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domingo, 18 de enero de 2026

El ser y el ego, dos entes coexistentes.

 


EL SER Y EL EGO: dos entes coexistentes.

 

Hugo Betancur

 

Un mundo que palpita al ritmo de la vida, cambiante, exuberante, fluido, con olor a flores frescas y a frutos maduros, con voces cálidas y optimistas, con risas sinceras y gestos tiernos, con presentes generosos y gratos: un mundo perdonado y amoroso. Es el mundo del ser (nombrado como el ser interior, lo que somos).

 

Hay otro mundo sombrío donde parece que la vida ha detenido su movimiento, estático, precario, con olor a flores marchitas y a frutos rancios, con voces apagadas, pesimistas o tormentosamente solemnes, con escenas reiteradas de llanto, aflicción, resentimiento, culpas, juicios y ataques, con pobladores lánguidos de gestos hoscos, lleno de museos y de panteones: un mundo triste que espera su redención. Es el mundo del ego (lo que aparentamos).

 

A veces estos dos mundos se confunden momentáneamente sin lograr hacerse uno.

 

Elegimos a cuál mundo queremos pertenecer según nuestra mentalidad.

 

El mundo que cada uno de nosotros contempla es una conformación de imágenes e ideas en nuestras mentes -un panorama particular para cada uno que contiene las informaciones y las percepciones a las que hemos dado atributos de realidad-.

 

Experimentando con nuestras personalidades precarias, muchas veces tendemos a desechar los aprendizajes que nos ayudan a construir y a integrarnos al movimiento y a las relaciones de la vida, mientras albergamos tradiciones e interpretaciones destructivas y disociadoras que no nos son útiles -el temor, la incertidumbre, los juicios condenatorios y las creencias discriminatorias...-, que nos confunden y distorsionan nuestras relaciones.

 

Todo eso nos detiene, nos estanca, en eventos y relaciones ya cumplidas que debemos liberar y dejar en la niebla de lo realizado.

 

Cuando cambiamos nuestra mentalidad, las conformaciones de la vida cambian para nosotros.

 

Por esa razón, podemos ser neuróticos y hostiles guardianes de museos o de panteones, obsesionados con lo pasado y atados a lo que nos afectó, o podemos ser asombrados y regocijados actores y espectadores de lo que ocurre en los paisajes y escenarios en que debutamos a diario, en cada instante presente y evanescente.

 

Todo lo que amamos existe al unísono en nuestras mentes y en nuestros corazones por lo que nos mostramos dispuestos a procurar nuestros cuidados y atenciones para su bienestar.

 

Todo lo que amamos nos revela su vulnerabilidad sus dones y sus secretos.

 

Y todo aquello que nos ama nos corresponde con su reciprocidad.

 

Cuando el amor está presente no requerimos esfuerzos ni compromisos que limiten la libertad de otros ni nuestra libertad.

 

Hugo Betancur (Colombia)


El amor que crece

                                                             Mujer sedente. Escultura de Fernando Botero, Parque Botero, en Medellín, Colombia.

LA  SABIDURÍA  DEL  AMOR

 

Hugo Betancur

 

El amor realizado no necesita de palabras.

Puede ser expresado, viva y graciosamente, con las acciones acogedoras que son su riqueza. 

No requiere tampoco del tiempo, ni de las ceremonias, ni de los decorados fastuosos. 

No necesita ser explicado, ni justificado, ni defendido. 

El amor en sí es la fortaleza de quien lo acoge y el don que puede prodigar. 

El amor no se acaba, ni se pierde, ni se va, porque es.

Y por ser permanece. 

Y por permanecer elude sabiamente los límites de las cronologías, de los espacios geográficos, de los cuerpos y de las creencias. 

Y no requiere los permisos del ego para existir y manifestarse.

El ego ha creado su propio sentimiento para imitar el sentimiento de amor que no puede sentir: lo llama "el querer"1

Ese amor ficticio que el ego ha improvisado se nutre de palabras y embrollados conceptos que elabora esforzadamente, según lo requieran la ocasión y los comediantes  resguardados bajo el nexo frágil y funcional que él ha definido como encantador. Sin embargo, es muy pobre lo que el ego llama "su magia", deleznable ante el tiempo que debería hacerla crecer y ante el espacio que debería permitirle expandirse -es el efímero acto de ilusionismo que los asistentes creen percibir mientras el mago los distrae, y que luego desaparece porque él debió irse. 

