Vistas de página en total

domingo, 15 de febrero de 2026

La historia de cada uno

 
                                                                                                                             Fotografia por Elízabeth Betancur.

LAS MENTES QUE APRENDEN Y PROGRESAN

-y las que rehúsan hacerlo.

(Los procesos de "adultecer" y "adulteser)


Hugo Betancur

 

Nuestro crecimiento es un proceso de maduración, de aprendizaje y de adaptación –la adaptación no es la incorporación a un nicho estático donde imitemos comportamientos sino la integración en nuestras relaciones con el entorno y con los seres vivos: nos planteamos cómo fluir inteligentemente en nuestros ambientes, qué podemos aportar, como conciliar nuestras diferencias y divergencias.

Adultecer podría ser también el proceso de asumirnos a nosotros mismos, y de adulteser, asumiendo virtudes o atributos positivos y optimistas –aceptación plena de nuestros destinos, de nuestras tareas y nuestros cambios solucionadores, de nuestros personajes a representar con sus complejidades sombrías y sus virtudes, de nuestras relaciones familiares, sociales y culturales en que desplegamos nuestros talentos, nuestra ignorancia y nuestros emprendimientos. Adultecer también nos confronta con la resolución de nuestras crisis, nuestros duelos y nuestras rupturas.

Si adultecemos llenándonos de asuntos pendientes y de tormentos que esperamos que otros atiendan o gestionen, nuestra perspectiva se torna pesimista -¿cuál es nuestro ánimo a medida que acumulamos tareas de nuestras mentes y cuál es nuestro ánimo cuando las resolvemos?  Hagamos una metáfora doméstica: imaginemos la cocina de nuestra casa atiborrada de trastos sucios que apilamos solo durante unos pocos días y nuestra flojera para lavarlos y recuperar el aspecto acogedor de esta sección del hogar -¿Cuál es nuestro ánimo antes y después de asear los utensilios y colocarlos en los estantes?

Adultecemos sanamente apropiándonos de la comprensión, de la tolerancia, de la paciencia, de la superación de nuestro traumas mentales –nuestros guiones de infelicidad y de “heridos” por otros que nos llevan a auto victimizarnos-, (seguramente fuimos mal tratados, desdeñados, marginados de alguna situación o privilegio, desqueridos porque otros no podían expresar sentimientos acogedores y protectores hacia nosotros, y todo esto ha ocurrido porque tanto ellos como nosotros obramos según las circunstancias de nuestras mentes y según las alternativas asequibles para cada uno.

Adultecer nos lleva al entendimiento de que muchos seres humanos que nos afectaron hostilmente seguían el impulso de su personalidad y de su ego y no el propósito de hacernos daño.

Probablemente al adultecer vayamos declinando, desemocionalizando nuestros apreciaciones sobre lo que otros hacen o dejan de hacer, perdiendo nuestras tendencias hacia la discordia y la grandiosidad, atenuando los inútiles dramas que representamos para medir fuerzas con aquellos que estigmatizamos como nuestros adversarios.

Tal vez en el empeño de preservar nuestra paz logremos identificar un patrón de comportamiento propio de muchos seres humanos: la mentalidad de depredadores que los arrastra a las conquistas y a la pretensión de someter y vencer a otros en una enfermiza obsesión de poderío: con esa ambición despliegan ataques y cavan trincheras para amenazar e intimidar -se vanaglorian de sus luchas externas,  de sus idiosincrasias egocentradas y de la información discordante de sus mentes, y se privan a sí mismos de las acciones y relaciones cordiales.

Desde niños elaboramos nuestras ideas sobre el mundo, sobre los otros, sobre nosotros mismos. Conformamos nuestro repertorio de creencias y nuestra filosofía particular de la vida y nos ubicamos en los espacios disponibles.

A medida que escalamos la categoría de adultos también vamos declinando, no volvemos más calmados, menos adictos a los sobresaltos emocionales y a las discrepancias -un poco más tolerantes o indiferentes-, vamos dejando las amarguras afuera como quien se refugia de la lluvia en su casa y mira desde su ventana como arrecia el ventarrón y como el agua se precipita contra las cosas y los transeúntes.

