaciones amorosas armoniosas es fundamental que hayamos alcanzado un estado de paz y comprensión con las vivencias que hemos atravesado.

 

¿Cuál es la primera señal de que las personas inician una relación no amorosa?

 

Quienes inician la relación no amorosa expresan: ¡Esta relación va a darme felicidad! ¡Esta persona me trae todo lo que me hacía falta y me permitirá cumplir mis sueños!

 

Sus mentes están enfocadas en lo que van a obtener más que en lo que pueden aportar o prodigar.

 

Para ellas, sus expectativas predominan sobre las opciones concretas que la interacción puede atraer: dos que se relacionan súbitamente con objetivos de emparejarse establecen unas manifestaciones posibles, según sus personalidades, sus actitudes y sus limitaciones, y no pueden establecer unas manifestaciones ideales que no coincidan con lo que ellos son –sabemos que cada planta produce sus peculiares frutos y semillas y no otros.

 

La frase que retrata a quienes inician una relación no amorosa se resume en "¡Ahora sí voy a ser feliz!". Su esperanza se dirige a lo que pretenden conquistar, ignorando o desdeñando sus propios méritos y las restricciones que puedan tener para poder alcanzar o realizar ese sueño ególatra.

 

Si estas personas eran no felices o infelices antes de esta relación en la que se montan como si fuera su tabla de náufragos, eso es lo que van a poner en el nexo que empiezan muy ilusionadas y desafiantes o autocomplacidas -todos los implicados habitualmente consideran estos enlaces repentinos como su más preciado y futuramente exitoso romance (aunque hayan conocido previamente situaciones de convivencia que definieron como fracasos, lo que atribuyen a las acciones de sus parejas, desdeñando su propia responsabilidad y sus desaciertos).

 

La infelicidad anterior no resuelta es una cuenta de cobro que les tiene la vida y que no saldaron oportunamente, y sus intereses acumulados representan conflictos abundantes a medida que los días corran y sus comportamientos turbios o disociadores vayan siendo expuestos inevitablemente en la relación que han emprendido.

 

Las pruebas que la vida les va presentando confrontan sus planes personales con las retribuciones que deben pagar y con las tareas que deben cumplir.

 

La felicidad no es un bien que pueda ser comprado ni negociado con trampas. No podemos echar atajos para lograrla sin recorrer el camino que nos corresponde atravesar. Solamente podemos acceder a esa condición de armonía desde un estado de paz interior y desde una disposición altruista y sincera.

 

Cuando nos dominan nuestras ambiciones desmedidas y nuestros deseos arrebatadores en las relaciones que imponemos, el desenlace de las historias que armamos no será un final feliz, a pesar de nuestros pobres alardes de distinción y vanagloria que la vida desenmascara crudamente cuando menos lo esperamos.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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jueves, 23 de abril de 2026

Celos que provienen de creencias y tradiciones.



 LOS CELOS QUE NUESTRAS CREENCIAS 

Y APEGOS HACEN POSIBLES

 

Hugo Betancur


 En nuestra civilización occidental hemos sido educados según las tradiciones y creencias de nuestros grupos familiares y sociales. Muchas de esas características tienen sus fundamentos en las culturas judeocristianas que imponían la conformación monogámica en la relación de la pareja y que sancionaban drásticamente la desobediencia a este condicionamiento; basaban esta restricción en mandatos religiosos y en propósitos de unidad y progreso familiar.

 

Habitualmente en los períodos iniciales de las relaciones especiales, cada participante proyecta unas expectativas respecto al otro y le asigna unas funciones que debe cumplir. En ocasiones, esto es expresado verbalmente y con mucha claridad; otras veces, quien lo concibió presume o supone que sus aspiraciones serán cumplidas por su pareja espontáneamente y que no es necesario instruirla sobre esas condiciones y pautas de comportamiento que le ha fijado.

 

Esas relaciones preliminares tienen atributos y encantos peculiares para cada uno. Si la intención es romántica, los participantes entran en un estado de enamoramiento: son impresionados gratamente por quien aparece frente a ellos y se sienten embelesados por las situaciones plácidas que vislumbran.

