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sábado, 14 de marzo de 2026

Cómo sanar nuestros duelos





EXHORTACION A SANAR 

 

Hugo Betancur

 

 

Deja correr un rio de lágrimas

con las penas de tu mente.

Siéntete el ser más infeliz

y desolado sobre la tierra.

 

Sabe que no son más tristes

los motivos de tu llanto

ni menos amargos que los de otros.

 

No elabores culpas

para justificar tu aflicción,

son trincheras infranqueables

que acrecientan tu pesadumbre

y pueden hacerte mucho daño

-muchas veces

no podemos alterar nuestro destino

y no tenemos ningún poder

para alterar el de los demás;

y no nos es posible deshacer

ni rehacer lo que ya pasó.

 

Desborda tus emociones 

y extasíate en tu llanto

por el  duelo que afrontas.

Tus ojos,

ahora vidriosos y consternados,

brillaron con alegría y optimismo

tantas veces,

cuando tu mente

hizo otros retratos de la vida

más expansivos,

más amables y más gratificantes.

Olvidas todo eso ahora

y te estancas en el sufrimiento.

Las almas de aquellos que lloras

te acompañan,

sin que puedas ver cómo te rodean

con su abrazo de luz y de amor.

Están a tu lado,

pero no puedes tocarlas ni oírlas,

porque son Estelas de Dios,

no visibles para nuestros ojos,

esperando un nuevo nacimiento

a otras existencias distintas

en su Sabio Plan

de evolución y trascendencia.

 

Agota tu contienda

desde la Sabiduría de tu Ser

y desoye las consideraciones de tu ego

que no sabe sobre el sentido esencial

de todo lo que hemos decidido experimentar

en las historias

de los personajes que representamos.

 

Una vez hayas vencido este proceso

de tu mente desconcertada y reactiva,

retorna a los espacios abiertos

donde los vivos aguardan para abrazarte,

para celebrar contigo

el prodigio de respirar y existir

en este mundo

lleno de belleza y exuberancia,

donde nuestras acciones

y la asistencia de los que nos aman

propician la sanación de nuestras mentes.

 

Reúnete con los amigos y los familiares,

personajes también,

desajustados o equilibrados,

torpes o certeros,

elementales o muy profundos.

Tu y ellos seguirán cumpliendo

los rituales y experiencias de sus biografías,

y también serán conmovidos y abatidos

por sus ocasionales tristezas y duelos

que duraran el tiempo que decidan dedicarles.

 

Todos los contrastes de la vida

nos suceden y pasan

-la alegría, la tristeza,

la plenitud que luego se vuelve incertidumbre,

los temores y las dudas,

la soledad y el acompañamiento que la resuelve.

 

Solo confía en la Guía que invocas a Dios

para restaurar tu paz y tu confianza.

 

Todo y todos pasamos

y la vida sigue progresando

en sus múltiples manifestaciones y realidades.

 

Hugo Betancur (Colombia)

_______________________________________________

 

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domingo, 8 de marzo de 2026

Conflictos, transiciones, soluciones.

                                                                                               Fotografía por Diana Valderrama

CÓMO LIBERARNOS

DE LOS CONFLICTOS Y LAS CRISIS

Hugo Betancur

 

Las respuestas a los retos de nuestras efímeras existencias están en nuestro ser y en el ahora, no afuera, ni en el pasado, sino en este instante en que respiramos y en que podemos apreciar y sentir lo que nos rodea.

Muchas veces, en nuestro sano propósito de resolver nuestros conflictos nos dirigimos a otros seres humanos buscando guía o soluciones. Podemos recordar que esos conflictos provienen de procesos que hemos conformado en nuestras mentes y que la atribución de cambiarlos es nuestra responsabilidad.

Afuera solo existe lo que vemos como real, el vasto espacio habitado con sus criaturas vivas diferenciadas y con los contrastes de la dualidad.

Dedicamos mucha energía de nuestras vidas a mantener latentes las situaciones vivenciadas y a dramatizar sobre todo aquello que interpretamos como causa de nuestros dolores, heridas, frustraciones, pesares -pesos que cargamos-, conflictos y crisis no resueltas.

El entorno que percibimos nos parece muchas veces un panorama desolador, atiborrado de personajes que consideramos egoístas, tontos o crueles porque los vemos empeñados en satisfacer sus obsesiones, deseos y ambiciones, pretendiendo subyugar a otros, despojándolos de su autonomía y de sus recursos.

Podemos encontrarnos con estos seres humanos egocéntricos, confundidos, hostigantes, y podemos sentirnos traumatizados o afectados por sus acciones. O podemos dejarlos pasar de largo, padeciendo sólo la incomodidad del momento.

La única forma de liberarnos de algo que nos causó impresiones tortuosas o malestar, es aceptando "lo que es": cada uno hace lo suyo, impulsado por su personalidad y su sistema de creencias y en cada instante actúa según su idiosincrasia.