Solo dejan huellas los hechos, la semilla plantada y abonada, que se eleva hacia el cielo creciendo primero con un frágil tallito y después transformándose en un recio tronco de ramas gruesas cubiertas por un follaje espeso que alberga los frutos de su edad madura. Lo que no sucedió no deja evidencias o queda como una omisión que nos podrá afectar o favorecer según su trascendencia y nuestra participación.

 

Hugo Betancur (Colombia)

____________________________________________________

     Otras reflexiones en:     

http://ideas-de-vida.blogspot.com/

http://pazenlasmentes.blogspot.com/

http://es.scribd.com/hugo_betancur_3

 

              Este Blog:           

http://hugobetancur.blogspot.com/

miércoles, 11 de febrero de 2026

SUICIDIO. El ego acosa: "Mata al que sufre".

"Autorretrato como pintor", Vincent van Gogh (dic-feb 1888), Museo Van Gogh Ámsterdam (Fundación Vincent van Gogh)


SUICIDIO: “¡Mata al que sufre!”


Hugo Betancur

 

Las acciones y tentativas suicidas tienen unas circunstancias comunes: inestabilidad emocional, minusvalía de sí, sufrimiento que precipita a la desesperación, el brote incontenible de una percepción derrotista, la desconexión afectiva con el entorno. Asociamos el suicidio con trastornos mentales padecidos por quienes lo contemplan como una solución a sus males.

 Tal vez el propósito del suicida sea quitar la vida a un yo atormentado y desesperanzado -ese “yo” es una identidad que muchos seres humanos podemos asumir como quien somos o el que somos, y está fusionada habitualmente con el nombre con que nos bautizaron (nos requieren “¡identifíquese!, y respondemos “yo me llamo…”). Ese "yo" que nosotros y otros personificamos es un agregado de creencias, tradiciones, suposiciones, que exteriorizamos en actuaciones, gestos y palabras -un personaje social. El yo real tenemos que descubrirlo en la mente que se va revelando a sí misma trascendiendo los papeles y las apariencias y haciéndose consciente de sus dones y limitaciones y de la integración con los demás seres vivos. 

  Las declaraciones de los suicidas tienen una connotación amenazante de fuga del mundo y de atentado contra el cuerpo que lo habita con la frase “voy a matarme”. La consumación del suicidio consiste en ejercer la acción deliberada e intencional de matar a la persona que está en conflicto con la vida. Con la muerte del cuerpo muere el personaje que lo habitaba; sin embargo, la mente no muere porque su existencia está ligada al alma que la vivifica -según mi entendimiento, la mente no es el cerebro sino un halo de energía sutil que se integra al cuerpo físico desde el momento de la concepción. De acuerdo con esta idea, la mente neuronal y el  cuerpo son instrumentos orgánicos de expresión del ser.

 Me han enseñado que cada personaje en los escenarios en que actúa tiene dos facetas de su mente que coexisten y que alternan sus roles, el personaje y su ego -podemos compararlos con el sistema operativo de un computador y un "software" o programa accesorio que ejecuta tareas especificas, metafóricamente. Según los enfoques que alguna de estas dos partes apliquen, y dependiendo de cual de las dos predomina, cada vida tendrá bienestar o malestar, beneficios o perjuicios. 

Habitualmente, cuando el ego domina la actuación, las relaciones se tornan discordantes, hostiles, desapacibles, abrumadas por el ataque o la defensa. Y en esas situaciones extremas en que la adversidad o la incertidumbre agobian al personaje, el ego elabora su mandato destructivo con que acosa a la mente: “Mata al que sufre”, lo que provoca la ejecución del suicidio como un escape al sufrimiento elaborado -la muerte del personaje es simultáneamente  la muerte del ego que lo fustiga. (También cuando los personajes padecen situaciones de fracaso o frustración que atribuyen a las acciones de otros, el ego acosa la mente de quienes se sienten oprimidos: “Mata al que te hace sufrir”, lo que sería la práctica  de una venganza si el homicidio es llevado a cabo).