 

El enamoramiento no es amor. Es una percepción de complacencia temporal que da paso a las expresiones de dualidad de cada uno de los actores. Las personalidades van mostrando poco a poco sus rasgos particulares, sus inclinaciones y preferencias, sus dones y sus limitaciones. Los días cálidos y coloridos son reemplazados por días nebulosos y lluviosos. No es posible la fusión de dos que son diferentes –ni siquiera de dos que parezcan identificados en torno a creencias y propósitos-; la vida solo permite los espejismos bajo ciertas condiciones transitorias y cada ser vivo debe acogerse a las alternativas de su propia existencia.

 

El enamoramiento cede su lugar a la realidad que retrata a cada uno tal como es a través de sus acciones y comportamientos. La luz abundante que entra por las ventanas descubre los aposentos que la noche ocultaba. Ahora se imponen como prioritarias las experiencias compartidas y los participantes evalúan los resultados.

 

Los seres humanos que conforman una relación como pareja son motivados por muchas razones, conveniencias, ideales, sentimientos, intereses, que a veces engloban erróneamente bajo la definición de amor.

 

Podemos entender que quien ama es respetuoso, acogedor, solidario, protector, tolerante, sincero; no subyuga al otro ni cede su libertad porque reconoce la sabiduría del libre albedrío.

 

El amor no tiene polaridades ni opuestos, solo es. Lo que llamamos sentimientos sí tiene sus contrastes: “hoy te quiero pero mañana podría no quererte”, “hoy me siento bien contigo pero mañana podría sentirme mal”, “hoy me gustas pero mañana podrías no gustarme”. Los sentimientos y los afectos dependen de nuestra satisfacción o de nuestra insatisfacción, de las circunstancias. Nuestras reacciones de agrado y conformidad son una manifestación de que hemos sido halagados o servidos.

 

Cuando las personas establecen sus relaciones de pareja emprenden una observación continuada mutua y pueden convivir o compartir más asiduamente; se tratan y se revelan o descubren para consolidar su vínculo progresivamente o para marchitarlo.

 

Los celos en las relaciones de pareja

 

El matrimonio es un nexo ante la sociedad en un ceremonial de iglesia o en una dependencia pública. Dos que se casan se comprometen a cumplir unos requisitos de moralidad entre los que destacan la monogamia y la fidelidad a la pareja –ambos conceptos se complementan (“fidelidad” viene de la palabra latina “fide” que significa lealtad). Dentro de la seriedad asumida con el vínculo, los dos se acogen a cumplir esos requisitos. Uno de ellos puede entrar en conflicto cuando se da cuenta que el otro los quebrantó -si ciertamente los incumplió y si es posible comprobarlo con evidencias, la respuesta anímica de malestar es normal. Psicológicamente podemos entender que esto motiva una reacción afectiva y emocional y que puede presentarse una crisis como consecuencia. Posiblemente esto sirva como precedente y quizá la relación tendrá modificaciones; el incidente los sacude y los obliga a reacomodar sus roles; ya no pueden seguir como antes porque algo imprevisto los confronta y debe ser resuelto por los dos. Quien se siente afectado por el evento puede sentir inestabilidad y manifestar incertidumbre.

 

Respecto a las relaciones de pareja entre un hombre y una mujer, podemos dar al término “celar” estos significados: restringir, vigilar, ejercer control para comprobar que el otro o la otra no se han involucrado en una relación distinta a la prevista.

 

Los celos reflejan posesividad, apego, desconfianza. La otra persona ha sido incorporada en la relación como un complemento requerido y le ha sido confiada la misión de compañero exclusivo; no se le concede permiso ni opciones de apartarse del proyecto trazado. 

 

Los celos pueden aparecer ocasionalmente sin causar desequilibrio y solo como un comportamiento incidental poco significativo; o pueden persistir y volverse un rasgo obsesivo y propiciador de desastres. Reitero: si no ha habido transgresión al compromiso de fidelidad y monogamia, la actitud de quien cela por temores imaginarios es una distorsión de la realidad. Esta fantasía debe ser entendida y desechada por esa persona porque obstaculiza la relación armoniosa de la pareja.

 

Si los celos son una respuesta ante hechos indiscutibles de una relación satélite actual y no disuelta, con los mismos componentes de intimidad, sensualidad y galanteo en otro escenario, los miembros de la pareja en conflicto deben decidir qué hacer y realizar cambios que les permitan ahuyentar la hostilidad y la frustración tormentosa que amenaza separarlos. Creativamente, deben restaurar el equilibrio alterado, tanto si convienen proseguir la relación como si optan por romperla. Sobran allí las culpas y las condenas –esos no son instrumentos del amor si está presente y al ego solo le servirán como justificaciones y cargas que tornan mezquinos a sus adeptos.

