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jueves, 27 de agosto de 2026

Frases punzantes: nuestro lenguaje ofensivo y discordante.

                                                                                


FRASES DESTRUCTIVAS

 

Hugo Betancur

 

 

Respecto a nuestras expresiones verbales, podemos considerar como consejo prudente y protector la frase clásica "¡Mejor no lo digas!, que nos previene sobre los riesgos de hablar impulsivamente y sin sopesar las consecuencias de nuestras palabras.

 

Los mensajes que usamos a diario establecen unos propósitos, unas expectativas y unos moldes para nuestras vidas; pueden ser provechosos para contribuir a nuestro bienestar y al de otras personas o pueden atraernos dificultades.

 

Las palabras y las frases que utilizamos proceden de nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos provienen de las creencias que fuimos conformando o asimilando mientras crecíamos.

 

Pongo como ejemplo algunas frases que escuchamos con frecuencia:

 

“A mí todo me sale mal”.

“Nunca logro lo que quiero”.

“La vida es muy dura”

  ó “La vida es muy difícil”.

“No debemos confiar en nadie”.

“La vejez trae enfermedad 

  y  decadencia”.

“Estoy muy viejo (o estoy muy vieja)                   para  aprender otras cosas”.

“Usted me conoció así”.

“Loro viejo no aprende a hablar”. 

(Tiene algo de verdad esta última afirmación aplicada a los loros y a su capacidad de elaborar o imitar solo hasta 20 palabras, mas no es adecuada para los humanos que tenemos una mentalidad susceptible a los cambios, si los emprendemos.)

 

¿Qué pueden atraer las personas que repiten continuamente esas frases?

 

Seguramente en nuestro medio escuchamos muchas frases más de contenido pesimista o adverso. A veces identificamos a quienes las dicen y los asociamos con sus mensajes conflictivos. Con tales frases parecen querer justificar sus comportamientos o excusarse de participar en acciones de cambio.

 

En la mayoría de las ocasiones esas frases negativas son innecesarias e inútiles porque predisponen al malestar o a la pasividad subyugada.

 

Expongo un ejemplo para analizar el efecto de las palabras y las frases. Si alguien dice con frecuencia “¡Todo me sale mal!”, con certeza podemos deducir que efectivamente cada actividad o relación que emprenda esa persona estará contaminada con esa pauta de pensamiento predominante y opresora. Mentalmente, ella está predispuesta a fracasar en lo que proyecta o en lo que hace.

 

En todo momento podemos cambiar estas tendencias y elecciones negativas. Es una decisión inteligente y práctica que nos permite liberarnos de todas esas frases sombrías y nefastas y de sus efectos.

 

Como hacer esos cambios

 

Debemos identificar esas frases derrotistas que decimos o que dicen otros: son mensajes limitantes y perturbadores que predisponen a la frustración y causan desasosiego; no hacen gratas ni reconfortantes nuestras vidas. Podemos desecharlas y liberarnos de las imágenes que suscitan en nosotros y en los demás.

 

Y podemos acoger como convenientes las ideas y los mensajes optimistas, constructivos, agradables, conciliadores.

 

Sólo podemos expresar pensamientos positivos si tenemos en nuestras mentes esa disposición entusiasta y de confianza. Si nos damos cuenta que no está y queremos instaurarla, encontremos los motivos que debemos remover; si tenemos la intención de resolverlos nos corresponde actuar –en un proceso de aprender y desaprender, de modificar y deconstruir-.

 

Es muy contradictorio que nos propongamos hacer o decir algo que interpretamos o percibimos como inaceptable o inadecuado según nuestros subjetivos sistemas de creencias.

 

Podemos contemplar la vida con dos enfoques: uno tristón y claudicante, que nos lleve a sentirnos víctimas propiciatorias; otro alentador y esperanzado, que nos lleve a la satisfacción y a la integración en nuestras relaciones.

 

Aquello que valoremos y practiquemos será nuestro presente, flexible y optimista, o escabroso y tirante, según sea nuestra elección.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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miércoles, 26 de agosto de 2026

Complacencia, insuficiencia, consideraciones de nuestros egos.


                                                                                          

Complacencia, insuficiencia,

consideraciones de nuestros egos. 

 

Hugo Betancur

 

Para nuestros egos parecen imprescindibles estos dos enfoques: la complacencia como una condición que debe ser satisfecha continua y abundantemente, y la insuficiencia como un patrón de medida habitualmente aplicado y persistente.

 

La complacencia es un valor para el ego que le permite calificar a sus relacionados y decidir cómo apreciarlos y recompensarlos, o cómo desdeñarlos y relegarlos.

 

La insuficiencia para el ego es una limitación que le pone en conflicto con circunstancias y relaciones que juzga por los resultados, según su consideración de ganancia o de pérdida.

 

El mundo para el ego es un escenario de conquista donde considera adecuado utilizar estrategias de avasallamiento, de persuasión demandante, de control.

 

El ego interpreta la complacencia como una ofrenda y un tributo a su importancia y a los requisitos de saciedad que le son característicos.