 Esas “soluciones” drásticas dictadas por el ego no son amables: carecen de justicia y sensatez y desencadenan duelos y distorsiones de la comunicación y las relaciones.

 La mayoría de las religiones  reconocen dos principios de vida: el alma, inorgánica e inmortal, inasible y sublime -que ha sido y es antes, durante y después del nacimiento y existencia de los cuerpos físicos, y el cuerpo, perecedero, temporal, vulnerable. Las almas son la creación eterna de Dios, la expansión de su plenitud y autonomía.

 El mundo de conflicto, miedo, culpa y falta de compleción es el ámbito del ego, que nos incita a luchar y competir contra otros, a juzgar según creencias e intereses. El ego que impone sus dictados nos induce a creer en la importancia personal y en el éxito -deberemos alcanzar todo lo que ambicionamos o proyectamos-, y nos sentencia al fracaso y a la depresión si no logramos realizar nuestros planes.

 El ego nos torna rígidos y demandantes, empeñados en convencer a otros de nuestras razones y valores existenciales.  

 Cuando sentimos frustración y conflictos, el ego nos persuade que otros debieron proveer nuestra satisfacción y que son culpables cuando no lo hacen: la vida deberá someterse a sus requisitos y la función que asigna a los demás es brindarnos obediencia y propiciar nuestra felicidad -el ego nos lleva a concluir que la indulgencia es debilidad y  que podemos aplazar los cambios y aprendizajes imperativos en espera de que las acciones de esos otros con quienes nos relacionamos los hagan innecesarios.

 Desde la visión del ego, la felicidad vendrá de afuera y debemos “buscarla” en los escenarios exteriores a nuestras mentes.

 Sometidos al ego, interpretamos papeles -usamos la vestimenta de las ovejas y aparentamos su mansedumbre para seducir, o usamos la vestimenta del lobo para intimidar, someter o manipular. Si esas representaciones son disociadoras y nos alejan de nuestra paz, eso significa que el ego ha tomado el mando y que la personalidad en evolución que vinimos a asumir ha sido desplazada -nos desempeñamos entonces en los dramas de las imágenes y de las máscaras sociales y nos distanciamos de nuestro ser real.

 Esto de la suplantación que el ego hace  de la personalidad que nos compete desplegar, es parecido a permitir que el mayordomo decida por el amo, o que lo haga el copiloto por el piloto, o que el huésped de la  casa acalle al dueño. Significa que el ego que se manifiesta desde los primeros meses de vida impere sobre la mente del personaje que ha nacido para evolucionar su destino -los caprichos y las pretensiones del ego le impedirán al ego y a la mente que lo acoge  madurar y congraciarse cooperadoramente con otros y  llevaran a los dos al desastre y a la separación.

 Los problemas surgidos de la mente, precipitados por un ego desbordado deben ser resueltos en la mente. Cada planta debe crecer, verdecer, florecer -y dar sus frutos si posee esa utilidad-, y la mente y el ego deben cumplir esos procesos también.

 El ego, ese huésped que la mente aloja desde la niñez de ambos, debe contribuir a la armonía de su anfitrión y no a causarle desajustes ni tristeza.

 El egocentrismo es una tiranía y los tiranos son depredadores, no amigos y dispensadores de bienestar. Los tiranos tienen mentes de titiriteros, obsesionados en manejar a los demás como súbditos de sus tramas.

 

Hugo Betancur (Colombia)

____________________________________________________________

SUICIDIO. La palabra Suicidio proviene de dos términos del latín: suicidium,  formado de Sui (de sí, a sí) y Cidium (acto de matar, del verbo caedere = cortar y matar), 1*.Diccionario de la lengua española.

