“-¿Qué es la vida para ti, abuelo? -preguntó una niña adolescente”.
“-Mi pequeña Iridise, la vida es cada momento en que respiramos,
escuchamos y vemos lo que sucede, dándonos cuenta de su realidad. Es cada
momento en que observamos todo lo que pasa y que nos impresiona, nos conmueve, nos
llena de emociones. La vida es lo que percibimos cuando somos conscientes de
que todo lo que hacemos nos afecta y afecta a los demás. En este mundo de
incertidumbre y de temor, la vida es la alegría que sentimos por la presencia
de los seres amados. Solo puedo darte esa definición de la vida; sin embargo,
debo advertirte que cada uno debe descubrir el significado que es posible para
sí mismo –concluyó el anciano”.
La vida de
todo ser humano -y de las especies animales- es una relación constante con
otros y con el entorno desde el instante de la fecundación hasta el instante
del último aliento del cuerpo. El estado de las plantas y el equilibrio de la
naturaleza son afectados por las acciones y hábitos de los seres humanos y de
los animales.
En las
relaciones revelamos lo que denominamos nuestra identidad -los rasgos y
comportamientos propios de cada uno.
En las
relaciones establecemos propósitos, prioridades, expectativas; nos expresamos e
interpretamos las expresiones de los demás.
Nuestras
relaciones pueden ser apacibles y armoniosas, o pueden ser desapacibles y
tormentosas.
Nuestras
relaciones pueden ser relaciones felices o relaciones infelices.
Las
relaciones felices provienen de acciones felices -son acciones que proporcionan
a otros bienestar, complacencia, regocijo- y retribuyen a quien las realiza
compensaciones parecidas.
Las
relaciones felices producen integración, acuerdos, acercamiento afectivo
-aunque los cuerpos estén ubicados a un continente de distancia
Las
relaciones infelices provienen de acciones egoístas -egoísta es quien se da
mayor valor e importancia a sí mismo y a sus intereses que a los demás.
Las
relaciones infelices producen separación, conflictos, distanciamiento afectivo
-aunque los cuerpos estén ubicados a un paso de distancia.
Las
relaciones y las acciones felices propician un mundo amable.
Las
relaciones infelices y las acciones egoístas propician un mundo caótico y
adverso.
Y cuando
nuestras mentes tienen propósitos y acciones felices, el fruto posiblemente sea
algo parecido a lo que imaginariamente hemos llamado amor a lo largo de
nuestras historias: el fuego interior que guía armoniosamente nuestras
existencias y aviva cálidamente nuestras relaciones con los demás y con el
mundo.
Hugo Betancur (Colombia).
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