Para su pantomima de amor, el ego exige los compromisos que no está dispuesto a cumplir. Intenta imitar la magnificencia propia del amor creando templos y ceremonias para sus rituales: sus ambientes deben sugerir una atmosfera misteriosa, con un fondo musical hechizante, de vagos olores aromáticos y sutiles que se evaporan una vez aplicados, de gestos elocuentes y artificiosos que son desplazados por los sentidos tan pronto los cuerpos desnudos se abrazan -y entonces todo es prisa en el tiempo, y avidez, y fatiga (y tal vez una explosión apagada de los genitales húmedos, sucedida por los roces flojos de las manos sobre la piel, porque el deseo ha sido precariamente saciado, pero faltan las palabras gentiles  de arrullo y las tiernas caricias de gratitud). 

Una vez ejecutados los rituales de ese amor sustituto, la llama de los cirios es sofocada por los oficiantes que el ego ha convocado ante sus altares. Un vapor como seda muy menuda agitándose al viento escapa de las mechas humeantes. El escenario queda sombrío y los sensuales amantes se ignoran en la penumbra, se mimetizan, menguan.

El ego exigirá después que se repitan los encuentros y los intercambios con la esperanza de que el resultado sea memorable siguiendo las mismas rutinas. 

Una característica del sentimiento de amor del ego que imita al amor, es su inestabilidad frente a sus más caros instrumentos de subyugación, el tiempo y las palabras. No logra mantener sólidas sus construcciones a medida que los días transcurren -se agrietan, son sacudidas por el más leve viento y finalmente se derrumban. Y lo que intenta decir con su tartamudeo ineludible no parece coherente, suena ficticio y carente de vigor, es incompleto porque no logra convencer a sus oyentes cuando la función avanza. Los aburre. La separación llega pronto. Los aprendices de amantes que fueron aleccionados por tan inexperto maestro se alejan rabiosos. Y califican lo vivido precisamente con los conceptos que su presumido instructor les ha dado: orgullo herido, culpas, resentimientos, reproches, justificaciones, condenas, quejas. 

En tanto madura, el amor que ha salido a la luz puede obrar tan impetuosamente como un niño que retoza y explora la vida. Puede sentirse avasallador, exigente, vehemente. Puede experimentar sus rabietas ocasionales. Sin embargo, su propia energía le hace crecer rápido, conocerse y reconocer lo que le rodea. Se revela prematuramente vigoroso y ansioso por crear afuera. Se ve a sí mismo, y eso le permite ver a los otros. Se autodefine y puede descubrir sus errores, sus omisiones, sus limitaciones. Y puede corregir y reparar todo eso porque su proyección es sincera y armoniosa. Sin dificultad, restablece el equilibrio en el momento presente porque es justo. 

El ego que emula al amor no puede hacer lo que su modelo, idealizado, pero no asumido, realiza espontáneamente. Se ve a sí mismo como el soberano que debe ser satisfecho, y eso le impide ser generoso con quienes le sirven. Se define según cualidades admirables que pretende mostrar como suyas y no según lo que hace. Encubre sus errores, sus omisiones y sus limitaciones. Él debe ser tolerado y no tolerar; él debe ser comprendido y no comprender; él debe recibir y no corresponder. La palabra reciprocidad ha sido excluida de su diccionario, excepto cuando su significado puede ser aplicado a la venganza por lo que considera las heridas que otros le han causado, a la indiferencia porque otros no se han sometido a sus condiciones, y a la expulsión porque otros no le han obedecido. Y no puede corregir ni reparar porque no es consciente del efecto que sus acciones avariciosas producen en los demás. 

Las relaciones de los seres vivos, en su escenario natural del planeta Tierra, rico en colores y formas, hacen posible las tramas de las historias representadas: una son gratas, sinceras y simples en su alegría que destella a lo largo de las escenas cambiantes; las otras son ingratas, fantasiosas y complejas en su amargura inevitable que persiste. Los actores eligen qué personajes pueden representar y cómo lograrán adecuarlos a sus talentos e inteligencia o cómo los sostendrán angustiados y confusos a medida que van cerrando cada capítulo. 

Las historias donde el ego es el protagonista tienen un desenlace conflictivo, con visos de violencia y de tragedia que él contribuyó a reforzar y que él mismo lamenta con muecas de sufrimiento atribuyéndoselas a otros. En las nuevas relaciones el libreto seguirá otra vez sus indicaciones hasta convertirlo en un engorroso compañero de travesía. Entonces es posible que se haga a un lado, abatido y condescendiente, y que deje expresarse al ser que le prestó su existencia para experimentar. Las mentes podrán dirigir las relaciones como una aventura entre iguales y los nichos secretos y privados de los cuerpos podrán ser clausurados para que el amor reúna de nuevo en el espacio del corazón a los viajeros que el ego había separado.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*Quererv. tr.