 

Cuando los cuidados y la obediencia a sus requisitos no le son prodigados, el personaje es acuciado por su ego a la protesta, al enojo, al conflicto y a la disociación. Es posible que saque a relucir su instrumento de manipulación predilecto, la condición de víctima, con la consecuente asignación de las culpas a otros. Hace manifiesta la insuficiencia que es su medición de escasez y la frustración, que es su respuesta psicológica de rechazo.

 

Lo propio del ego es su condición de ente parasitario, vociferante, tramador de guiones y relaciones ideales que la vida le permite cumplir solo a retazos y que ahuyentan las asociaciones apacibles, amables y fluidas.

 

Obtener la complacencia regularmente y mantener una menuda suficiencia lleva al ego a la presunción de un aplacado y cándido estado de satisfacción que equipara con felicidad y éxito.

 

Cuando nuestras mentes despliegan la complacencia y la insuficiencia como valores fundamentales en la relación con las cosas y los seres vivos, el amor posiblemente esté ausente.

 

El amor se recrea en las relaciones generosas, dadivosas, ecuánimes, fructíferas, cooperativas, donde la alegría, la calidez y la libertad pueden ser expresadas sin yugos y sin limitaciones.

 

Desde otra perspectiva diferente, lo que idealizamos como felicidad y que anhelamos deberá ser provista por otros o por el mundo exterior, es solamente una ilusión que se disipa tan pronto como las mentes de los participantes procuran hacerla real en sus circunstancias y en sus ambientes -parecida a un arcoíris que aparece en el cielo fugazmente con sus colores vivos que se van desvaneciendo mientras intentamos encuadrar una toma fotográfica con el propósito de conservar su imagen. Esas ensoñaciones de amor y de felicidad son transitorias, inestables, cambiantes, imposibles de alcanzar en el prodigio de la vida e inasibles como la invisible y fresca brisa en el verano.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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Sin saber qué hacer, tanteando.

                                                                                 


SIN SABER QUÉ HACER, TANTEANDO.

 

Hugo Betancur

 

La existencia de cada uno de nosotros es una progresión en la evolución planeada por las almas.

 

Avanzamos en nuestro itinerario particular sin que podamos prever lo que sucederá, como quien participa en una carrera de obstáculos sin saber cuáles deberá afrontar ni en que ubicación del trayecto.

 

Muchas veces encontramos escollos, dificultades, relaciones conflictivas que no logramos resolver y nos quedamos pasmados; faltan en nuestras mentes las consideraciones que nos guíen acertadamente a la elección más justa en el momento.

 

Podemos establecer dos circunstancias que afrontamos habitualmente: los asuntos del mundo -cómo no relacionamos con los seres vivos, los eventos y las cosas materiales, qué autonomía podemos asumir o qué tanta dependencia nos condiciona-  y los asuntos de nuestra mente -los instrumentos psicológicos de nuestro personaje: creencias, percepciones, procesos de pensamiento e informaciones que aplicamos, sentimientos, emociones, motivaciones y propósitos, la actuación de un ego avasallador que nos mueve como marionetas o la de un ego aplacado que nos obedece.

 

En esa relación con otros tenemos dos alternativas: adoptamos un comportamiento ventajoso y utilitario, o asumimos actitudes solidarias y afectuosas que sean beneficiosas para ellos y nosotros.

 

Cuando coincidimos con otros en algún momento en que afrontan dificultades o procuran establecer un nexo afectivo, es lícito que dejemos de lado nuestro ego truculento y despleguemos acciones acogedoras.

 

Asumimos un papel de villanos y depredadores guiados por nuestros intereses y ambiciones, o nos asociamos con los demás con generosidad y respeto.

 

¿Establecemos un puente de gratitud y simpatía con nuestros actos o establecemos una barrera de resentimiento y hostilidad? 

 

Cuando no tenemos una visión clara sobre qué elección hacer podemos seguir la máxima de convivencia del Maestro Jesús: “No hagas con los demás lo que no quieres que hagan contigo”.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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sábado, 22 de agosto de 2026

Los nichos de cada uno


¿NICHOS   ACOGEDORES

ó   AMBIENTES SÓRDIDOS?

Hugo Betancur

 

La palabra nicho procede del italiano nicchio (concha de molusco): significa escondrijo, recoveco.

También tiene la acepción de cavidad en una pared donde colocan estatuas o restos -algo que palpitaba y crecía lo depositamos allí porque perdió su vitalidad y su vigencia.

En psicología, es una población con tendencias y rasgos culturales parecidos.  En filosofía, los nichos quizá sean los dominios que cada autor estableció como su ideario particular con sus percepciones sobre el complejo panorama de la vida.

Un nicho, en general, podemos definirlo como un espacio geográfico temporal donde seres vivos subsisten y transcurren.

El nicho humano y de los demás seres vivos es el planeta Tierra, que pertenece a un ámbito que llamamos Universo. De ese nicho vital intermedio que es nuestro Mundo, surgen nichos menores que congregan adeptos o adictos a cultos, culturas, figuras o prácticas.