Cuando nuestras acciones afectaron negativamente a otros, no nos fue posible obrar de manera distinta o ideal –entendiendo lo ideal como el mejor acto que podíamos realizar, siendo considerados con las vulnerabilidades de nuestros semejantes y respetando sus condiciones humanas de libertad y sus opciones de acierto y error. Sin embargo, debo destacar que toda acción destructiva o dañina que ejecutamos nos crea un nexo de deuda, un yugo de conflicto, en el plano de la vida.

Cada uno es lo que es y sólo puede cambiarse cada quien a sí mismo desde el particular y singular albedrío que le corresponde.

La consciencia, el propósito y la voluntad de cambiar son requisitos esenciales para realizar esas modificaciones definidas o requeridas.

En todas las circunstancias, cada uno representará su personalidad, sus creencias y sus limitaciones -el tonto actuará como tonto y el sabio como sabio, en el espectáculo del mundo.

No es adecuado que prosigamos nuestra cadena de reproches y de resentimiento. No sigamos rindiendo culto a quienes juzgamos como causantes de nuestras desdichas y temores, porque todo eso ha surgido de nuestra mente. En nuestra mente son demonios a quienes rendimos culto y que instauramos en un pedestal de crueldad ante el que nos inclinamos atemorizados.

Nuestra mente los mantiene vigentes hasta que decidimos liberarnos de ellos y de sus comportamientos e idiosincrasias.

El proceso adecuado y progresivo para la solución de esos represamientos en nuestra psiquis, de esos procesos de nuestras mentes, puede ser una sucesión parecida a esta:

1. Experimentamos eventos o relaciones en nuestras vidas.

2. Los interpretamos subjetivamente: decidimos o elegimos cómo los rotulamos -positiva o negativamente-.

3. Reaccionamos ante esas experiencias, situaciones o relaciones ya vividas.

4Expresamos nuestra inconformidad, nuestro rechazo y nuestra resistencia a fluir y a dejar pasar, si nos sentimos victimizados o atropellados por lo que sucedió o por aquellos con quienes interactuamos.

5. Expresamos nuestro desequilibrio, depresión o desasosiego, que interfieren con nuestra paz. Podemos experimentar síntomas de enfermedad que delaten y expresen nuestra conmoción.

En esta etapa protestamos, nos lamentamos, acudimos a los amigos o confidentes con nuestras quejas y nuestras amarguras; podemos requerir ayuda o asistencia de especialistas en alguna cosa que serán solo observadores o analizadores de lo que representamos, contemplándonos desde sus posiciones de poder o influencia, y que en ocasiones pueden sugerirnos soluciones apropiadas -médicos, psicólogos, siquiatras, psicoanalistas, representantes de las religiones institucionalizadas, personas accesibles con quienes coincidimos en tiempo y espacio-.

Ninguno de estos seres puede resolver nuestros conflictos porque nosotros los hemos creado y propiciado a partir de situaciones atravesadas, son nuestro duelo, nuestro sufrimiento y nuestra crisis particular.

Muchas veces nos mostramos autocompasivos y quejumbrosos, estancados y empeñados en mostrar nuestro drama personal -como protagonizando y extendiendo una nefasta tragedia que nos agota y de la que no asumimos responsabilidad. Podemos encontrar otros seres humanos que estén de acuerdo con nosotros en que hemos sido injustamente tratados y que refuercen nuestra imagen precaria de desamparados.

6. Alcanzamos el estadío o etapa de desesperación: nos sentimos apabullados y conmocionados; no hemos encontrado soluciones y nuestras vidas son un lío: es este el momento cumbre, nuestra "noche oscura del alma". Aquí vemos solo dos opciones: liberarnos o seguir atados a nuestros yugos.

7. Podemos acoger la aceptación de lo que pasó considerando que hace parte de nuestro aprendizaje y que cada uno de los participantes sólo pudo vivirlo a su manera y con sus condiciones. Así restauramos nuestra paz.

O podemos rendirnos en nuestros roles de víctimas y jueces implacables y seguir siendo abatidos por las cargas acumuladas. Nos manifestamos entonces como personajes sombríos y anacrónicos.

8. La aceptación es un entendimiento que nos lleva a la comprensión, lo que nos permite liberarnos y cambiar, ejerciendo nuestra voluntad desde un estado de conciencia y autonomía.

Sólo podemos modificar el pasado comprendiéndolo y dejándolo ir.

En todo momento podemos cambiar de elección dejando atrás los eventos que definimos como dolorosos.

Así realizamos sabiamente nuestros aprendizajes y asimilamos nuestras experiencias y vivencias como situaciones adecuadas. Los inviernos suceden y llegan otras estaciones. Cada una tiene sus requisitos. No necesitamos abrigarnos ni llevar botas altas en el verano.

 

Hugo Betancur  (Colombia)

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*Estadío: m. Etapa o fase de un proceso en biología o medicina. La definición es aplicable a otros procesos de la vida. Utilizo la palabra tildada con acentuación aguda para diferenciarla de la palabra que alude a una instalación deportiva.

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