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martes, 25 de noviembre de 2025

Nuestros guiones de infelicidad

Parte  de Monumento a la raza antioqueña, escultura de Rodrigo Arenas Betancur. Medellín, Colombia.


Guiones de infelicidad de nuestros egos: 

culpas, victimización, miedos.


Hugo Betancur

 

Nuestros estados de infelicidad nos advierten que no estamos haciendo los cambios y los aprendizajes imprescindibles para instaurar nuestra libertad mental -de los yugos del pasado atravesado y de las ambiciones y temores del futuro inescrutable.

 

Tres suposiciones ilusorias de nuestros egos nos llevan a las crisis y a los conflictos contra otros seres humanos y contra nosotros mismos: las culpas que provienen de nuestros juicios sobre nuestros actos y los de otros, la victimización con que nos excusamos de asumir nuestras responsabilidades “porque son otros quienes nos  han causado daños y heridas psicológicas” mientras nosotros nos declaramos inocentes, y el miedo con que renunciamos a nuestra capacidad de resolver nuestras dificultades y aprendizajes.

 

Cuando elegimos culparnos o culpar a otros, victimizarnos o victimizar a otros, o entregarnos a nuestros miedos, estamos rechazando nuestro poder y nuestra autonomía para liberar y sanar nuestras mentes.

 

Para justificar y defender nuestros miedos y nuestros juicios sobre culpas y victimización creamos argumentaciones rígidas que figurativamente adquieren dimensiones de murallas que nos aíslan y nos impiden armonizar y comprender nuestros procesos mentales y los de otros.

 

Nuestros hábitos de juzgar y victimizar se tornan recurrentes porque nuestros egos desenfrenados los imponen a nuestras mentes y a los demás. Creemos que nuestros juicios son razonables y ciertos y los emitimos como jueces fanáticos e incontrovertibles; sin embargo, carecemos de un conocimiento pleno de lo que impulsó a otros a comportarse o actuar a su modo, según sus creencias y sus motivos, por lo que nuestras opiniones nos llevan más a los conflictos y las pugnas que a la comprensión que descubre causas y que aplaca nuestras mentes.

 

Los computadores -o las computadoras- tienen dos recursos informáticos que los dinamizan: actualización y papelera. Los programas que afectan la eficiencia del sistema instalado debemos reemplazarlos por otros más funcionales o desecharlos.

 

El sistema de cada uno de nosotros es nuestra mente y el ego es un software o programa accesorio que debe funcionar hasta donde lo permitamos, favoreciendo nuestros aprendizajes y relaciones y advirtiéndonos sobre los cambios que debemos hacer -si ese ego no es contenido y amaestrado causa trastornos graves en nuestras vidas.

 

Las plantas vegetales brotan desde sus semillas y sus raíces y van cambiando a medida que crecen. A lo largo de sus vidas se desprenden de sus hojas marchitas y reverdecen -muchas fructifican. Todas cambian y se fortalecen trascendiendo los retos de sus ciclos vitales.

 

Nosotros evolucionamos y transformamos nuestras vidas y nuestro árbol familiar con nuestros aprendizajes y nuestros cambios. La vida es movimiento y acción para resolver y progresar. El pasado es el reto cumplido.

 

La metáfora del vaso medio lleno o medio vacío alude a lo que puede contener un recipiente. Podemos hacer otra metáfora sobre lo que pueden contener nuestras mentes y qué utilidad pueda tener: si es un archivo de conocimientos, creencias y conceptos provechoso que nos granjean bienestar y tranquilidad al aplicarlos, o si es un archivo de conocimientos, creencias y conceptos pesados que nos precipita al caos y al malestar.

Cuando vemos la vida como un hermoso y floreciente jardín, estamos eligiendo la vivacidad de nuestro ser. Cuando vemos nuestras vidas como una tragedia, es posible que estemos eligiendo la psicología oscura de nuestros egos.

Nuestros sentimientos son estados o disposiciones de nuestras mentes y las emociones son nuestras reacciones o respuestas a lo que percibimos*.