1. Tener el deseo o la intención de hacer o conseguir algo: “quiero ir al centro de la ciudad”; “quiero confiar en ti, pero no es posible”.

2. Sentir afecto, cariño o deseo hacia un ser vivo o por alguna cosa.

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Paz versus violencia

                                                                France, Alsace, Natzweiler Struthof camp, museum. Foto por Diana Valderrama.

Escultura en el Museo Campo de concentración de Natzweiler-Struthof, en Alsacia, a 50 kilómetros de Estrasburgo, Francia. Instalada por los nazis e inaugurada en 1941, Struthof es la única estructura de este tipo en suelo francés. 52.000 prisioneros fueron obligados a trabajar en la cantera cerca del campo. 22.000 personas murieron aquí, a menudo de hambre y agotamiento. Pero algunos también murieron en una cámara de gas 'experimental', lo que convierte a este campo en un lugar esencial de memoria.


¿PAZ O VIOLENCIA? ¿ALIADOS O ADVERSARIOS?

 

Hugo Betancur

 

La vida es demasiado simple desde un estado de entendimiento voluntario y sincero que hayamos emprendido. Si logramos establecer en nuestra mente un propósito de comprensión e integración en la relación con el conjunto que nos rodea, podemos expandir nuestra consciencia y ver más allá de las apariencias.

 

En la intención de la paz, cada mente baja a buscar las razones del corazón y cada corazón sube a buscar las razones de la mente. Se encuentran en un punto intermedio donde los dos expresan al unísono su sabiduría.

 

En la intención del conflicto y la violencia, las mentes están tan distanciadas del espacio del corazón que siguen procesos dementes de ataque y separación que se convierten en su yugo: el adversario que vence no deja de ser adversario y el adversario vencido aumenta su resentimiento y su hostilidad, lo que propicia una venganza o una retaliación -que acometerá después para arrogarse la victoria no alcanzada.

 

Somos espectadores y actores en ese campo de observación y de acción en que experimentamos nuestros procesos de existencia. Todos nuestros actos tienen consecuencias para nosotros y para los demás. En ese escenario llamado vida realizamos nuestros aprendizajes –que pueden ser solidarios y constructivos, o que pueden ser egoístas y disociadores, según las elecciones que hagamos.

 

Los conflictos son frecuentes, caprichosos y muy funcionales entre adversarios: sus egos parecen refocilarse morbosamente en la repetición y mantenimiento de las rutinas de irritabilidad, reproches, culpas, acusaciones, ataques y defensas.

 

Quien construye una fortaleza para lo que denomina su seguridad y su protección, se refugia y se aísla tras sus gruesas murallas, dispuesto a esgrimir o activar sus armas cuando su identificado o presunto enemigo se acerca o realiza movimientos perturbadores. La fortaleza que ha construido lo condena a la inmovilidad y al receloso retiro.

 

Todas estas estrategias y tácticas del ego son agotadoras.

 

Las relaciones emprendidas desde esa dimensión del ego infantil que debe ser servido o del ego adulto ambicioso que debe ser satisfecho y obedecido, se convierten en una competencia donde ofrecemos a otros la posibilidad de aceptación y complacencia sólo si se someten a nuestros requisitos y demandas.

 

Alguien se subyuga o se sacrifica para que otro u otros predominen o establezcan su territorialidad.

 

Esto ocurre con frecuencia en las relaciones familiares enfermizas y dictatoriales o autoritarias; ocurre en las instituciones donde los dirigentes o mandos operativos establecen sus dominios; ocurre en las relaciones especiales entre dos que se autonombran como pareja –allí cada uno asigna al otro unos papeles y comportamientos que debe cumplir perentoriamente, mientras los dos interactúan en intercambios retributivos y exigentes, donde lo negativo atrae una reacción rabiosa y hostil inmediata o una deuda por cobrar en el tiempo futuro, y donde lo positivo es recompensado o valorado calladamente como obligatorio.

 

(La institución matrimonial y las relaciones de los políticos han sido destacadas como las asociaciones representativas de la mentira y de la farsa por las condiciones forzosas exigidas como clausulas inobjetables de un contrato, que unos deben cumplir ceñidos a la letra y que los otros transgreden a su antojo, provecho y ventaja.)