 

La solución no debe ser pospuesta. Pueden atravesar la adversidad sin declararse adversarios. La permanencia o la partida deben ser asumidas sin resentimiento, sin ideas de venganza, con una disposición de comprensión y de liberación. Han llegado los emparejados a una bifurcación del camino y deben decidir cuál de las rutas tomar: no es posible caminar por dos senderos diferentes al mismo tiempo; allí donde el amor no congrega, los seres humanos establecen sus conquistas precarias y sus brumosos reinos de utopía.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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Comentario adicional: expongo como muestra de celotipia 

un tema de una balada muy popular del siglo pasado:

CELOS

Canción en la voz de Camilo Sexto


“Siento celos,

es seguro que son celos,

el amor es más tranquilo,

tan tranquilo como un beso.

Siento celos,

que es igual a decir miedo,

¿y por qué no?, tal vez sin celos

nuestro amor no sea completo.

Celos, de una sombra de tu pasado

que se acuesta a tu lado

entre mi amor y tu cuerpo.

Siento celos,

ni de macho ni cornudo,

simplemente de amor puro,

de tristeza y desconsuelo.

Celos de los ojos de mi amigo

del saludo de un vecino

y del forro de tu abrigo.

Celos, ese dulce sufrimiento

que te quema a fuego lento

que me hace tu enemigo

Siento celos,

y de ser un buen amante,

me he convertido en tu sombra,

en tu espía, en tu sabueso.

Siento rabia,

que es igual a sentir celos,

de que notes en mi cara

el maldito amor que siento.

Celos cuando escucho una llamada,

según tú, equivocada,

y me dices ahora vuelvo.

Celos de los ojos de mi amigo,

del saludo de un vecino

y del forro de tu abrigo.

Celos, ese dulce sufrimiento,

que me quema a fuego lento,

que me hace tu enemigo.

Celos de los ojos de mi amigo,

del saludo de un vecino

y del forro de tu abrigo.

Celos, ese dulce sufrimiento,

que me quema a fuego lento,

que me hace tu enemigo.

Siento celos...”

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[ILUSIÒN. La palabra ilusión viene del latín illusio, -ionis 'engaño'. Cuando no se manifiesta aquello que fantaseamos como realizable, afirmamos con lucidez que nos sentimos desilusionados o desengañados -nos liberamos de la ilusión y sufrimos la frustración concerniente que nosotros mismos hemos causado].

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domingo, 19 de abril de 2026

Cambios o rutinas: podemos progresar, o podemos quedarnos estancados.



CAMBIAR O NO CAMBIAR, ¡HE AHÍ EL DILEMA!


Hugo Betancur

«¿Ser o no ser? Esa es la cuestión: ¿Es más noble para el espíritu sufrir los golpes y las flechas de la fortuna adversa, o tomar las armas contra un mar de problemas…?».

Hamlet, Acto III, Escena I [Ser o no ser]

William Shakespeare (1564-1616).

 

Solo la vida trae las respuestas que nos corresponden a cada momento, mostrándonos los contrastes de la ambigüedad: una felicidad o satisfacción sostenida, o su complemento, una infelicidad, una fatiga y una insatisfacción persistente y punzante que nos dice: "Cambia de escenario, de relaciones y de hábitos porque no estás en paz y porque tu alegría es solo situacional -ligada a las distracciones en que te empeñas para presumir una felicidad incierta que no debes haber alcanzado aún porque te muestras decaído y pesarosamente vulnerable".


     En su trayectoria, en muchas ocasiones, cada uno de nosotros es abandonado o debe abandonar escenarios o relaciones establecidas porque los nexos son resquebrajados por las rutinas o por las expectativas desmesuradas que trazamos a otros o que nos trazan -lo que a la larga se convierte más en un yugo y en una escabrosa e imposible interacción que en una fluida y amorosa convivencia de acompañamiento y mutualismo, compensadora, motivadora y sincera a la vez-, por lo que los ciclos de muchas relaciones deben ser cerrados.

 

Si nuestras vidas se convierten en una monotonía de horarios y acciones obligadas de supervivencia, entonces hemos asumido comportamientos de esclavos, o de parejas sometidas, o de enajenados fans (seguidores).