Nuestras mentes albergan sentimientos que brotan en nuestras relaciones y actuaciones: unos que nos acercan -empatía, euforia, admiración, afecto, optimismo, gratitud, satisfacción, agrado-, y otros que nos distancian -antipatia, aversión, odio, rabia, tristeza, indignación, impaciencia, envidia, venganza, celos, resentimiento.

Debutamos a diario con nuestras idiosincrasias en un mundo incierto e imprevisible. Cada uno de nosotros definimos el sentido y los valores que podrán guiarnos en la realización de nuestros destinos.

       Hugo Betancur (Colombia)

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domingo, 23 de noviembre de 2025

La sombra en nosotros

                                                                             Fotografía por Diana Valderrama B.


LA SOMBRA O LO SOMBRÍO EN NOSOTROS

  

Hugo Betancur

La dualidad es una de las características distintivas e inevitables de nuestro mundo y de la personalidad de cada uno.

La sombra, lo sombrío, lo velado, es una parte de esa dualidad. Su contraste o complemento es lo luminoso, lo claro, lo que puede ser conocido de cada ser humano.

Con la expresión “la sombra”  nos referimos a rasgos y actitudes que nos crean conflictos con nuestra integridad, con la imagen ideal que queremos mostrar a los demás y con el modelo de ser humano que conformamos en nuestra mente.

La sombra tiene dos componentes que salen a la luz en nuestras relaciones habituales.

Un componente es superficial, conocido y definido, representado en las situaciones y actividades que nos atraen porque nos parecen placenteras, vedadas, censuradas y muy tentadoras para nuestras mentes, que a veces nos subyugan bajo la imagen de aventura y complacencia que les hemos dado. En esas situaciones y actividades somos tomadores de lo que otros nos prodigan, somos disfrutadores halagados y acomodados que acaparamos sus dádivas y eso nos lleva a sentir percepciones de culpa -en ocasiones calificamos públicamente comportamientos similares de personas distintas a nosotros como repulsivos y egoístas para dar una imagen de "decencia" que nuestros actos contradicen y ocultamos nuestras intenciones e intereses utilitarios o maquinadores para evitar el riesgo de ser rechazados y discriminados por los demás.

El otro componente es profundo, desconocido y enigmático, representado en lo inconsciente, las tendencias o comportamientos imprevistos que no hemos definido como propias y que manifestamos  impulsivamente, provenientes  de lo más recóndito de la psiquis1 de cada uno.

Los dos componentes son disociadores porque no corresponden a lo que somos. Nos permiten mimetizarnos con el entorno en la apariencia y mantener en secreto nuestra farsa.

Nuestra sombra nos incita a realizar acciones o comportamientos “pecaminosos” que nos procuren placer o satisfacción –y que, para nuestra desventura, no relacionamos con las consecuencias ulteriores que atraerán sobre nosotros o sobre los demás. Para disimularlos improvisamos la imagen ficticia de bondad que exhibimos a los demás. Nos ponemos la careta o máscara social para convencerlos sobre la autenticidad de nuestro rol de actuación afectuoso y solidario.

El pecado es un juicio sobre las acciones humanas. Según unas leyes y normas provenientes de líderes e instituciones religiosas, es considerado como una transgresión contra los mandatos morales de comportamiento. Algunos personajes e instituciones se han arrogado el papel de jueces y de sancionadores contra quienes se atreven a infringirlos -siempre con la doble moral como fondo "lo que otros hagan es condenable y lo que nosotros hacemos es justificable (aunque las acciones y los resultados sean similares).

 Nuestras acciones sombrías se ajustan al listado y descripción de los siete pecados capitales establecidos por la iglesia católica romana y fundamentados en la tradición doctrinaria judeocristiana.

 Esos siete pecados capitalespodemos considerarlos en nuestro ideario actual como comportamientos egoístas disociadores, como errores en las relaciones, porque cuando los experimentamos para nuestra complacencia particular afectamos nuestras vidas y las de otros seres humanos.

 Sin embargo, en esa lista de pecados graves faltan los comportamientos más destructivos: la violencia, el engaño y la esclavización –confrontados con esos eventos, algunos seres humanos deberán someterse y sacrificarse para que otros predominen y realicen sus proyectos de vida y sus fantasías.