 

Donde las relaciones están impregnadas por estos egos avasalladores, la supuesta armonía instituida es una mentira que conlleva a rituales de convivencia y asociación muy rígidos y separadores, aunque los protagonistas invoquen sus más elaborados argumentos de éxito y quimérico amor: falta allí la alegría relajada y confiada, falta la risa que se despliega por sí misma, sin reservas, (fluida y natural como una pequeña mascota que expresa su emoción en saltos ágiles e incontenibles) faltan las voces cordiales que hablan amistosamente, sin tensión en las líneas del rostro.


      Sólo donde dos o más se hacen uno, la paz del ser se instala afablemente; una cálida confianza invita a los presentes a valorarse como aliados regocijados -allí los ataques y las defensas son innecesarios; allí sobran las estrategias y los pactos de conveniencia.

 

Todo lo que sea diferente es la paz del mundo: los adversarios que viven sus vidas guarecidos, astutos, calculadores, lo que a la larga los lleva a la desesperación, a la frustración y a los conflictos resentidos que alimentan sus fobias y su infelicidad –estos adversarios son los conformadores de las guerras sucesivas que provocan la proliferación de héroes anónimos aniquilados* y de supervivientes traumatizados o lisiados.

 

EPILOGO:

"Si no hemos logrado un entendimiento de los conflictos atravesados que nos permita un estado de paz y comprensión en nuestras mentes, entonces nuestras relaciones presentes son una expresión constante de las mismas viejas pugnas no resueltas."

 

Hugo Betancur (Colombia)

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       *Nota ilustrativa para reflexión en:


https://es.wikipedia.org/wiki/Cementerio_Nacional_de_Arlington

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El ego y su oscuro reino


                                                                                                          Fotografía por Diana Valderrama.

EL EGO Y SU OSCURO REINO 

Hugo Betancur


El ego es un pequeño yo que cobra vida en nuestras mentes -en la mente de cada uno, de cada personaje que representa la trama de su destino-: desde el vientre materno va seleccionando las creencias que debemos seguir y los planes que debemos realizar -qué objetivos debemos alcanzar, qué relaciones debemos tener, qué valores deben regirnos a medida que avanzamos personificando nuestras efímeras historias. 

La primacía de ese precario ego nos lleva a creernos importantes, más que otros y mejores que ellos, y a veces muy demandantes -y conflictivos si no nos satisfacen o derrotistas si nuestras expectativas no se cumplen. 

Ese ego es una ilusión, tan ruidoso y vano como sus fantasiosos atributos y metas. Construye castillos de arena que son sus aposentos de poder y que son derrumbados por ventiscas tan menudas como sus cimientos. 

No sometas la magnificencia de tu ser a los yugos de ese despiadado tirano que solo te ofrece sufrimiento y soledad a cambio de tu obediencia y tu aflicción. 

Nuestro ser adopta personajes fortuitos en sus existencias para experimentar la vida, para aprender en los escenarios de la dualidad y la desesperanza. 

El ego nos arrastra a su oscuridad, a sus argumentos dementes que pregonan una felicidad escurridiza que podría llegar a través del sacrificio o el castigo, o de la culpa, o de la desolación, lo que no tiene sentido -es algo parecido a prometer que el árbol de raíces secas podrá reverdecer y producir frutos exuberantes. 

Ese mundo que nos ofrece el ego es sombrío, nos extravía en sus laberintos y en sus farsas y podemos perder el rumbo; es un mundo tan estrecho y limitado como el de un gato domesticado. 

Liberémonos de la opresión y la oscuridad que ofrece el ego y entremos al escenario de la vida, lleno de luces, colores, relaciones; en ese espectáculo cambiante podemos asumir los fenómenos que nos impresionan -alegría-tristeza, errores-aciertos, esperanza y pesimismo, certezas e incertidumbres. Todo va pasando y solo los caminantes que descubren su paz conservan la calma mientras la vida sucede antes sus ojos. 


Hugo Betancur (Colombia)

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lunes, 12 de enero de 2026

Ansiedad y depresión, fuentes de sufrimiento.

                                                                       Mural en Comuna 13, en Medellín, Colombia. Foto por Diana Valderrama B.
 

  ANSIEDAD y DEPRESIÓN, fuentes de sufrimiento.


ANSIEDAD: las mentes anticipando lo que no ha sucedido.

  

Actuando en modo ansioso, enfocamos nuestras mentes "en lo que podrá suceder" -que podrá ser favorable o desfavorable según nuestras interpretaciones. No han llegado a las estancias del futuro quienes debutarán allí, las puertas no han sido abiertas.