 

Cada uno de nosotros dispone de una sola vida, la suya propia. En ella descubre un camino por recorrer con muchas bifurcaciones inevitables donde el requisito para poder seguir avanzando es adoptar alguna elección que excluye otras opciones.

 

Para saber si cumplimos certeramente la jornada, debemos darnos cuenta de que el paisaje aparece diferente. Aunque muchos viajeros conocidos sigan acompañándonos, aparecen otros distintos y vemos que algunos rasgos de lo que es la representación de nuestra vida muestran también visos de cambios que nos hemos propuesto.

 

Lo demás es solo la ilusión reverberante de la vida: la percepción nos muestra el mundo que hemos inventado y nuestras mentes lo interpretan según las limitaciones y la sensibilidad de que dispongamos en todo efímero instante, y según las atribuciones que conceda el protagonista que los esté viviendo -dejando que impere el ego con sus dramas sutiles de manipulación, teatralidad y apego con que pretende subyugar, o dejando que presida el ser con su serena generosidad, tolerancia y desapego que permite la libertad como una condición esencial.

 

Cuando no entendemos algo con un enfoque antiguo que se repite y se repite sin nuevos aportes, esto nos indica que estamos estancados y que es adecuado e inteligente modificar nuestras mentes dándoles un conocimiento diferente. Podemos resolver estos interrogantes: ¿Nos es posible cambiar?, ¿Es necesario hacerlo?, ¿Es útil?

 

Tal vez esos logros que pretendemos alcanzar en la vida no sean cuestión de cantidad -lo acumulable, lo que podemos mostrar como inventario jactancioso o competitivo-, sino aquello que nos representa alguna calidad de comprensión o entendimiento sobre las relaciones y fenómenos que tenemos ante nosotros a cada momento.

 

Para describir los cambios mientras recorremos senderos que nos comunican con otros lugares y entornos de seres vivos, aludo al símil de ascender una montaña que posiblemente tenga como imagen la montaña de la vida y donde quizás el escalador sea cada uno de nosotros tratando de alcanzar un sitio que le permita una panorámica más amplia sobre la perspectiva que se extiende ante sus ojos, si es que tiene interés en otear y si es que ha decidido no ser un viajero ensimismado y distraído más. Y tal vez no sea una prioridad estar más altos que otros sino alcanzar una visión que nos muestre la vida como algo grato, o que, si nos parece cruda y dolorosa, al menos podamos comprender o aceptar su inevitable engranaje en movimiento.


     Tal vez intentemos describir con palabras el itinerario que cualquiera de nosotros haya recorrido protagonizando los roles y la crónica de su destino. A muchos, a veces, nos asalta alguna consideración de satisfacción por aprendizajes obtenidos o por relaciones que conservan su respetuosa y cálida interacción a medida que la cuenta de los años avanza.

 

Posiblemente el viajero más sabio sea aquel que no desiste de preservar la fortaleza y el ánimo benevolente en su jornada, aunque los acontecimientos y las relaciones lo sacudan, experimentando circunstancias contrastantes, unas con tintes de cruda tragedia y otras con algún trazo de alegría o felicidad -y las dos son sólo polaridades de su historia con su etérea trascendencia y vulnerabilidad siempre presentes.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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ACCIONES POSITIVAS PARA CADA UNO

TRANSIGIR. La palabra transigir ha sido definida gramaticalmente como un verbo transitivo. La palabra transigir proviene del latín transigĕre, que significa "hacer pasar a través", "llevar a buen fin", "concluir un asunto" o "permitir que algo se lleve hasta el final"].

CONCILIAR. La palabra conciliar proviene del latín conciliare, que significa componer, ajustar ánimos opuestos o reunir, derivado a su vez de concilium ("asamblea", "convocatoria conjunta")].

ATRAVESAR. Atravesar es un verbo irregular (se conjuga como acertar) que significa pasar de un lado a otro, cruzar un espacio, penetrar un cuerpo, o experimentar una situación, generalmente difícil. Puede usarse de forma intransitiva ("atravesar por una crisis") o transitiva ("atravesar la calle").

EMPATIZAR. Empatía.

La palabra empatía procedente del griego antiguo “empátheia”, significaba pasión. Actualmente podemos entenderla como una percepción mental de los sentimientos, conducta, ideas, posturas intelectuales, de otros. Cuando logramos empatizar, reemplazamos nuestros juicios por actitudes de comprensión.

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