Defino los pecados capitales:

-Lujuria: el propósito o los deseos obsesivos relacionados con el placer, con los cuerpos o las imágenes sensuales.

-Pereza: la resistencia a la acción o la negligencia en lo que hacemos. 

-Gula: el apetito desmedido hacia la comida o la bebida.

-Ira: disposición hacia comportamientos y reacciones hostiles contra otros por sus acciones o por las características de sus personalidades.

-Envidia: la ambición de poseer lo que pertenece a otros –lo material o los atributos físicos y de sus personalidades. 

-Avaricia: tendencia a poseer y acumular las cosas materiales –a veces también cargos o jerarquías de poder o control sobre los demás. 

-Soberbia: la presunción de superioridad sobre otros. Es una sobrevaloración subjetiva, una exaltación de la importancia de sí mismo. Es sinónimo de arrogancia, de orgullo, de egolatría, de vanidad.

Nuestros juicios sobre otros o sobre nosotros mismos nos llevan a decretar o atribuir las culpas.

Por esas culpas determinamos la aplicación de un castigo.

Respecto a otros ese castigo no debe ser postergado ni anulado.

Respecto a nosotros, la sombra concluye que nuestras culpas deben ser diluidas en las justificaciones, o atribuyendo nuestra responsabilidad a otros por medio de una proyección o un desplazamiento, o, en casos extremos, ocultándolas por medio de una negación tajante. 

Todos estos comportamientos son distorsiones de la realidad compartida que nos llevan a mantener los conflictos y el malestar cuando la pelota lanzada rebota contra nosotros –cerrando el círculo de acción y reacción, estímulo y respuesta, causa y consecuencia. 

La sombra no es lo que somos, sino una parte de lo que somos. Podemos sacarla sin temor a la luz para definir sus atributos y para liberarnos de nuestros yugos. Lo conocido deja de ser inaccesible y temido cuando alcanzamos nuestra comprensión.


Hugo Betancur (Colombia)

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1. La psique o psiquis, palabra proveniente del griego ψυχήpsyché, que significa «alma».

2.  Los siete pecados capitales fueron promulgados por el  papa romano Gregorio Magno (540-604) en el siglo VI, en este orden de notoriedad: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia.

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lunes, 17 de noviembre de 2025

Obsolescencia de las mentes


OBSOLESCENCIA, INSUFICIENCIA, VENCIMIENTO.

 

Hugo Betancur

 


La mente ignorante* permanece en un estado de carencia y de insuficiencia que es una barrera de aislamiento, con pobres recursos para bastarse a sí misma y sin destrezas que le permitan destacarse en los entornos públicos y familiares (podemos imaginarla como una casa estrecha atiborrada de objetos inservibles para su dueño -allí las ventanas permanecen cerradas, el aire se ha tornado enrarecido y sus estancias no son confortables para ocasionales visitantes).

Como seres humanos vivos tenemos la opción de aprender sobre nosotros mismos -los derroteros de nuestros egos y los rasgos de nuestra personalidad- y sobre los demás y lo que percibimos afuera. Si logramos definir y comprender estos dos escenarios podremos liberarnos de la conflictividad que surge de nuestras pugnas con su realidad.

Cuando pretendemos que lo externo se acomode a nuestro modelo mental o cuando pretendemos imponer ese modelo en nuestras relaciones, nuestras actitudes se tornan forzantes y disociadoras psicológicamente -nuestros enfoques son obsoletos y anacrónicos ante esas circunstancias.

En un extremo opuesto, nuestra disposición resolutiva nos permite trascender las crisis y las dificultades.

Podemos afirmarnos como el actor que se contempla a si mismo mientras interpreta sus papeles en los escenarios y también como un espectador que observa la actuación de los demás -uno y otro se hacen conscientes de sí mismos y de lo que perciben. Podemos traer después a la memoria los eventos representados para analizarlos. Todo lo anterior es el conjunto de cuadros psicológicos de comportamientos y de acciones que presenciamos o recordamos: ¿Qué propósitos guiaron nuestra participación, qué bienestar o malestar pudimos propiciar?, ¿Nos desempeñamos con acierto o solo improvisamos porque no nos acoplábamos a los requisitos del momento?