 

DEPRESION: las mentes revisando, repasando, retrayendo, lo que ya sucedió.

 

Actuando en modo depresivo: enfocamos nuestras mentes en fenómenos de remordimiento, de culpa -que cargamos a otros o que nos cargamos- y de auto victimización, de pérdida, de nostalgia o añoranza, de frustración. Quienes habitaron las estancias del pasado ya no están allí, aunque las puertas permanezcan abiertas todavía.

 

La ansiedad y la depresión son expresiones de procesos mentales subjetivos, y nuestras reacciones mientras las experimentamos son excluyentes y adversas.

 

Cuando nos empeñamos en “estar ansiosos” y “estar deprimidos” nuestras mentes sufren porque esas conformaciones psicológicas son yugos que adoptamos.

 

Cada uno de nosotros deberá transitar la avenida disponible para su destino donde aparecen a medida que avanza los retos, las dificultades, las tareas, las relaciones y las circunstancias que deberá asumir, distintas para todos y de obligatorio afrontamiento, que otros no podrán suplantar.

 

La ansiedad y la depresión no modifican la ocurrencia de los eventos de nuestras vidas, solo entorpecen nuestra comprensión y la resolución actual y oportuna que nos corresponde realizar.

  

El destino de cada uno de nosotros podemos representarlo valerosa e inteligentemente cuando lo aceptamos como llega y lo asumimos progresivamente en el espacio, tiempo y dimensión humana que van transcurriendo. No hay escapes posibles de ese destino que nuestras Almas han planeado y solamente asumiéndolo logramos trascenderlo.


Ocupando la atención de nuestras mentes en desplegar o representar las imágenes de la depresión o de la ansiedad, elaboramos conflictos desde el presente: hacia el pasado, nos martirizamos idealizando "lo que debió ser, cómo debimos actuar nosotros o los otros, por qué las circunstancias no sucedieron de un manera conveniente y ventajosa, por qué algunas relaciones se frustraron o no fueron posibles"; hacia lo que llamamos futuro, ideamos "lo  que puede pasar, los riesgos y penurias que podremos afrontar, las crisis que podrán sobrevenir, las relaciones que podrán terminar o que talvez no sean posibles".  

                                                         

Si ocupamos nuestras mentes en procesos de Ansiedad o Depresión, entramos en conflicto porque nos empeñamos en acomodar nuestra realidad a un estado imaginario de complacencia y éxito que la vida y los demás deberán proveernos -lo que sólo es una proyección fantasiosa-, establecemos crisis fundamentadas en el temor, en la incertidumbre, en la vulnerabilidad.

 

La ansiedad, desde la psicología, es una emoción humana normal de temor y preocupación por los eventos que podrían suceder; la calificamos como un trastorno mental cuando se torna obsesiva y causa alteraciones en las relaciones y el desempeño de quienes la vivencian,  manifestándose con síntomas físicos (palpitaciones, sudoración, insomnio, opresión en el pecho y falta de aire) y síntomas cognitivos (pensamientos catastróficos, rumiación de ideas e interpretaciones, que distraen la atención y obstaculizan las funciones de memorizar, analizar, hablar y comunicar impresiones y situaciones).

 

La depresión, en psicología o psiquiatría, es catalogada como una enfermedad mental, es un trastorno emocional o anímico caracterizado por actitudes de pérdida de interés en relaciones y actividades, con cambios en el pensamiento y comportamiento, afectando el desempeño eficiente en las actividades cotidianas. Se manifiesta con tristeza, falta de energía, inapetencia, dificultades para conciliar el sueño y para ocuparse de sí mismo y de los demás, sentimientos de culpa. En los conceptos modernos la definen como una desconexión con su entorno y con los otros del ser humano afectado por esa condición.

 

La ansiedad y la depresión son elaboraciones mentales de nuestros egos que podemos deshacer a través de la comprensión y de la conciliación con todas las circunstancias y relaciones de nuestras vidas.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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[“La ansiedad no solo es una emoción, es un estado neurobiológico que altera la percepción.

Cuando los circuitos de alerta se mantienen hiperactivos, el cerebro interpreta estímulos neutros como amenazas.

Esto ocurre por una comunicación alterada entre la amígdala y la corteza prefrontal, lo que reduce la capacidad de evaluar el contexto de forma objetiva y aumenta la anticipación negativa”.]

Bishop, S. J., et al. (2024). Neural mechanisms of anxiety-related perception bias. Biological Psychiatry, 96(4), 287–298.



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