Los nichos pueden ser tan exuberantes y coloridos como un espacio campestre donde los animales se mueven a su antojo entre la vegetación y el cielo, disponiendo de agua y frutos abundantes y expresando con su voces y trinos su regocijo. O los nichos pueden ser sombríos y atrapadores, plagados de conflictos y desdichas: ahí los integrantes aparecen desintegrados, imperativos y hostiles confrontando sus egos y sus pretextos y no logran liberarse de sus pugnas.

Muchas veces, los humanos no alcanzamos una consciencia sobre nuestras acciones y nuestras relaciones negativas y permanecemos en los nichos que nos apesadumbran y nos degradan. Nos quedamos pasmados, silenciosos y quietos, viendo como la vida sucede afuera y en nuestras mentes sin que logremos resolver las situaciones adversas del presente -dejamos que tareas y eventos queden acumulados para el incierto mañana.

Vemos como evidente e inevitable que algunas circunstancias debemos sortearlas porque nuestro entendimiento sobre sus características es insuficiente o porque las condiciones no favorecen su transición, conciliación o disolución.

El ideal fundamental para cada uno es el progreso en sus relaciones, sus aprendizajes y sus cambios y su comprensión de la existencia.

Si los nichos se tornan áridos y desapacibles -si las fuentes de agua se secan y la vegetación se marchita y deja de verdear, florecer y fructificar-, es licito que nos alejemos e incursionemos en una realidad diferente. Nuestra mejor elección es que los nichos humanos que habitemos nos prodiguen bienestar, alegría y sosiego, lo que  podremos proyectar hacia otros y hacia el entorno compartido para expandir nuestras mentes y nuestro optimismo.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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domingo, 16 de agosto de 2026

Atemorizados, temerosos, intimidados.

                                      

“Accord” ilustración en mural del artista pop y grafitero POSE (Jordan Nickel), ubicada en Chicago Union Station, hace parte de las instalaciones de arte público de la serie «Art at Amtrak.


ATEMORIZADOS, TEMEROSOS, INTIMIDADOS.

 

Hugo Betancur

 

Intuyo que todos los seres humanos estamos expuestos a las vulnerabilidades de nuestros destinos particulares.

Desde la cuna afrontamos los riesgos de la vida con la garantía de éxito incierta y escurridiza.

Nuestras relaciones pueden fracasar, también nuestros estudios, nuestros trabajos -fracasamos como el aprendiz de mago que practica incansablemente sus trucos de ilusionismo atravesando la fatiga y el hastío, apropiándose progresivamente de la paciencia y la constancia, transformando con la práctica del oficio su impericia y su ignorancia en ingenio y maestría (él se supera a sí mismo y nos da el ejemplo de lo que podemos hacer para transformar nuestras mentes y liberarnos del rótulo de fracasados).

Solo trascendemos nuestro estado de principiantes integrándonos a la escuela de la vida, asumiendo las asignaturas disponibles, ejecutando las tareas requeridas -no podemos desfallecer porque no hay suplentes que puedan caracterizar nuestro personaje.   

Tal vez logremos realizar los planes que ideamos y mostrarnos satisfechos y afortunados como consecuencia, o tal vez veamos como se desdibujan nuestros proyectos lo que nos lleva a mostrarnos frustrados y desanimados (aplicamos el término 50/50 de la  estadística donde la probabilidad clásica nos planta ante una posibilidad equitativa de que ocurra uno de dos resultados posibles, con la favorabilidad fluctuante, tan dudosa como la culminación del reto de un equilibrista novato de caminar de extremo a extremo sobre una cuerda floja que se bambolea con su peso.

Nuestras mentes arman el argumento y las imágenes del temor lo que hace que nos postremos sumisos y monótonos manteniéndolo vigente y martirizante.

Concebimos una película de nuestras existencias y nos acogemos al guion elaborado como directores y actores fanáticos, sin atrevernos a modificar el libreto como lo hacen los escritores virtuosos reescribiendo sus relatos muchas veces hasta plasmar una trama impecable que no requiere retoques ni añadiduras.

Debemos alinear nuestra filosofía de vida con los roles imperativos de nuestro destino, intransferibles, coincidentes con el tiempo presente donde las acciones ocurren con sus atributos evidentes -la revisión del pasado en nuestra memoria es desrealizante porque nuestras creencias, nuestros intereses y nuestros ideales lo desvirtúan y esto incuba nuestros temores, que también son acrecentados cuando transgredimos la realidad y escudriñamos el futuro inexistente adjetivándolo como desventajoso  y perturbador (estas dos visualizaciones, pasado y futuro, son especulaciones estériles de mentes confundidas). Así como nuestros cuerpos cicatrizan sus heridas y reparan los tejidos lesionados, así también debemos cicatrizar las heridas que nuestras mentes hicieron por los hechos del pasado -que solo quede la huella y que el caos psicológico sea resuelto y dejado en la bruma del tiempo ido.

Debemos procesar nuestros temores y entenderlos como distorsiones de nuestras mentes que interpretan los eventos y las relaciones como amenazas -y solo son sucesos por resolver.

Cada mente que inventa sus temores debe deshacerlos para armonizarse a si misma y liberarse de los sufrimientos que se ha impuesto.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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