SUICIDARSE. Quitarse voluntariamente la vida. Sinónimo: inmolarse. 2**

         _____________________________________________________________________


      Otras  ideas  de  vida  en:         

http://ideas-de-vida.blogspot.com/ 

 

http://pazenlasmentes.blogspot.com/

 

http://es.scribd.com/hugo_betancur_2

http://es.scribd.com/hugo_betancur_3

 

                 Este blog:                    

  

http://hugobetancur.blogspot.com


domingo, 8 de febrero de 2026

Como liberamos nuestros conflictos

                                                                  Colibrí metálico. Nantes. Foto de Diana Valderrama

TRANSIGIR, CONCILIAR, ATRAVESAR.


Hugo Betancur

 

Todo lo que sucede o lo que presenciamos causa una impresión en nuestras mentes.

Somos afectados por los hechos y somos afectados por nuestra interpretación de los hechos. Muchos eventos suceden como esperamos o ansiamos que ocurran; otros tantos eventos no se ajustan a nuestros deseos y expectativas.

Transigir es una acción de la mente y significa movimiento a través de una situación, dejando ir y aceptando algo que pasó –algo que ya no está y solo la mente que lo ha mantenido estancado puede liberarlo.

Lo contrario es la intransigencia, la resistencia a dejar ir y a resolver. La mente intransigente padece su propio martirio y sufrimiento por causa de sus juicios que la agobian y la dejan pasmada: persiste en su pugna contra la realidad y languidece en su inercia. Esa mente apesadumbrada elabora una herida psicológica para sí que mantiene viva si ella misma no dispone su curación -tal como nuestros organismos realizan procesos de cicatrización paulatina y cierre de las heridas que ocasionalmente nos han afectado.

Imaginemos que estamos afuera, en un ancho espacio de nuestro mundo, y que se desata una espesa tormenta con estruendosos truenos y rayos. Nos damos cuenta que es demasiado riesgoso permanecer allí y corremos a un refugio que nos proteja de la inclemencia de la naturaleza.

Propongo una metáfora para nuestros estados mentales de crisis: cuando entramos en conflicto en las relaciones con otros, reunirnos con ellos en ese intervalo de tiempo en que ruge la tormenta, es algo parecido a confrontarnos como adversarios afuera, en el espacio común. Como contendientes, no tenemos una actitud de resolución en ese momento en que sobran las acusaciones, las atribuciones de culpas y los reclamos -y a veces también los lamentos. Si nos replegamos prudentemente al interior de nuestras mentes, podemos observar ese caos transitorio de nuestras emociones y juicios motivados en nuestras acciones y las de los demás. Mientras hacemos esa auto observación paciente y atenta, permitimos que lo sucedido fluya y aplacamos progresivamente nuestros ímpetus: nuestras reflexiones alejan nuestra ofuscación.

No nos es posible aplicar en nuestras relaciones la mentalidad militarista que impone, controla y somete según el poder disponible, porque la esencia de las interacciones afectivas es la libertad y no el dominio sobre otros.

Estas mentes intransigentes deben  agotar sus fuerzas y su frustración para lograr activar una restauración de su equilibrio y su calma una vez que se dan cuenta de la esterilidad o destructividad de su conflicto.

 

Hugo Betancur (Colombia) 

____________________________________________________________

[La palabra transigir ha sido definida gramaticalmente como un verbo transitivo. La palabra transigir proviene del latín transigĕre, que significa "hacer pasar a través", "llevar a buen fin", "concluir un asunto" o "permitir que algo se lleve hasta el final"].

[La palabra conciliar proviene del latín conciliare, que significa componer, ajustar ánimos opuestos o reunir, derivado a su vez de concilium ("asamblea", "convocatoria conjunta")].

Atravesar es un verbo irregular (se conjuga como acertar) que significa pasar de un lado a otro, cruzar un espacio, penetrar un cuerpo, o experimentar una situación, generalmente difícil. Puede usarse de forma intransitiva ("atravesar por una crisis") o transitiva ("atravesar la calle").

https://etimologias.dechile.net/

______________________________________________________________ 

     Otras reflexiones en:     

http://ideas-de-vida.blogspot.com/

http://pazenlasmentes.blogspot.com/

http://es.scribd.com/hugo_betancur_3

 

              Este Blog:           

http://hugobetancur.blogspot.com/


Necesitados de otros: parejas disparejas.