La utilidad y la funcionalidad de algo o de alguien define su actualidad. Lo obsoleto no cumple con la definición de esos sustantivos. ¿Nuestras relaciones son útiles y funcionales? ¿O nuestras relaciones son inútiles y disfuncionales y nos llevan a la frustración y al aburrimiento?

Podemos considerar lo obsoleto como algo anacrónico, que no corresponde al presente -tal vez en otra época pudo ser valorado y calificado como actual y quedó relegado a medida que el tiempo fue pasando. Nuestras creencias, nuestros hábitos conformistas y caducos, nuestras relaciones carentes de empatía nos hacen obsoletos. También nos hace obsoletos la indolencia con que evadimos nuestros aprendizajes y nuestro destino.

Desentonamos ante los otros actores cuando nos escabullimos porque nuestros egos desdeñan la trama de la historia común para conducirnos por sus escabrosos senderos.

Nos actualizamos cuando permitimos que nuestras mentes fluyan y resuenen con los ritmos de la vida.

Expandimos una capacidad de entendimiento y de acción si nuestras creencias encajan con una realidad coherente y razonable -si son veraces y aplicables a los eventos y a las condiciones de la existencia.

Podemos disipar nuestra obsolescencia y nuestro letargo mental cuando acogemos el tiempo presente con su complejidad, sus incongruencias e incertidumbres, cuando entendemos que haciendo los cambios aligeramos nuestras cargas -el agua de los estanques se enturbia cuando carece de afluentes y efluentes que remuevan el sedimento acumulado.

Si disponemos nuestras mentes a la adquisición de conocimientos y a la resolución de los conflictos y las confrontaciones, logramos una práctica conciliadora y pacífica.

Podemos liberarnos del yugo de nuestra obsolescencia emulando las actualizaciones de los sistemas operativos fundamentadas en procesos continuos que mejoran la funcionalidad, el rendimiento y la seguridad de los equipos electrónicos. Los programadores deben depurar los errores descubiertos y corregir las fallas constantemente para que los software sean confiables.

Las actualizaciones informáticas incorporan cambios y agregan recursos que permiten una óptima ejecución de tareas en los computadores.

El progreso de los seres humanos está fundamentado en el trabajo, en la ciencia, en la integración de las sociedades y las culturas, en la sincronía con la naturaleza, en el aprendizaje académico y de artes y oficios, en las experiencias particulares y colectivas aplicadas a los cambios requeridos para acoplarnos a relaciones armoniosas y provechosas.

Podemos hacer una metáfora de lo obsoleto comparándolo con un árbol seco y esqueléticos erguido sobre la tierra, que no reverdece porque la savia no circula desde las raíces; sus ramas, que no producen frutos, solo sirven  como soporte para los pájaros que se posan un momento antes de proseguir su vuelo).

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*IGNORANTES, los encumbrados y sus peones. 

[En nuestro mundo, los seres humanos ignorantes y carentes de autonomía son reclutados como tropas para los ejércitos de los siniestros tiranos, enrolados como peones por los astutos políticos, enlistados por los jerarcas de las religiones fundamentalistas como ejecutores de sus cruzadas violentas en nombre de sus dioses aniquiladores (a cambio les es prometido un cielo imaginario como recompensa por sus crímenes).

Desde sus cimas de poder, las mentes ignorantes con su megalomanía y su enfermizo autoritarismo, han promovido los genocidios y las guerras, mandando sus tropas a aniquilar a enemigos señalados o a ser inmoladas en los campos de batalla. En las crónicas del planeta, multitudes de seres humanos fueron masacradas por huestes  de los despiadados zares, -“Dios salve al zar”-, por hordas comandadas por los shogunes de los emperadores feudales de Asia Oriental -“soberanos celestiales”-, por las chusmas nazis genocidas de un führer demente que se creyó elegido por la Providencia para imperar sobre el mundo, por las hienas sanguinarias de los feroces conquistadores en sus campañas de rapiña y exterminio, por los dictadores y los lideres de las religiones fundamentalistas organizadas lanzando a sus funcionarios y a sus adeptos a causar homicidio y ruina contras sus adversarios].

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