                                                  Sculpture Seated Youth. Wilhelm Lehmbruck at Stadel Museum in Frankfurt, Germany.

NECESITADOS

 

Hugo Betancur

 

No nos es posible manifestar amor hacia otros desde una mentalidad de “necesitados” o de “buscadores” de amor. Con esas expectativas tal vez logremos relacionarnos con seres humanos que tengan una fijación parecida -y ese nexo conformado tendrá características de intercambio, o de provisión mutua, o de parasitismo, condicionadas a la satisfacción o al cumplimiento de los requisitos comunes -o de los requisitos de uno de los dos a expensas del sacrificio y la servidumbre del otro. (Tal vez los aparejados puedan establecer un "compromiso" de abastecimiento psicológico y material unilateral o reciproco que solvente el estado de necesidad establecido -y los compromisos tienen unas condiciones que deben ser cumplidas por quienes los asumen)

Expresamos el amor si lo hemos descubierto en nosotros, y solo desde una condición de integridad -sentirnos completos.

Cuando nos atenemos a la creencia de buscar o ansiar encontrar una pareja que nos complemente, que nos aporte lo que nos falta, nos plantamos en una posición de desposeídos o de incompletos y solo podremos obtener nuestros proveedores o dispensadores de aquello de lo que carecemos -cuidados y acompañamiento, asistencia o funcionalidad sexual, asistencia económica, improvisación de relaciones con decorado romántico  -y talvez esos abastecedores sean muy inestables e insuficientes.

[Retomo la imagen de las piezas troqueladas en cartón de un puzle, que debemos colocar en una posición predeterminada por los fabricantes, encajando los extremos salientes en las bahías o entrantes correspondientes hasta armar el conjunto completo que nos muestre las imágenes impresas -paisajes, ambientes, animales, personajes…-: todas las partes litografiadas son complementarias. En la sociedad humana, las partes suman y aportan sus acciones y cualidades, más como una integración que como una complementación al conjunto.]

Quien traza los objetivos de ser atendido o aprovisionado asume un papel de insolvente y debe persuadir a otros para que  sacien sus intereses, sus ambiciones, y sus carencias.

En las relaciones instituidas con el requerimiento de la resolución de necesidades no está presente el libre albedrío.

Estas relaciones artificiosas donde una parte tiene más y la otra tiene menos son dispares -y quizá obliguen a quien espera ser completado a encubrir sus objetivos utilizando  narrativas afectuosas y compensaciones forzosas desprovistas de sinceridad.

Las relaciones amorosas no son negociaciones de ganancia y retribuciones agradecidas sino proyecciones de bienestar y bondad.

Podemos definir el amor con los tres sustantivos que le son propios: servicio, comprensión y compasión.

Sin embargo, cada uno de nosotros tenemos limitaciones que nos restringen a comportamientos y actitudes disociadoras que nuestras mentes no logran vencer. En muchas ocasiones relegamos las soluciones y acrecentamos nuestras crisis.

Es probable que el amor sea solo una gracia; sin embargo, es la gracia plena que cada uno puede alcanzar y que confiere a su vida y a las de quienes le rodean la más prodigiosa realización en su destino.

Nuestra insatisfacción, nuestras infelicidad y nuestra incertidumbre pueden incentivar nuestros aprendizajes y nuestros propósitos de cambio -cada uno de nosotros puede trascenderlos  cuando nos hacemos conscientes de los procesos  de la vida y  de la potestad de reconfigurar nuestras creencias ejerciendo nuestro libre albedrío.

 

Hugo Betancur (Colombia)

_________________________________________________________________

     Otras reflexiones en:     

http://ideas-de-vida.blogspot.com/

http://pazenlasmentes.blogspot.com/

http://es.scribd.com/hugo_betancur_3

 

              Este Blog:           

http://hugobetancur.blogspot.com/